Construyendo el concepto de Competencias


El concepto de competencias ha cobrado una importancia temática en la actualidad similar a un hashtag de twitter (nótese la metarreferencialidad). Lo cierto es que dicho concepto tiene tantas definiciones, analogías, sinónimos y denotaciones semánticas tan variadas como los contextos donde se maneja, hablando en términos de entornos culturales. Asimismo, el concepto de competencias tiene diversas propuestas de traducción y analogización desde y para otras lenguas, por ejemplo el inglés, donde una competencia de aprendizaje puede ser referida como skill hasta attributes.

En la misma lógica, recuerdo que en una de las tantas sesiones de los Talleres Generales de Actualización para Educación Básica, específicamente nivel secundaria, cuando se trataba el tema de las competencias, el ponente trataba obstinadamente de desprender el concepto de competencias de los conceptos competitividad e incompetencia: “No se trata de educar para que los alumnos compitan entre sí, sino que usen sus competencias…, pero tampoco se trata de que sean incompetentes, porque la educación no es una competencias de ver quién es el mejor”, decía. A continuación presento un esquema que trata de ejemplificar de manera gráfica lo anterior:


 En el anterior esquema ya se plantea una definición de competencias a partir de su relación con los resultados del aprendizaje. De acuerdo a lo anterior, y sin dejar de lado dicha relación de la cual hablaremos posteriormente, podemos definir competencias como: “una combinación dinámica de atributos –con respecto al conocimiento y su aplicación, a las actitudes y a las responsabilidades– que describen los resultados del aprendizaje de un determinado programa, o cómo los estudiantes serán capaces de desenvolverse al finalizar el proceso educativo” (Barnes, 2008).

Aunado al concepto de competencias, el término de conocimientos ha sido abordado en la más ortodoxa de sus definiciones. Al respecto, Phillipe Perrenoud, define los conocimientos como “representaciones de la realidad, que hemos construido y recopilado de acuerdo a nuestra experiencia y a nuestra formación” (Perrenoud, 2010). En casi todas las acciones que llevamos a cabo en nuestra vida académica, los conocimientos teóricos, tanto simples como complejos, son organizados en una serie de redes semánticas que cumplen con las siguientes funciones:

  1. Analizar un texto y reconstruir, mediante un proceso de metacognición, las intenciones (o una eventual ausencia de estas) del autor.
  2. Traducir de una lengua a otra.
  3. Crear argumentos con el fin de convencer y persuadir a otra persona que tiene una opinión distinta.
  4. Crear mediante procedimientos metodológicos hipótesis y verificarla o, dado el caso, refutarla.
  5. Detectar fallas en el razonamiento de un interlocutor en un ambiente de aprendizaje determinado.
  6. Negociar, planear, proyectar y conducir un proyecto de manera colectiva.

Gracias a lo anterior podemos deducir que las competencias no son conocimientos en sí, in situ: las competencias integran, movilizan y potencializan a los conocimientos[1]. Competencias y conocimientos deben de ser tratados en el mismo nivel pedagógico, didáctico y cognitivo. Una visión prudente ante el uso frecuentemente indiscriminado e irracional del concepto competencias nos lleva a interpretar dicho recurso como la panacea de la educación en México. Es importante, por tanto, tener claro niveles de conocimiento donde las competencias y los conocimientos en sí son elementos complementarios:

Desde un punto de vista sociolingüístico nos podemos percatar que el término competencias se está volviendo un cuasi lugar común, poco menos que un clisé. ¿Por qué se pusieron de moda las competencias? Sin duda, de manera global, porque las amenazas de desorden y desorganización son más intensas en las épocas de cambio y crisis, (Perrenoud, 2010). El contexto donde surge es el mundo laboral, ya que fue este sector el primero que se apoderó del término, de acuerdo al nuevo contexto socioeconómico en las postrimerías del siglo XX:

1. Cambio de valores  e indicadores socioeconómicos en la economía de mercado.

2. Gestión de recursos humanos en el mundo laboral.

3. Una búsqueda frenética por la calidad total.

4. Una ferviente valorización de la excelencia.

5. Exigencia de una mayor movilidad de los empleados.

6. Una organización laboral más pragmática.

Sin embargo, la instauración de un modelo académico basado en competencias no debe de prescindir de la adquisición de conocimientos desde una perspectiva clásica, en aras de la construcción de una pedagogía del pragmatismo total. Las competencias y la movilidad de los conocimientos determinan logros educativos en contexto, que se traducen en resultado transformantes de nuestro entorno con base en la práctica, pero no determinada por esta. Los modelos pedagógicos contemporáneos y los planes y programas de estudio adscritos a dichos modelos demandan constructos pedagógicos y didácticos integrales, donde predominen los modelos de conocimientos y la acción de la práctica en la búsqueda de resultados de calidad, en un entorno permanente de normatividad ética y moral. Es así como el MCC y su modelo de aprendizaje por competencias debe acudir a la integración dinámica y crítica de conocimientos, competencias, resultados en un escenario democrático, coadyuvando a la vinculación de representaciones simbólicas con experiencias. Esa es nuestra demanda y nuestra competencia: lograr la complementariedad e integración adecuada de procesos de aprendizaje para la vida de nuestros estudiantes, ante las exigencias actuales que impone nuestra realidad.

Bibliografía.

Barnes, J. C. (2008). Competencias y resultados del aprendizaje: delimitación conceptual. En J. C. Perrenoud, & U. d. Barcelona (Ed.), El debate sobre las competencias en la enseñanza universitaria (Vol. 05, pág. 9). Barcelona, España: Ediciones Octaedro.

Díaz, C. M. (2006). Glosario de téminos vinculados con la cooperación académica. México: ANUIES.

Horst Shaub, K. G. (2001). Diccionario Akal de Pedagogía (Vol. Volumen 30 de Diccionarios Akal). Madrid, España: Ediciones Akal.

Perrenoud, P. (2010). Construir competencias desde la escuela. México: J. C. Sáez.


[1] “Una competencia nunca es el puro y simple empleo racional de conocimientos, de modelos de acción, de procedimientos. Formar a través de competencias nos lleva a dar la espalda a la asimilación de conocimientos. Sin embargo, la apropiación de varios conocimientos no permite su movilización ipso facto en situaciones de acción”. (Perrenoud, 2010)

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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