José Luis Domínguez, la sublimación del artista.

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“En mi generación, ser músico era más de actitud, pero ahora hay que sumar conocimiento y lo que se es como persona”, José Luis Domínguez.

En una entrevista que el periodista Adán Tamariz hizo al guitarrista Alejandro Marcovich, publicada ayer domingo 13 de marzo en la sección “Gente” del periódico Reforma, me llamó la atención la respuesta del exguitarrista de Caifanes a la pregunta ¿Volverías algún día con Caifanes?: “No sé, me gustaría seguir haciendo lo que me gusta, entonces, ahí dejémoslo, en punto suspensivos”.

Más adelante, en la misma entrevista, afirma que con su actual proyecto “puedo hacer algo que he desarrollado desde hace muchísimos años y que no lo podía hacer con mis talentosos compañeros en mi exgrupo, que es la improvisación en el escenario”.

Luego, cierra la entrevista con “Yo nunca espero nada, las cosas las hago porque me gusta hacerlas y para complacerme a mí; cuando hago una canción o grabo un solo es asunto arreglado. Me tiene sin cuidado, como artista e inclusive como persona…, lo que piensen de mí puede estar equivocado”.

El mismo día, separado de egocentrismo de Marcovich, sin poses, reflectores, y sí con mucha humildad y talento, poco a poco se difundía la noticia de la muerte del guitarrista José Luis Domínguez.

Pieza clave para Arpía y Nine Rain, además de ser músico de sesión de Cecilia Toussaint y el imprescindible Jaime López, Domínguez destacó además en la labor de docencia: fundó la escuela Desarrollo Integral Musical (DIM), que ha formado un sinnúmero de cuadros de las nuevas generaciones, sobre todo las encaminadas al rock, jazz y sonidos circundantes.

El Gordo, como sus amigos le decían de cariño, en 2012 comentó para La Jornada (uno de los poquísimos medios que dieron voz al músico): “No tengo miedo y enfrento mi realidad. Si mañana me tocara morir estaría conforme, porque he sido un ser humano muy afortunado. No tengo ninguna religión, pero sé que tengo aún varias cosas por hacer”.

Domínguez era un excelente intérprete, pero mejor ser humano. Generoso, abrió su escuela a principios de 2000. El objetivo esencial de DIM, afirmaba, es no dar a los alumnos fórmulas ni formatos para hacerlos estrellas; no tiene que ser una fábrica de astros, sino de músicos.

Abundaba: “En México, de la mayoría de escuelas de música salen jóvenes que tan sólo hallan trabajo en el hueso (formando parte de un grupo, por ejemplo) o tocando cóvers, pero a la larga eso los frustra”.

Domínguez tocaba desde hace décadas en Arpía, grupo de Cecilia Toussaint, y desde hace algunos años en Nine Rain. En mi generación ser músico era más de actitud, pero ahora hay que sumar conocimiento y lo que sé es como persona.

Negaba que tener formación académica quite el filin, lo emotivo, al tocar. “El filin sin conocimiento no funciona. Hay que prepararse y tener disciplina. En general, el medio es mediocre porque los músicos sólo sobreviven. Tienen que tocar diario para ganar 500 pesos por show, pero uno va dejando la juventud. Creces y no tienes en qué caer muerto. Yo toqué cóvers, pero salí, y los que siguen haciéndolo ganan una miseria”.

Gracias, José Luis Domínguez.

Referencias:

Redacción (2016). “Murió el guitarrista José Luis Domínguez, parte esencial del sonido de Arpía y Nine Raín”, en La Jornada, sección Espectáculos, lunes 14 de marzo del 2016. Página a13. Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2016/03/14/espectaculos/a13n1esp

 

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades