Bob Dylan

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 630, del Diario de Querétaro del 16 de octubre del 2016.

En Querétaro, en 1985, durante todas las mañanas predominaba el ruido blanco de la televisión en el Canal 5. Ya hacia las 14.00 hrs. se establecía la transmisión con la barra da caricaturas, primero con El Buzón de Rogelio Moreno y luego con El Tío Gamboín y su infinita colección de juguetes. Pero antes de iniciar la transmisión la televisión ponía (¡) videos musicales: “Everybody wants to rule the world” de Tears for Fears, el que recuerdo a la perfección. Y así procedió en los siguientes años: “A kind of magic” de Queen en 1986; “Learning to fly” de Pink Floyd en 1987. Dentro de mi desasosegada imaginación me figuraba que alguien ponía los videos para que a los técnicos de la televisión les diera tiempo para conectar los cables de la antena que les permitía transmitir el XHGC.

En algún día de 1985 hubo una excepción. En lugar de poner a Tears for Fears pusieron “We are the world” una pegajosa y emotiva melodía compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, producida y dirigida por Quincy Jones, e interpretada por un grupo de 45 músicos que en ese tiempo estaban en la cima de la fama, denominado USA for Africa. En la canción había intervenciones de solistas. Lionel Richie iniciaba, seguían el talentosísimo Stevie Wonder, el siempre maravilloso Paul Simon, el imponente Kenny Rogers, el jazzista James Ingram, la espectacular Tina Turner, el ferviente Billy Joel, la superestrella Michael Jackson, la fastuosa Diana Ross, la estupenda Dionne Warwick, el ser quasi inmortal Willie Nelson, el virtuosismo de Al Jarreu, el jefe y consentido Bruce Springsteen, el entonces famoso Kenny Loggins, el recién solista Steve Perry, Daryl Hall (de Hall & Oates), el hilarante Huey Lewis, la intensa Cyndi Lauper, la sublime belleza Kim Carnes y el entrañable Ray Charles. Pero hubo uno que llamó poderosamente mi atención porque irradiaba un halo de sencilla majestuosidad, que en su interpretación ­–un puente hacia la última sección de estribillos– lucía una virtuosa sencillez legítima: Bob Dylan.

Cuando escribo esto es jueves. Estamos despiertos desde las 5.00 hrs. al anuncio del Instituto Karolinska antes de las 6:00 hrs. en horario de la Ciudad de México, Sara Danius, con una elocuente y coqueta sonrisa, anunció que Bob Dylan se había hecho acreedor al premio Nobel de Literatura 2016. En nuestro Libro de Cabecera de la semana pasada advertimos esto como posibilidad; personalmente llevo más de 10 años esperando a que esto ocurriera. Es jueves y es un gran día porque de infinitas maneras Dylan ha sido parte de nuestras vidas.

Y no es de extrañar. No son pocas las voces que consideran (consideramos) que Robert Allen Zimmerman (en hebreo, שבתאי זיסל בן אברהם , Shabtai Zisl ben Avraham) es el mayor poeta de habla inglesa de la literatura del siglo XX. Y algunas evidencias lo confirman:

  • Distinción honorífica Orden de las Artes y las Letras, otorgada por el Ministro de Cultura de Francia, en 1990,
  • Premio de Música Polar, otorgado por la Real Academia Sueca de Música, en el 2000, por sus logros excepcionales en la creación y el avance de la música. Este premio es popularmente conocido como el Nobel de la Música. También han sido premiados Paul McCartney, Elton John, Bruce Springsteen, Pink Floyd, Led Zepellin, Patti Smith. Cecilia Bartoli lo obtuvo en el 2016.
  • Premio Príncipe de Asturias, por su aportación relevante al patrimonio cultural de la humanidad, en el 2007.
  • Premio Pulitzer, en citación especial, por el impacto de su trabajo en la música popular estadounidense.
  • Medalla Presidencial de la Libertad en 2002, junto a Toni Morrison y otras 11 personas más por “el impacto increíble que han tenido en tanta gente, no a corto plazo, sino de manera constante, a lo largo de toda su vida”.
  • Premio Nobel de Literatura 2016, por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción americana.

Por cierto, después de 1993 a ningún otro estadounidense se le había entregado el Nobel de Literatura. La última había sido Toni Morrison.

A sus 75 años, Dylan ha ganado además 12 premios Grammy, un Golden Globe y un Oscar, estos dos últimos por la canción “Things have changed” de la película Wonder Boys (2000, conocida en Latinoamérica como Loco Fin de Semana), con lo que sienta un antecedente histórico. Antes que él, George Bernard Shaw, premio Nobel de Literatura en 1925, obtuvo el Oscar a mejor guión adaptado por la película Pigmalión en 1938.

Es miembro del Salón de la Fama del Grammy desde 1973. En 1988 fue ingresado al Salón de la Fama del Rock. Así mismo, cinco de sus canciones fueron incorporadas a la lista de 500 canciones fundamentales del Rock N’ Roll: Blowin’ in the wind (1963), The Times They Are A-Changin (1963), Like a Rolling Stone (1965), Subterranean Homesick Blues (1965) y Tangled Up In Blue (1975).

Like a Rolling Stone es la mejor canción que he escrito” dijo Bob Dylan en 1965. En el 2004, en una edición especial la revista Rolling Stone (por supuesto, en su edición americana) la declaró la mejor canción de todos los tiempos.

Joyce Carol Oates escribió en su Twitter: “Sobre el Nobel a Dylan: inspirada y original elección. Su inquietante música y sus letras siempre me han parecido, en el sentido más profundo, literarias”.

Hoy como en 1965 es poco probable que los aficionados a la poesía o los poetas académicos y literarios miren con buenos ojos al cantante estadounidense de folk, de 23 años de edad en 1965, de 75 en 2016. Hoy como en el 65 una grey hipócrita, conservadora, atenida, ignorante y sospechosamente purista se arde por el premio a Dylan. Almas que se autoasumen como libres, personajes de la izquierda fofa y mezquina, que primero reniegan de los galardones para enseguida compartir con la rabia de las redes sociales su indignación por el otorgamiento a Dylan. Críticos literarios del feis, lectores tipo Splenda, emergentes especialistas de la literatura mundial indignados a la sazón de su ignorancia porque Bob Dylan es un cantante y compositor, que canta feo y que mejor se lo hubieran dado a Juan Gabriel. Tan lejanos de la Tarántula y de las Letras, son víctimas de su Viento Idiota.

Hoy, al lado William Faulkner, John Steinbeck, Ernst Hemingway y Tony Morrison se instala el de Bob Dylan.

Hoy es jueves 13 de octubre. Al momento de terminar de escribir estas líneas, Dylan estará comenzando un concierto en Las Vegas. Su amigo y compañero de viaje en el Desert Trip, Paul McCartney, también estará ofreciendo un concierto en Pappy & Harriet, un bar con capacidad para 300 personas en Pioneertown, cerca del parque nacional Árbol de Joshua. La taquilla abrió a las 18:30. Los boletos cuestan $ 50. El corresponsal de The Guardian me dice que quizás esto es lo más grande que sucede en Pioneertown desde que Roy Rogers lanzó la primera copa en la bolera.

Este jueves, el día en que mis dos grandes pasiones encontraron un punto de convergencia llamado Bob Dylan, es el día más hermoso de la Historia. Al menos para mí. How does it feel?

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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