¿Cómo aprendimos a escribir? Primera parte.

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 662, del Diario de Querétaro del 11 de junio del 2017.

No son pocas las ocasiones en las que me he cruzado con personas, conocidas o desconocidas, que sucumben fácilmente ante el reto que representa escribir un texto. Ya sea una carta de motivos para ingresar a alguna carrera universitaria, una carta de recomendación laboral o profesional, un ensayo académico, un recado para algún familiar, una carta de amor para esa persona especial… ¡O hasta para expresar un sentimiento o un determinado estado de ánimo en una actualización en redes sociales!

Entre muchos otros desafíos que nos representa la hoja en blanco, Daniel Cassany[i] (Barcelona, 1961) ha indagado en torno a cuatro enfoques didácticos para la enseñanza de la expresión escrita. Sin considerar las desigualdades contemporáneas y heredadas de complejo sistema educativo, estos enfoques hacen referencia a procesos cognitivos de orden superior para el desarrollo de la expresión escrita.

Enfoque basado en la gramática.

Este enfoque se basa en la antiquísima tradición de la investigación gramatical desde los griegos hasta los romanos. Se presenta en dos grandes modelos: el modelo oracional, que se basa en los estudios de gramática tradicional; y el modelo textual o discursivo, que se fundamenta en la lingüística del texto, también conocida como gramática del discurso.

En pocas palabras, de acuerdo a este enfoque, para aprender a escribir se tiene que dominar la gramática de la lengua. De allí que la lengua se presente de manera prescriptiva como un ente homogéneo.

El estudiante aprende a partir de las indicaciones del profesor, dirigidas todas al dominio de las estructuras sintácticas, el correcto funcionamiento de la morfología, el perfeccionamiento de la ortografía y la adquisición del léxico, desde un enfoque formal y neutro. De este modo, el estudiante desarrolla un criterio maniqueo, donde lo más importante es distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. La enseñanza entonces se centrará exclusivamente en la manera en la que se construyen las oraciones, la concordancia entre cada uno de los elementos que configuran la oración y la ortografía. El currículum se desarrolla en función a los contenidos, dejando de lado a los conceptos transversales, dando pertinencia a las explicaciones del docente, prácticas y ejercicios mecánicos, y las correcciones del profesor.

Algunos ejercicios típicos de este enfoque son el dictado en su forma tradicional (el profesor dicta y los alumnos apuntan), la redacción de temas variados, ejercicios de respuesta única (rellenar vacíos, poner acentos, conjugar verbos…), transformación de frases (relativos, voz activa y pasiva…), entre otros.

Enfoque Basado en las funciones.

Este enfoque nace en el contexto de la enseñanza de una segunda lengua, generalmente el inglés, y en el seno de la metodología comunicativa, por lo que su fundamento teórico es de tipo nocional y funcional (compárese la propuesta de John L. Austin, por ejemplo).

En este enfoque la lengua es una herramienta comunicativa en donde se propician acciones concretas conocidas como actos del habla: es un tipo de acción que involucra el uso de la lengua natural y está sujeto a cierto número de reglas convencionales generales y/o principios pragmáticos de pertinencia.

Es decir, la lengua no es una estructura cerrada de conocimientos, sino una herramienta comunicativa que nos sirve para vivir: pedir un café, leer el periódico, expresar nuestros sentimientos… El objetivo de este enfoque es aprender a realizar una función determinada mediante la lengua que se habla, en donde el estudiante escucha, lee, habla y practica. De manera subconsciente, el estudiante se apropia del léxico y de las estructuras gramaticales. Lo más importante de este enfoque es la comunicación y el uso de la lengua.

En este enfoque se privilegia una visión descriptiva de la lengua, en clara oposición a la visión prescriptiva del enfoque basado en la gramática. La lengua se enseña tal y como la hablan los hablantes y no como estructuralmente debería de hablarse. Más que incluir una visión correctiva (correcto/incorrecto) el docente propicia una reflexión en torno a lo adecuado o inadecuado de un determinado acto de habla. Asimismo, en este enfoque se echa mano de varios modelos lingüísticos que varían entre dialectos y registros de la lengua, a partir de modalidades dialectales, de formalidad y de especificidad. También se acude a las variaciones sociolingüísticas.

En contraste con el enfoque anterior, en éste se promueve el uso de materiales reales, verosímiles como mínimo, propiciando que lo que se enseña en la clase es lo que el estudiante realmente utiliza en su vida cotidiana. De allí que en este enfoque se le de atención especial a las necesidades comunicativas de cada alumno.

En este enfoque se suelen utilizar varias tipologías de textos:

  1. Basadas en los ámbitos de uso: de orden personal, familiar, de amistades, del ámbito laboral, académico, social…
  2. Basadas en la función: para entablar una conversación hacer una descripción, escribir una narración, dar o seguir una instrucción, redactar una predicción o pronóstico, diseñar una exposición, aportar una argumentación, acudir a la retórica mediante la poesía o la escritura de canciones…

Algunos ejercicios de este enfoque pueden ser, por ejemplo, la edición, la manipulación y la transformación de textos: cambiar el punto de vista, completar un fragmento inacabado, restituir un párrafo perdido, cohesionar frases inconexas y desordenadas de un texto, cambiar el registro, etc.

Respecto a la corrección, se rige por parámetros estrictamente comunicativos. El profesor corrige básicamente los errores que dificultan la comprensión y que podrían enturbiar el significado del texto. Teóricamente, los errores gramaticales que no tengan valor comunicativo no se corrigen, pero en la práctica se impone el criterio de corregir

aquellos errores importantes y reiterativos de la estructura, tengan o no implicaciones en la comunicación.

[i] Daniel Cassany, Lenguaje y educación, 6: 63-80. Madrid: 1990. ISSN: 0214-7033.

 

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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