Sobre Juan Caballero y el ocioso Osio. #EdipoGramatical

En el marco de las celebraciones del Día de Muertos, en el centro histórico de Querétaro se erigió un altar en honor a Don Juan Caballero y Osio, benefactor de la ciudad. El nombre del homenajeado no pasó desapercibido para los paseantes: la placa del nombre ponía Ocio en lugar de Osio.

Todo pudo haber quedado como una lamentable errata. Afortunadamente no fue así. Lo considero afortunado porque se presentaba la oportunidad para un debate no solamente nutrido desde los argumentos institucionales encargados de la cultura y el turismo estatal, sino para establecer el diálogo en torno a un asunto de interés intelectual. Vale la pena.

El periódico local Plaza de Armas lanzó el desafío arguyendo a favor de “Osio”. El gobierno estatal respondió con un boletín de prensa apelando al “Ocio” (la ironía es gratuita). Las fuentes del periódico las puedes consultar aquí.

A continuación, te presento el boletín. Quien lo haya escrito lo hizo con las patas:

Captura de pantalla 2015-11-05 a las 8.50.30 a.m.

  1. Incompetencia: cualquiera que haya redactado boletín no tiene el menor cuidado sintáctico y semántico del (de él) mismo.
  2. Solecismo: “Como cada año, la Secretaría de Turismo del Estado, coloca una ofrenda de muertos en Plaza de Armas…”. ¿La coloca pero no la colocó?
  3. Pobreza léxica: “Con el objetivo de promover esta bella tradición…”, “…generar un atractivo turístico…”. ¿Cual tradición?, ¿es bella?, ¿qué significa generar un atractivo turístico?
  4. Impropiedad: “En este 2015, se dedicó el altar de muertos…”, ¿cuál altar?, ¿pues no se hablaba al principio de ofrenda?, no toda ofrenda es necesariamente un altar.
  5. Cacofonía y pobreza léxica: “…surgieron en redes sociales y el algunos medios de comunicación, algunos comentarios, creando cierta polémica…” Tan abominable como impersonal, ¿los comentarios surgieron creando cierta polémica o crearon polémica porque surgieron?
  6. Modismos y lugares comunes: “Cabe mencionar…”, pues por supuesto que cabe, hasta donde va el boletín no se ha mencionado nada, ¿qué significa “cabe mencionar”?
  7. Impropiedad e idiotismo: “…la Secretaría de Turismo, realizó una investigación histórica y documental…”. Sin palabras.
  8. Pobreza léxica y anfibología: “…misma que fue apoyada…”, ¿quién fue apoyada, la secretaría o la investigación? “…y supervisada por catedráticos e historiadores, tales como el Maestro en Historia, Edgardo Moreno”. ¿Por qué razón se hace referencia a catedráticos e historiadores cuando al final solamente se menciona a un maestro en Historia?
  9. Pleonasmo: “…citamos a continuación la explicación literal…”.
  10. Impropiedad: “…que nos proporcionó el Maestro…”, ¿por qué se escribe maestro con mayúscula?. “respecto al nombre de nuestro homenajeado”, ¿cuál homenajeado?
  11. Ridículo y lo que resulte: el boletín está firmado por Edgardo Moreno.
  12. En el uso de las comas (una perversa elucubración contra los pobres enunciados del vilipendiado boletín) la Secretaría de Turismo del Estado (¿cuál estado?) lleva su lerda penitencia.

#EdipoGramatical De cuando una coma puede cambiar el sentido de una oración.

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Lo sé, hay ejemplos más significativos y con mayor gracia. No es lo mismo decir “Yo quiero ser mamá” que “Yo quiero ser, mamá”. Pero es tan lamentable como preocupante la obstinada negligencia y pertinaz ignorancia en el uso del vocativo.

“¡Adiós Jacobo!” en lugar de “¡Adiós, Jacobo!” es el #EdipoGramatical de esta ocasión. El uso del vocativo es muy similar al nominativo. No obstante, uso de la coma para separar el nominativo es indispensable porque hace referencia al oyente:

  1. “Yo quiero ser mamá” es una oración copulativa que alude al hablante sin hacer referencia al oyente.
  2. “Yo quiero ser, mamá” en una oración igualmente copulativa que sí hace referencia al oyente, en este caso “mamá”.

Muchas gracias, estimado lector. Adiós, Jacobo.

Retrato de familia, una reseña de “Las correcciones” de Jonathan Franzen.

Correcciones

El lector tiene ante sí un retrato de familia de corte trágico más que cómico. Los miembros de la familia Lambert encuentran un eje existencial tan frágil como su propia moral que, a pesar de todo, los conecta con el mundo occidental de principios de la década de los 2000. Alfred Lambert, el padre, un ingeniero retirado que sucumbe paulatina pero amargamente a una mezcla perversa entre locura y Parkinson. Enid Lambert, la madre, una ama de casa con una adicción tan sutil como su frustración, con una obsesión tierna y lacerante por reunir a toda la familia en navidad. Denise Lambert, la hija, atrapada entre una afectación psicosexual y un rampante juego de identidad heredada de la disfunción familiar y que, sin embargo, se convertirá en una exitosa chef. Gary Lambert, universitario y profesionista exitoso atrapado en la chantajeante cotidianidad de un matrimonio compulsivo, enajenante y agotador, que lo orilla a la más amarga de las soledades. Y Chip Lambert, un falso talento para las letras pero con una virtud casi natural para atraer conflictos.
El texto nos presenta una especie de predestinación occidental, una revelación de la ética contemporánea donde, a fuerza de correcciones, el estilo de crianza se traduce en la forma que cada uno elije para comenzar a morir. El patetismo de las situaciones (que por momentos rozan delicadamente con el más raquítico de los ridículos) es una especie de proyección psicoanalítica diseñada a modo de retrato generacional, un corte transversal de la clase media postmoderna desde un enfoque crítico doméstico.
El resultado: un catalizador genérico, un testimonio ficcional que deviene en una ficción condenada a convertirse en la más pesimista -que no menos realista- de las realidades.