Reflexiones acerca de una elección (coloque aquí el tipo de proceso) _____________________ cualquiera, ilustradas con 5 canciones.

1. Homo homini lupus. Una elección ______________, en todos sus niveles, es el crisol de los horrores más inusitados de los seres humanos. Un vertedero de los complejos rancios que distinguen a los seducidos de poder, a los esbirros del sistema nepotista y corrupto del sistema en turno. Antes iban de profetas, ahora el éxito es su meta, mercaderes, traficantes, más que rabia dan tristeza…

2. We live in a political world. La elección está dirigida al bienestar de los portadores del poder en turno; los electores son un mal necesario. Ni la lealtad, ni el beneficio al elector, ni la fraternidad, ni el amor tienen lugar en el proceso político. La vida está en la administración de las percepciones y de las mentiras de los candidatos ulteriormente elegidos. Más que valentía, impera la más vergonzante de las cobardías, aquella capaz de todo por dinero. Es precisamente esa cobardía la que al final sale triunfante en medio de un tufo corrupto, demagógico, estridente y estúpidamente silencioso.

https://vimeo.com/79138737

3. En este sistema lo importante no son los talentos sino los contactos. Los elegidos son pequeñas ratas de ciudad que promueven no una revolución al sistema, sino una perpetuación de su zona de confort. El elector es un asalariado en plena movilidad de clase, así tenga que ser semidiós, farsante o bufón. En su panorama no existe el consenso, solamente sus cuates. El triunfo de la Revolución es, pues, una institucionalización demagógica, del espionaje y de la persecución, una ley fuga trasladada a la difamación cobarde en la arena de las redes sociales. La elección por el otro es una herejía, un crimen de alta traición, el pretexto para la conflagración y la crucifixión.

4. El traje nuevo del pequeño emperador. Nuestro sistema democrático presume una discapacidad original: el ganador de la elección no necesariamente es el candidato que la mayoría eligió. La mayoría es relativa, pero el elegido no lo entiende ni lo quiere entender. Sin embargo, el pequeño emperador deviene en semidiós. Más que un gestor, el pequeño emperador es el fondeador de la corrupción, un hacedor de favores, un berrinche institucional, un lacayo del sistema, el nacimiento no deseado de la partida presupuestal. Y odia, porque él cree que es especial, que está a un nivel famélicamente superior al resto de los imbéciles que yacemos en esta estupefacta cotidianidad. Y odia como la mayoría de los seres que creen ser especiales.

5. No es líder, es un simple mandamás. El candidato/elegido/ungido no gestiona, manda; no regula, limita; no propone, regaña; no resuelve, hace berrinche; no exhorta, dicta; no une, destruye; no asume, presume; no administra, improvisa; no resuelve, empeora la situación; no asume su responsabilidad, busca culpables; no actúa, reacciona; no opina, censura; no olvida jamás porque no es un caballero, guarda rencores y se venga a toda costa. Además pide constantemente aprobación de los demás (sobre todo de su séquito), es incapaz de pedir y ofrecer disculpas, detesta estar frente a conflictos extremos y espera a que su séquito los resuelva, es conservador no ideológicamente hablando, sino desde el más vulgar de los pragmatismo: pretende conservar el sistema que lo mantiene en el poder…

Y tiene un pésimo sentido del humor.

Ese insoportable silencio de Andreas Lubitz.

lubitz

Las primeras escenas con las que inicia The Happening (M. Night Shyamalan, 2008) muestran un momento perturbador: personas heterogéneas, comunes y corrientes deciden repentinamente suicidarse. En este momento la película prometía mucho. ¿Qué causaría que, de pronto, las personas decidieran suicidarse en el momento? Con un halo híbrido entre apocalíptico y conspirador, la película se resuelve con un contagio generado a partir del contacto humano con una sustancia que generan las plantas como mecanismo de defensa.

En la mañana del 25 de marzo, un avión de la aerolína de bajo costo Germanwings cayó en los Alpes franceses con 150 personas a bordo. No hubo sobrevivientes. Las primeras investigaciones indican que el copiloto del avión hizo descender voluntariamente la aeronave, de acuerdo a las palabras de Brice Robin, fiscal de Marsella. El copiloto habría presionado deliberadamente el botón de pérdida de altitud.

Minutos antes del impacto, la respiración del piloto era de un “humano normal”, es decir, no develaba la posibilidad de que el copiloto sufriera algún tipo de ataque cardiaco. Gritos de pánico, de socorro, de muerte, fueron escuchados minutos antes de la colisión. La mayoría de los viajantes no se percataron de que el vuelo en el que viajaban era piloteado por un asesino con tendencias suicidas, o un suicida asesino, autor de uno de los más grandes crimenes de la historia de la aviación europea.

Andreas Lubitz, de 27 años, originario de una ciudad pequeña entre Düsseldorf y Frankfurt, piloto novel con poco más de 600 horas de vuelo, no aparece en la lista de los más buscados ni hay en su autero haber algún indicio violento o tendencia suicida. Vivía con sus padres y, en no más de tres meses, habría renovado su licencia para volar. Simplemente, aprovechando una salida del piloto, impidió el regreso de éste a la cabina. Ensimismado y respirando, Lubitz simplemente decidió estrellar el avión.

Acaso desde la ficción podemos conjeturar hipótesis que nos acerquen a la verdad. No tenemos más que amargas confesiones auditivas de las cajas negras, limitadas mecanicamente a recoger respiros y gritos para cerrar con un silencio literalmente sepulcral. Imagino en un intimismo trágico la escena, un piloto desesperado por entrar a la cabina de control, un Lubitz con buen parecido, con uniforme perfectamente ajustado, con la sonrisa muerta, con le descaro moral de los “tipos normales”, con un elegante laconismo en su mirada, con una canción pop rondando en su mente. Acaso sedente, resignado, callado, con un silencio matizado por sonidos de turbina en desaceleración, tal y como solía comportarse Lubitz cotidianamente.