Bogotá 39

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 659, del Diario de Querétaro del 21 de mayo del 2017.

En 2007, cuando Bogotá fue erigida como Capital Mundial del Libro, el comité del Hay Festival y autoridades gubernamentales tuvieron una idea: hacer una lista de los mejores 39 escritores latinoamericanos menores de cuarenta años.

Se trataba de un tabulador azaroso tanto por su concepción como por la coincidencia de la fecha de nacimiento de los escritores, 1968. En aquella lista inicial, seis habían nacido en el 68, dos en el 69, dos en 1981, y el resto en la década de los setenta.

En aquella emisión de la lista los escritores Piedad Bonnet, Héctor Abad Faciolince y Óscar Collazos conformaron el jurado.

Los mexicanos que aparecían en la lista son los siguientes:

  • Álvaro Enrigue: considerado uno de los más importantes escritores contemporáneos, obtuvo en el 2013 el Premio Herralde por su novela Muerte súbita. Con esta distinción, Enrigue se unió a Sergio Pitol, Juan Villoro y Daniel Sada y Guadalupe Nettel, en la lista de escritores mexicanos que han recibido este premio.
  • Fabrizio Mejía Madrid: conocido por su participación como columnista en La Jornada y sus colaboraciones en Proceso, Reforma, Letras Libres y Gatopardo. Su trabajo más reciente es Arde la calle. La novela de los 80s (2014).
  • Guadalupe Nettel: ganadora del Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero y el Premio Herralde de novela en el 2014 con Después del invierno. Su obra ha sido traducida a más de 10 lenguas.
  • Jorge Volpi: miembro de la denominada Generación del Crack, actualmente funge como director general del Festival Internacional Cervantino y coordinador de Difusión Cultural de la UNAM. Su novela En busca de Klingsor, escrita cuando el autor contaba apenas con 31 años, fue ganadora del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix-Barral en 1999.
  • De la lista es menester destacar algunos autores: Andrés Neuman, de Argentina; Juan Gabriel Vásquez, de Colombia; Junot Díaz, estadounidense de origen dominicano, autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007), una narración interesantísima que la abordaremos en otra entrega; y Santiago Roncagliolo.

Una década después se lanza la lista con la nueva generación de escritores latinoamericanos, de acuerdo a los criterios de Hay Festival. En la convocatoria para ser parte de Bogotá 39 se registraron más de 200 escritores y participaron más de 80 editoriales. En esta edición, el escritor Darío Jaramillo, la argentina Leila Guerreiro y la escritora mexicana Carmen Boullosa conformaron el jurado. Los mexicanos que aparecen en la edición 2017 son los siguientes:

  • Gabriela Jáuregui: poeta y narradora de cuyo libro La memoria de las cosas dimos cuenta en el número 654 del 16 de abril de nuestro Suplemento Barroco.
  • Laia Jufresa: que a finales del 2015 fue seleccionada como una de los 20 autores menores de 40 años en el proyecto México20.
  • Brenda Lozano: autora de Todo nada y Cuaderno ideal. Actualmente edita la sección narrativa de la revista literaria MAKE. Estudia y vive en Nueva York.
  • Valeria Luiselli: autora del libro de ensayos Papeles Falsos y de las novelas Los IngrávidosLa historia de mis dientes. Su trabajo más reciente es un ensayo sobre los niños migrantes, Los Niños Perdidos.
  • Emiliano Monge: es escritor y politólogo. Ha publicado la colección de relatos Arrastrar esa sombra y la novela Morirse de memoria. De su trabajo más reciente, La superficie más honda, dimos cuenta en el número 652 del 26 de marzo de éste nuestro suplemento cultural.
  • Eduardo Rabasa: escribe una columna semanal para Milenio. En 2002 fue uno de los miembros fundadores de la editorial Sexto Piso, donde trabaja como editor desde entonces.
  • Daniel Saldaña París: autor de la novela En medio de extrañas víctimas. Actualmente trabaja como editor.

Toda lista es polémica, algunas voces han opinado al respecto. El dramaturgo Enrique Olmos de Ita, por ejemplo, lamenta que en la lista no aparezca ningún dramaturgo. En su columna del 11 de mayo del 2017, Trino Maldonado comenta los siguientes aspectos:

  • La obra pertenece a dos editoriales: Random House Mondadori y Sexto Piso. El único autor independiente es Eduardo Rabasa, que funge como editor de Sexto Piso y solo tiene una novela publicada.
  • Todos los autores son originarios de la Ciudad de México.
  • La lista no es cuestión de justicia, es un negocio.

A pesar de que afirma que la lista de Bogotá 39 y el Hay Festival obedecen a “un asunto de negocio con franquicias de millones de dólares por todo el mundo”[i], Trino Maldonado ha sido publicado por Alfaguara, Anagrama, Planeta y, recientemente, Almadía.

Desde otro enfoque, el escritor jalisciense Luis Felipe Lomelí comparte en sus redes sociales lo siguiente:

Me da gusto que:

  1. Haya muchos más cuentistas (aunque siga habiendo mayoría de novelistas).
    2. Se hayan incluido poetas (aunque sean muy pocos) y (por lo menos) una autora de literatura infantil.
    3. Haya muchos más autores que también hacen periodismo.

Me llama la atención que:
4. Haya casi un tercio de autores que hayan pasado por universidades estadounidenses,
5. La disparidad de género siga reinando,
6. Y haya países que parecen sobrerrepresentados y otros subrepresentados o sin representación. Por ejemplo, dos brasileños nomás (para una literatura tan vasta).

A continuación, la lista completa del Bogotá 39 2017:

  1. Carlos Manuel Álvarez (Cuba)
  2. Frank Báez (República Dominicana)
  3. Natalia Borges Polesso (Brasil)
  4. Giuseppe Caputo (Colombia)
  5. Juan Cárdenas (Colombia)
  6. Mauro Javier Cárdenas (Ecuador)
  7. María José Caro (Perú)
  8. Martín Felipe Castagnet (Argentina)
  9. Liliana Colanzi (Bolivia)
  10. Juan Esteban Constaín (Colombia)
  11. Lola Copacabana (Argentina)
  12. Gonzalo Eltesch (Chile)
  13. Diego Erlan (Argentina)
  14. Daniel Ferreira (Colombia)
  15. Carlos Fonseca (Costa Rica)
  16. Damián González Bertolino (Uruguay)
  17. Sergio Gutiérrez Negrón (Puerto Rico)
  18. Gabriela Jauregui (México)
  19. Laia Jufresa (México)
  20. Mauro Libertella (Argentina)
  21. Brenda Lozano (México)
  22. Valeria Luiselli (México)
  23. Alan Mills (Guatemala)
  24. Emiliano Monge (México)
  25. Mónica Ojeda (Ecuador)
  26. Eduardo Plaza (Chile)
  27. Eduardo Rabasa (México)
  28. Felipe Restrepo Pombo (Colombia)
  29. Juan Manuel Robles (Perú)
  30. Cristian Romero (Colombia)
  31. Juan Pablo Roncone (Chile)
  32. Daniel Saldaña París (México)
  33. Samanta Schweblin (Argentina)
  34. Jesús Miguel Soto (Venezuela)
  35. Luciana Sousa (Argentina)
  36. Mariana Torres (Brasil)
  37. Valentín Trujillo (Uruguay)
  38. Claudia Ulloa Donoso (Perú)
  39. Diego Zúñiga (Chile)

[i] Tryno Maldonado, “Del Bogotá 39 al frapuchino Unicorn” en Emeequis, 11 de mayo del 2017. Disponible en http://www.m-x.com.mx/2017-05-11/del-bogota-39-al-frapuchino-unicorn-por-tryno-maldonado/

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La superficie más honda.

 

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 652, del Diario de Querétaro del 26 de marzo del 2017.

México es tierra de narcos. Ese destino manifiesto e involuntario permea la realidad cotidiana de su gente, postrada en una rutina de violencia sistémica, sin tiempo para la reflexión y sin recursos para la contención.

He de reconocer que gracias al taller de escritura creativa cada martes con Fernando Tamariz, en el CEART, he adquirido nuevos enfoques y recursos para la creación y para la lectura crítica, una diferenciación pertinente que ha potenciado mi pasión por el relato.

A la mesa llegó de nuestro Libro de Cabecera llegó La Superficie Más Honda (Random House Mondadori, 2017) de Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), un compilado de once cuentos hilados temáticamente por el influjo de la violencia nuestra de cada día.

En principio esto se antoja a lugar común para los autores contemporáneos de la narrativa de los últimos quince años, al menos desde la frontera hasta los pertenecientes a la llamada “Generación inexistente”. No obstante, Monge desafía al lector con una temática, si bien recurrente, planteada desde una pluma breve, evocadora, rampante, concisa y heterogénea.

Politólogo por la UNAM, docente de la misma institución, Monge es autor de relatos, crónicas, reseñas literarias en la revista Letras Libres y La Jornada, y en el suplemento de libros Hoja por Hoja del periódico Reforma. También se desempeña como editor de libros y revistas, aunque en la actualidad se desempeña mayormente como escritor de tiempo completo. Ha sido beneficiado por el Sistema Nacional de Creadores del FONCA.

En esta semana, una candente e interesante discusión se gestó entre un grupo de colegas respecto a la expresión de una de nuestras superiores quien, abrumada por la violencia desatada en las últimas semanas en nuestro país, se refirió a las víctimas como “nuestros muertitos”. Al utilizar “nuestros” eufemismo (porque, a pesar de adoptar un tono de victimización y autoconmiseración, al final del día eso es un eufemismo), nuestra compañera acude a la apropiación de la víctima como uno de los nuestros, y a la retribución moral de llamarle “muertito” a una persona asesinada o muerta en hechos relacionados con alguna de las distintas expresiones del crimen organizado. “Nuestros muertitos” apela a nuestra capacidad irracional de integrar la tragedia y la violencia a nuestra vida cotidiana, como una especie de mantra, el accesorio macabro que nos distingue como ciudadano de este país. Más grave aún, los eufemismos contribuyen a la configuración generacional de un mosaico simbólico que solidifica la cultura de la violencia como una expresión folclórica.

¿Qué encontrará el lector en La superficie más honda?

El manejo de los tonos, es decir, el carácter o modo particular de la expresión y del estilo de un texto según el asunto que trata o el estado de ánimo que el autor pretende reflejar a través de su personaje, es peculiar por su contraste discursivo: el lector puede acudir desde la perspectiva del personaje a una situación límite, pero con un minimalismo establecido como una genuina concreción de ideas a través de textos trabajados, no obstante la breve extensión de cada relato.

En “Alguien que estaba ahí sobrando”, el protagonista (agonista, podríamos decir en este caso) emprende un viaje a Aquila, Michoacán en la búsqueda de quien puede ser un eventual amor de su vida. Pero en México se congregan muchos méxicos y, en el caso de Michoacán, esa realidad se condensa. Ya Rulfo nos adelantaba la incursión a tierras candentes, a espacios en efervescencia y en pleno debate entre la vida y la muerte.

En Aquila la vida pende de una huida, teniendo como escenario una tierra lejana en donde la miseria y la mezquindad se han instalado en el sentir de una población agreste como mecanismo de defensa.

En “Testigos de su fracaso” se presenta la perspectiva del nomadismo pendular al que una familia se ve conminada. La presencia latente de un ente anónimo en juego con un discurso sugestivo es suficiente para mantener en estado de alerta a quien involucra la lectura. Los sentidos se ven confrontados en el juego que la angustia y la celebración navideña en donde los protagonistas infantiles no tienen la más remota idea de qué es lo que está ocurriendo.

El estilo de Emiliano Monge es estridente sin recurrir a la militancia oportunista. La violencia, pues, es leimotiv, no el fin. La violencia ha dejado de ser una consecuencia para convertirse en algo natural, pero que quedado expuesto bajo el tamiz de la literatura.

En “Lo que no pueden decirnos” el huir de los personajes, en contraste con el de “Alguien que estaba ahí sobrando”, transmuta para ofrecernos una persecución distinta, más cercano al instinto de supervivencia que a la movilidad por conciencia de clase. Los dos protagonistas huyen ante una realidad donde las apariencias son certezas de que ni siquiera la huida nos puede sacar de esto: una especie de extranjeros en su tierra, parafraseando a Agustín Escobar Ledesma, más cercanos de lo que nos podemos imaginar.

A pesar de la necesidad de otorgar nombres a los personajes, Monge acierta en otorgar un carácter a veces genérico y otras anónimo, porque la violencia no hace distinciones de ninguna naturaleza. Más que del morbo, el lector es partícipe de la ignominia de la normalización de la violencia de la que ya se habló arriba. México es la distopía que se plasma en La superficie más honda con un cúmulo de evidencias contundente. Al menos el lector encontrará una salida el término del libro que, por cierto, se lee en unas cuantas horas. No así los personajes, quienes están prácticamente condenados a cohabitar de manera perpetua en la colección de los no-lugares.