Querida Ijeawele, cómo educar en el Feminismo.

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 668, del Diario de Querétaro del 23 de julio del 2017.

Es lamentable que todavía debamos que hablar de feminismo, que en pleno siglo XII tengamos la necesidad de generar un movimiento heterogéneo que tenga como objetivo la emancipación femenina y la consecuente vindicación de sus derechos. Más lamentable tener que defenderlo ante prejuicios que se gestan en la inercia estridente del feminismo light y de los apocalípticos herméticos que se enarbolan como monolíticos defensores del género natural, como ellos lo llaman.

El voto femenino, la igualdad ante la ley, los derechos reproductivos… son cambios que se han ido incorporando de manera paulatina, al ritmo de una secularización que se ha dosificado de forma desigual, con la parsimonia de nuestra tradición, muy a pesar de nuestra hipocresía.

Es de suponer que para una simple transacción de compra y venta lo que más importa es la transacción en sí, más allá de quién compre o quien venda (salvo en el caso de las drogas legales y demás asuntos que abarque nuestro criterio). No obstante, no es extraño encontrarnos con establecimientos que en su entrada portan con extrañeza el siguiente letrero: “En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física y económica, ni por ningún otro motivo. El letrero obedece más a una obcecación hipócrita que a una regulación pragmática”. Alguien en el poder considera que es necesario recordarnos no discriminar.

Pero pasan los años y seguimos discriminando. Mi generación es la misma estupidez que las generaciones anteriores, con la diferencia de que ahora podemos ventilar nuestras miserias en Facebook. Es una fortuna que existan las minorías, ese bastión inagotable de estereotipos, éstas nos garantizan que el imponer nuestro rol de rescatador/activista/héroe se traduzca en réditos para nuestra devaluada superioridad moral sin sacrificar nuestros rasgos narcisistas a partir de la santificación del pueblo pobre y bueno, a costa del mismo pueblo pobre y bueno. La filantropía es anónima, pero la anonimia no da fama ni medallas como sí las da el feminismo light… ¡La filantropía anónima no redunda en fotos pa’l Facebook!

Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 15 de septiembre de 1977) es una escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana. Hija de una familia acomodada, gracias al trabajo de sus padres, a los 19 años se trasladó a Estados Unidos para estudiar Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad Drexel, en Filadelfia. Posteriormente realizó estudios en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, en la Universidad John Hopkins, en Baltimore, y en Yale.

En el 2015, una amiga de la infancia le preguntó cómo criar a su hija para que fuera feminista. “No sé”, fue el primer pensamiento de Chimamanda, le pareció una tarea demasiado grande. Para responder a la petición de su amiga, Chimamanda decidió escribirle una carta, sincera y práctica, al tiempo que sirviera como un mapa del pensamiento feminista de la autora. El resultado fue Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, (Penguin Random House, 2017).

El feminismo comienza en el espíritu comunitario de las familias, en la microhistoria que se genera en cada hogar. A través de quince consejos, la autora reivindica la importancia de la formación de nuestros hijos en la igualdad y el respeto, el amor por los orígenes y la cultura. El libro es una carta abierta para rechazar estereotipos, a abrazar el fracaso y a luchar por una sociedad más justa.

A continuación, se presenta el sumario breve de los quince consejos:

Primera sugerencia.

Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella […] Nunca te disculpes por trabajar. Te gusta lo que haces, y que te guste lo que haces es un regalo fantástico para tus hijos […] Ni siquiera tiene que gustarte tu trabajo, basta que te guste lo que el trabajo hace por ti: la confianza y plenitud que se derivan de trabajar y ganarse la vida.

Segunda sugerencia.

Háganlo juntos. ¿Recuerdas que en primaria aprendimos que el verbo es una palabra de “acción”. Pues bien, un padre es tan verbo como la madre.

Tercera sugerencia.

Enséñale a tu hija que los “roles de género” son una solemne tontería. No le digas nunca que debe hacer algo o dejar de hacerlo “porque es niña”.

“Porque eres una niña” nunca es una razón para nada. Nunca […] Saber cocinar no es un conocimiento preinstalado en la vagina. A cocinar se aprende.

Cuarta sugerencia.

Cuidado con el peligro de lo que yo llamo Feminismo Light. Es la idea de la igualdad femenina condicional. Recházala de plano, por favor. Es una idea vacua, fallida y tranquilizadora. Ser feminista es como estar embarazada. Lo estás o no lo estás. O crees en la plena igualdad entre hombres y mujeres o no.

Quinta sugerencia.

Enseña a Chizalum a leer. Enséñale el amor por los libros. La mejor manera de hacerlo es mediante el ejemplo. Si te ve leyendo, comprenderá que leer es valioso.

Sexta sugerencia.

Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Pero para enseñarlo tendrás que cuestionar tu lenguaje.

Séptima sugerencia.

Jamás hables del matrimonio como un logro. Encuentra maneras de aclararle que el matrimonio no es un logro ni algo a lo que deba aspirar. Un matrimonio puede ser felis o desgraciado, pero no un logro.

Octava sugerencia.

Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable, su trabajo es realizarse en un ser sincero y consciente de la humanidad del resto de la gente.

Novena sugerencia.

Dale a Chizalum un sentido de identidad. Importa.

Décima sugerencia.

Fíjate en cómo tratas el tema de su apariencia. Anímala a practicar deporte. Enséñale a ser activa físicamente.

Undécima sugerencia.

Enséñale a cuestionarse en uso selectivo que hace nuestra cultura de la biología como “razón” para las normas sociales.

Duodécima sugerencia.

Háblale de sexo y empieza pronto. Probablemente te resultará embarazoso, pero es necesario.

Decimotercera sugerencia.

Llegará el amor, así que asúmelo.

Escribo esto suponiendo que Chizalum es heterosexual: obviamente, podría no serlo. Pero lo supongo porque entonces me siento más capacitada para hablar.

Decimocuarta sugerencia.

Al enseñarle sobre la opresión, ten cuidado de no convertir a los oprimidos en santos. La santidad no es prerrequisito de la dignidad. La gente mentirosa y cruel también son seres humanos, y también merecen ser tratados con dignidad.

Decimoquinta sugerencia.

Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. Enséñale a que valore la diferencia […] Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. Y al enseñársela, estás equipándola para sobrevivir en un mundo diverso.

 

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