Los fundamentales de Anagrama: la lista de Jorge Herralde (I).

Jorge Herralde

En una entrevista reciente, Jorge Herralde (Barcelona, 1936) se refirió al mundo del libro en relación a las nuevas tecnologías como un territorio muy complejo. Si antes pululaba el fantasma de que el e-book acabaría con el libro de papel, esto se ha demostrado que no sucede ni mucho menos, de acuerdo a los últimos números reportados como estancados. Es decir, para Herralde este fantasma está un poco despejado: “Respecto del cambio de costumbres debido a las nuevas tecnologías, los jóvenes que antes leían más y ahora con los juegos y los cacharreros ocupan su tiempo de ocio, luego hay una banalizacion de la cultura y esto deja de lado las teorías, hay algo tan práctico como la lista de best-sellers, sobre todo en Estados Unidos. En general es la apoteosis del best-seller y de Las Sombras de Grey” (Infobae, 25 de abril del 2016).

A continuación, se presenta la lista de los libros fundamentales de Anagrama de acuerdo al criterio de Jorge Herralde.

  1. Limónov de Emmanuel Carrère (París, 1957), con traducción de Jaime Zulaika.

El libro narra la vida de Limónov, poeta y pendenciero en su juventud, quien tras frecuentar los círculos clandestinos de la disidencia en la Unión Soviética, se vio obligado a exiliarse en Nueva York, donde vivió como un vagabundo, fue mayordomo de un millonario y escribió novelas autobiográficas. Siguió haciéndolo cuando se marchó a París y allí alcanzó notoriedad pública con una escandalosa novela sobre sus andanzas neoyorquinas por el lado salvaje. De allí pasó a los Balcanes, donde apoyó hasta las últimas consecuencias la causa serbia, y regresó después a la Rusia poscomunista para fundar un partido nacional bolchevique que fue prohibido. Él acabó en la cárcel, acusado de tentativa de golpe de Estado, y allí escribió más libros, tuvo una experiencia mística y al salir se convirtió en opositor a Putin.
El mismo Emannuel Carrère advierte: «Limónov no es un personaje de ficción. Existe y yo lo conozco». Esta novela biográfica o biografía novelada reconstruye la vida de un personaje real que parece surgido de la ficción. Un personaje desmesurado, ambiguo, escurridizo y estrafalario, con una peripecia vital casi inverosímil, que le permite al autor trazar un contundente retrato de la Rusia de los últimos cincuenta años y al mismo tiempo aventurarse en una indagación deslumbrante sobre las paradojas de la condición humana.

  1. El loro de Flaubert de Julian Barnes (Leicester, 1946).

Geoffrey Braithwaite es un médico jubilado atormentado por una obsesión con el gran genio literario francés, Gustave Flaubert. Cuando Geoffrey emprende una investigación sobre el misterio del loro de peluche Flaubert prestado del Museo de Rouen para ayudar a la investigación una de sus novelas, aprende muchísimo sobre el escritor de trabajo, la familia , los amantes , los procesos de pensamiento , la salud y obsesiones . No obstante, gradualmente el lector advierte el aprendizaje de algunos detalles importantes e impactantes sobre Geoffrey y su propia vida.

  1. Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard (Heerlen, 1931-Gmunden, 1989).

Jorge Herralde consideró que el vigésimo aniversario del fallecimiento de Thomas Bernhard era motivo suficiente se reunir en un solo libro los cinco volúmenes de los escritos autobiográficos cuya publicación se inició con El origen en 1983, seguido de El sótano, El aliento, El frío y Un niño. Desde una furiosa invectiva contra el sistema educativo y, en particular, contra el nacionalismo y el catolicismo, hasta la descripción de una época de horror marcada por el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, el lector de estos Relatos autobiográficos descubrirá cómo Bernhard logró concebir y construir una obra que es considerada una exaltación de la supervivencia. Claro, objetivo, irónico, iconoclasta, sublevándose contra el hecho mismo de estar en el mundo, el autor nos sitúa aquí ante una pentalogía que muy bien podría calificarse de novela autobiográfica: lo que leemos es la descripción de una vida como invención de una vida. Así, Bernhard nos revela en estos relatos cómo llegó a ser el escritor que fue.

  1. El emperador de Ryszard Kapuściński (Pinsk, 1932-Varsovia, 2007).

Un libro fascinante en torno a un personaje tan excepcional como intrigante: el emperador Haile Selassie de Etiopía, el Rey de Reyes, el León de Judá, el Elegido de Dios, el Muy Altísimo Señor, descendiente de Salomón, que gobernó su país como monarca absoluto durante casi cincuenta años, hasta que en 1974 fue derrocado por un Consejo Revolucionario.

En el número 598 del suplemento cultural Barroco dimos cuenta de Los cinco sentidos del periodista: estar, ver, oír, compartir, pensar.

  1. Canadá de Richard Ford (Jackson, 1944), con traducción de Jesús Zulaika.

Dell Parsons tiene quince años cuando sucede algo que marcará para siempre su vida: sus padres roban un banco y son detenidos. Su mundo y el de su hermana gemela Berner se desmorona en ese momento. Con los padres en la cárcel, Berner decide huir de la casa familiar en Montana. A Dell, un amigo de la familia le ayudará a cruzar la frontera canadiense con la esperanza de que allí pueda reiniciar su vida en mejores condiciones. En Canadá se hará cargo de él Arthur Remlinger, un americano enigmático cuya frialdad oculta un carácter sombrío y violento. Y en ese nuevo entorno, Dell reconducirá su vida y se enfrentará al mundo de los adultos. Una bellísima y profunda novela sobre la pérdida de la inocencia, sobre los lazos familiares y sobre el camino que uno recorre para alcanzar la madurez.

De Richard Ford y su reciénte condecoración con el premio Princesa de Asturias de las Letras dimos cuenta en el número 613 del suplemento cultural Barroco.

  1. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver (Clatskanie, 1938-Port Angeles, 1988).

Primer libro de relatos, que escribió y reescribió a lo largo de quince años y que le supuso la consagración inmediata, Raymond Carver renovó la forma del relato breve hasta darle proporciones de hai ku y sin que esta utilización radical de la elipsis le haga perder ninguna fuerza.

Al igual que con la película The Revenant (2015), Birdman (2014) de Alejandro G. Iñárritu es un excelente pretexto para ingresar al mundo literario de Carver, mas no a la inversa.

  1. Si me necesitas, llámame de Raymond Carver, con traducción de Benito Gómez Ibáñez.

A estas alturas Raymond Carver había ya ingresado en ese parnaso donde la obra de un escritor está completa. Al parecer, todo lo que importaba había sido ya publicado. Pero ahora, años después de su muerte, la viuda de Carver, escritora y poeta, ha encontrado y editado cinco relatos. Relatos espléndidos, estremecedores, con hombres que han dejado de beber y están en la línea divisoria entre dos vidas, con parejas que ya no se aman y empiezan a mirarse como extraños, con un escritor que ha abandonado a su mujer y está intentando empezar a escribir otra vez a partir de ese vacío que es el comienzo de todas las cosas.

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ERR. Última entrega.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 609, del Diario de Querétaro del 22 de mayo del 2016.

Después de los cánticos, resonaron estrofas que preludiaron la quema:

  • Contra la decadencia misma y la decadencia de la moral. Por la disciplina, por la decencia en la familia y en la propiedad: a la hoguera Mann, Glaeser y Kaestner.
  • Contra el pensamiento sin principios y la política desleal. Por la dedicación al Pueblo y al Estado: a la hoguera Foerster.
  • Contra el desmenuzamiento del alma y el exceso de énfasis y los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana: a la hoguera la Escuela de Freud.
  • Contra la distorsión de nuestra historia y la disminución de las grandes figuras históricas. Por el respeto a nuestro pasado: Ludwig y Hegemann al fuego.
  • Contra los periodistas judíos demócratas, enemigos del Pueblo. Por una cooperación responsable para reconstruir la Nación: Wolff y Bernhard fueron arrojados a las llamas.
  • Contra la deslealtad literaria perpetrada por los soldados de la Guerra Mundial. Por la educación de la nación en el espíritu del poder militar: adiós, Remarque.
  • Contra la arrogancia que arruina el idioma alemán. Por la conservación de la más preciosa pertenencia del Pueblo: arde en el infierno, Kerr.
  • Contra la impudicia y la presunción. Por el respeto y la reverencia debida a la eterna mentalidad alemana: arde en los infiernos, Ossietzky.

Ente risas, Hitler departía con sus más cercanos colaboradores militares. Uno de sus escoltas se acercó a su oído, casi interponiéndose entre la cuchara y la bocaza del canciller, para informarle acerca de las acciones de Goebbels. Una gota de sudor corrió por la frente de su escolta y confidente. Hitler se limitó a espetar en voz baja: “Creo en lo que hace. Creamos en Goebbels”. No sin complicación, Hitler sabía que, además de extinguir el buen humor (había mandado a prohibir cualquier chiste o caricatura que se hiciera en su nombre o persona), acabar con los libros le acarrearía un mayor balance en términos morales, políticos e intelectuales. La gente habría de acostumbrarse también a las cenizas.

En las calles de Alemania, en 1933, antes de partir Freud fue alcanzado por un periodista. Ante el breve pero grave cuestionamiento de éste por la implacable quema de libros, Freud se limitó a responder:

–Si estuviéramos en la Edad Media, le aseguro que yo habría perecido en la hoguera. Ahora son felices conformándose a quemar mis libros.

Freud se equivocaría.

Las llamas lograron alcanzar a varios autores judíos, no solo a sus libros. La muerte del psicoanalista no permitió que a éste le ocurriese algo así.

Años después, repasando sus memorias y quizás algún procedimiento matemático, Waclaw Sierpinski recordaba aquel libro publicado en 1910 donde daba cuenta de la resolución matemática al problema planteado por Gauss. Aquel hallazgo (por llamarlo de algún modo) fue propicio para la publicación de La teoría de los números irracionales, espécimen tan voluminosos como inteligible que fue quemado cuando la biblioteca de Sierpinski fue arrasada junto a la de muchos de sus colegas:

–Ellos la quemaron.

­–¿Quiénes?

–Los alemanes. Arrasaron la biblioteca de la Universidad de Varsovia. Un grupo de soldados muy jóvenes entro sin el menor de los sigilos para terminar con revistas y textos matemáticos de diferentes autores.

–¿Qué tan grave fue aquello?

–Hemos perdido los 32 tomos de Fundamenta Mathematica, los diez tomos de Monografia Mathematica, por decir algo…– dijo con pesadumbre el matemático.

Ya en 1945, ante un cielo que aparentemente había adoptado a las cenizas, humanas y de papel, como parte de su composición química, Hitler se abrazó con Goebbels. Mientras lo escrutaba en huesos y alma le dijo al oído:

–Te nombro canciller. Y este nombramiento tiene carácter de irrevocable.

–Lo siento, führer.

–¿De qué hablas?

–No hice suficiente.

–Todo está perdonado.

–Acepto el honor que usted me concede.

Mientras hacían su recorrido, Bruce, un soldado estadunidense de la división 101 llevaba a cabo una revisión de rutina con su batallón por las minas de sal cercana a Berchtesgaden. Allí, en uno de los reductos más profundos, el soldado encontró los libros del führer. De los 16 mil volúmenes que se contabilizaban en la biblioteca personal de Hitler, solamente habían sobrevivido 3 mil. Lo anterior se debió principalmente al robo, pero se sabe que muchos de los libros del canciller fueron quemados por el mismo Goebbels. Para enero de 1952, cerca de 1200 libros restantes fueron trasladados al Congreso de los Estados Unidos.

Si bien Hitler le perdonó todo a Goebbels, incluso sus más abyectas fantasías y perversiones sexuales con prostitutas y mujeres menores de edad, jamás le concedió el aborrecible acto de la quema de libros. Hitler era un lector voraz, un reprimido amante bibliófilo de la filosofía oriental y occidental, tanto de autores alemanes como de pensadores judíos.

Se sabe que de sus textos predilectos destacaban la obra completa de Arthur Shopenhauer. Pero el que lo colmaba de pasiones y placeres literarios era Magie: Geschichite, Theorie, Praxis de Ernst Schertel, publicado en 1925.

–“Quien no lleva dentro de sí las semillas de lo demoníaco, nunca dará nacimiento a un nuevo mundo”.

Fue la frase que Bruce encontró en la página blanca inicial, escrita por puño y letra del Hitler.

La quema de libros no se detiene.

Sigue renuente en el anacronismo religioso.

Sagaz y oportunista tras los deseos del fanatismo y el determinismo político.

Se jacta desde la inmundicia de la voraz iniciativa privada (vía best sellers) y el torpe desdén de las políticas públicas que abyectamente están a favor del libro.

Disfrazada de lectura cinco o veinte minutos al día, promovida por un ente paradójicamente llamado consejo de la comunicación…

ERR. Segunda entrega

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 608, del Diario de Querétaro del 15 de mayo del 2016.

Fue en una mañana de abril cuando, a las puertas de su casa, Martin Heidegger recibió un enorme sobre con matasellos de la Universidad de Friburgo. Entró a la sala y, no sin cierta desesperación, abrió de inmediato aquél elegante pliego. Se trataba de una invitación personal para que asistiera a la ceremonia que se celebraría en su honor, con motivo de su nombramiento. Quizás sin sorpresas, leyó nuevamente la invitación. La ceremonia se llevaría a cabo la siguiente semana.

No era para menos. Tras haberse adherido junto a otros importantes filósofos e intelectuales a la ideología de Goebbels, Heidegger había sido nombrado rector de la Universidad de Friburgo, institución que lo había visto crecer meteóricamente como intelectual, primero como discípulo de Carl Braig y Heinrich Rikert, de quienes adquirió los conceptos fundamentales del neokantismo, para posteriormente fungir como asistente de Edmund Husserl, de allí su innegable influencia fenomenológica.

Después de que hubo recibido su nombramiento, con inusitado entusiasmo, y con la efervescencia política del momento, Heidegger se registro como miembro del NSDAP, Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, por sus siglas en español.

En aquel abril, quizás bajo el influjo de la misma efervescencia, hordas de estudiantes universitarios e intelectuales salieron a las calles Düsseldorf para la destrucción de libros. Mientras huía por la acera de Königsallee, Ana, una joven historiadora egresada de la Universidad de Düsseldorf, se recriminaba a sí misma por no haber logrado rescatar a más autores:

–Los están matando, los están quemando a todos. ¡Nadie saldrá vivo de aquí!

No importó el peso de la Historia. Hacia 1773, en esta ciudad se fundó la Academia de Bellas Artes más antigua de todo Europa.

Pero aquello era solamente un preludio a lo que estaba por ocurrir realmente. Relativamente cerca de Düsselfdorf se encuentra Colonia, la ciudad que vio nacer la rampante industria alemana. El día 5 de mayo, hordas de estudiantes de la Universidad de Colonia se organizaron en la explanada central para tomar la biblioteca. De allí sustrajeron todos los libros posibles que hubiesen sido escritos por autores judíos. Cuando hubieron regresado a la explanada con bolsas, cajas, y demás herramientas para el acarreo de libros, levantaron una inmensa pira a donde fueron a parar todas las obras. Prácticamente ningún libro sobrevivió.

Al siguiente día se repitió lo mismo, en esta ocasión en el Instituto de Investigación Sexual de Berlín. Una enorme multitud de estudiantes en contubernio con las Juventudes Nazis lograron incinerar cerca de media tonelada de libros en un solo acto.

A la par de los atentados, y tras largas y álgidas reuniones nocturnas con sus principales colaboradores y representantes del sector estudiantil, Goebbels estableció el 10 de mayo como el día para combatir el desagravio intelectual que seguía lacerando la cultura alemana, de acuerdo a su hipótesis. Sin embargo, desde el 8 de mayo los atentados contra las bibliotecas se seguían multiplicando. Y no se iban a detener.

Aquella tarde del 8 de mayo, entre la muchedumbre que se congregaba alrededor de la pira libresca asentada sobre la plaza central la Universidad de Friburgo, un jocoso Heidegger participaba con ahínco arrojando cientos de volúmenes escritos por autores judíos. Aquello era una fiesta. Las miradas de soldados alemanes se comenzarían a acostumbrar a las cenizas sobrevolando sus cabezas.

El 9 de mayo, un día antes del movimiento para abatir el desagravio cultural, un Goebbels desbordado habría de pronunciar el siguiente discurso en la ciudad de Kaiserhof:

–Protesto contra el concepto que hace del artista un ser apolítico. Ningún artista puede ni debe de mantenerse en la retaguardia. Todo aquel que se ufane de ser artista debe de tomar las banderas y marchar al frente.

Otto, Max, Erick y otros tantos talentosos artistas, virtuosos interpretes en su mayoría de las obras de Goethe y Schiller, recibieron con júbilo las palabras de Goebbels, a grado tal que decidieron acompañarlo en su encomienda: eliminar todo rasgo judío de la cultura e idiosincrasia alemanas.

Desde las primeras horas de aquel 10 de mayo, en los rincones de la Universidad Wilhelm Von Humboldt, comenzó a resonar una insistente melodía coral que hacía correr a los estudiantes que aún se afanaban a tomar cursos como si corrieran días normales:

“Contra la clase materialista y utilitaria,

Por una comunidad de pueblo,

Y una forma ideal de vida,

¡Marx!,

¡Kautsky!”

Stella alcanzaba a escuchar los gritos y cánticos de los miembros de la Asociación de Estudiantes Alemanes. Parecía increíble que ni los propios muros de la biblioteca pudieran repeler el escándalo del exterior. Fue al dar vuelta a la siguiente página que un sonoro golpe rompió el silencio hasta ese momento sagrado de aquel recinto. Stella ocultó instintivamente su Hemingway bajo el brazo y se dirigió al ala norte de la biblioteca. Milagrosamente, ayudada por su inopinada presencia y su lúgubre aspecto, Stella logró pasar inadvertida. Los miembros de la Asociación comenzaron a recolectar todos los libros de autores judíos. Tras cerca de dos horas, la pira congregaba cerca de 25 mil títulos. Stella pudo conservar su Hemingway, aunque le dolió no haber podido hacer algo más por Broch, Freud, Bretch…

–¡Heil!– grito Goebbels minutos antes de la medianoche. Sabía que no lejos de ahí Rosemberg estaba llamando la atención de Hitler. Era el momento de demostrar quién mandaba.

–La era del intelectualismo judío ha llegado a su fin. El día de hoy la revolución alemana abre las puertas nuevamente a una nueva forma de vida que nos permitirá llegar a la verdadera esencia del ser alemán. Pero no se confundan. Esta revolución no comienza desde arriba. Se inicia desde abajo, desde sus raíces, y continua con pulso implacable en ascenso…

La gente, en su mayoría estudiantes y personas vinculadas con el arte, colmaron la plaza con sus aplausos. Tras un breve silencio Goebbels continuó:

–Por esa razón, en el mejor sentido de la palabra, esta revolución es la expresión genuina de la voluntad del pueblo. En los últimos años, ustedes, estudiantes y artistas, recibieron la peor humillación posible con el pretexto de la República de Noviembre, que consistió tácitamente en inundar sus bibliotecas con la basura y corrupción de la mierda literaria de los judíos. Esto provocó que nuestra ciencia y nuestra cultura se aislaran irremediablemente de la vida alemana. Pero eso está por terminar.

Una nueva andanada de aplausos estimularon el brío de un Goebbels plenamente emocionado y entregado. Prosiguió:

–Las revoluciones que son genuinas no se detienen con nada. Ninguna área debe de permanecer intocable. En verdad les digo: ustedes están haciendo lo correcto en este día, a esta hora, en el instante en que entregan a las llamas al espíritu diabólico del pasado.

 

¿Das más de lo que recibes?

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 605, del Diario de Querétaro del 17 de abril del 2016.

Dar y recibir son dos conceptos de la vida cotidiana que idealmente no deberían de ser mutuamente excluyentes, pero lo son. Un ejemplo altamente recurrente son las parejas cuyo proceso de enamoramiento es totalmente inexplicable debido a su carácter irracional: Oye, ¿por qué estamos juntos?

Los hay quienes establecemos relaciones para no sentirnos solos (miedo a la soledad) o porque necesitamos sentirnos amados, camino minado que puede derivar en u conformismo patológico en una relación, es decir, que nos conformemos con dar más de lo poco que recibimos, aunque la relación esté condenada al fracaso.

¿Cuántas veces no hemos escuchado, caro lector, el caso de parejas que se aferran a seguir juntas aunque su relación sea un evidente decepción? “Sí, me siento frustrada con esta relación, pero al menos no estoy sola”, solía reconocer una íntima amiga mientras veía a la distancia como los años se le desperdigaban al paso.

¿Damos más de lo que recibimos? Esta pregunta es solamente el inicio para ser conscientes del rol que desempeñamos cotidianamente en el entorno cotidiano de nuestras relaciones sociales. Tan importante es esgrimir este acto de consciencia como saber identificar cuál es el rol que efectúan los demás.

En su libro Give and Take. A revolutionary approach to success (Viking/Penguin Group, 2013) Adam Grant afirma que el concepto convencional del éxito presenta tres aspectos en común: motivación, capacidad y oportunidad. No obstante, algo que se pasa frecuentemente por alto es que el éxito depende en gran parte de cómo abordamos nuestras interacciones con los demás.

De este modo, caro lector, en nuestros respectivos empleos, cada vez que interactuamos con otra persona, nos vemos obligados a elegir entre intentar conseguir el máximo valor posible, o contribuir con nuestro valor sin preocuparnos por lo que recibamos eventualmente a cambio. Tanto en nuestra vida profesional como en nuestra compleja cotidianidad, cada uno de nosotros manifiesta dramáticas preferencias en nuestra forma de ser recíprocos, es decir, en nuestra configuración personal de dar y recibir. Para ilustrar lo anterior, Grant presenta los cuatro tipos de roles. Veamos.

Si usted gusta de recibir más de lo que da, es hábil en inclinar la reciprocidad a su favor, y frecuentemente antepone sus intereses al de los demás, seguramente usted se encuentra en la categoría de los receptores. Este rol es característico de las personas que suelen hacerse constantemente autopromoción porque creen que el mundo es un lugar competitivo, una jungla donde los unos devoran a los otros. Para alcanzar el éxito, este tipo de personas tienen que ser mejor que los demás. Cuando se esfuerzan, esperan que sus acciones sean reconocidas al instante: se creen merecedores de los elogios. Sin embargo, no suelen ser personas crueles ni despiadados, quizás algo cínicos. Se trata de personas sutiles y cautas con un alto sentido de la autoprotección.

En el otro extremo encontramos a los donantes. Son los que inclinan la balanza de la reciprocidad hacia el otro, ya que prefieren dar antes que recibir. Si los receptores son egocéntricos, los donantes se enfocan en las necesidad de los demás y en cómo actuar para que sus acciones beneficien a los otros.

Aquellos que actúan bajo una máscara de generosidad, cuya estrategia es dar uno y quitar diez, son los falsos donantes, seres vampirescos que suponen una amenaza porque suelen actuar de forma encubierta. Son aquellos que vulneran el principio de la verdadera filantropía donde el que da lo hace en silencio y de forma anónima. El falso donante

La anterior tipología no tiene en principio nada que ver con el dinero. Se trata de algo más valioso: de nuestra actitudes y acciones hacia los demás. El receptor cooperará en la medida que los beneficios se traduzcan en una ganancia para él mismo; el donante siempre ayudará en la medida que los beneficios para los demás rebasen sus pretensiones personales.

Y retiembla en sus centros la tierra porque el mito de la mujer incondicional (o el hombre incondicional, el gesto genérico no tiene importancia), ese ser generoso que indiscriminadamente da energía, tiempo, conocimientos, habilidades, ideas… para que el otro se beneficie, llega a un punto de quiebre.

Para nuestra memoria y referencias culturales, resulta tentador a grado inevitable referirnos a héroes legendarios como la madre Teresa de Calcuta o Mahatma Gandhi, pero –de acuerdo a Grant– ser un donante no exige someterse actos de sacrificio extraordinarios (mi amiga íntima tendría que ser candidata a la canonización). Simplemente se trata de centrarse en actuar pensando en el interés de los demás: ayudar, actuar como mentor, compartir reconocimientos o establecer relaciones para con los otros. Lejos del entorno laboral, es una conducta bastante común. En la pareja y con los amigos, contribuimos siempre que podemos sin tener en cuenta el marcador.

No obstante, todos nos dirigimos a buscar un equilibrio entre dar y recibir, es decir, todos tendemos a ser equilibradores, aquellos que actúan basándose en el principio de la justicia: cuando ayudo a los demás, me protejo a mí mismo porque busco reciprocidad. Suena bien, pero esta denominación no es la más común en nuestra realidad.

Curiosamente ni los equilibradores, ni los donantes, mucho menos los receptores alcanzan los puestos más altos del escalafón profesional. ¿Quiénes están arriba?

En la categoría de donantes se encuentran dos subcategorías:

  1. Donantes estrella: son aquellos seres capaces de gestionar su generosidad de forma inteligente, saben cómo dar, a quién, cuándo y a cambio de qué, fecundan y cultivan relaciones beneficiosas que se traducen en contacto o en acciones que dotan de prestigio social a su persona u obra. Sí, caro lector, son ellos los que se encuentran en la cima.
  2. Felpudos: son aquellos seres patológicos que dan indiscriminadamente, y lo hacen porque creen que solo así lograran sentirse bien. Asimismo, nunca traen dinero pero temen pedir prestado. Por lo tanto, su entorno de socialización se acostumbra a este hecho, de tal suerte que sus donaciones dejan de ser valoradas. Como todo el tiempo dan, no pasa nada. Pero el día en que no dan –¡Fuenteovejuna!, ¡Apocalipsis Now!– son señalados inmediatamente como seres crueles e injustos, acabando siendo pisoteados como eso, como un felpudo, como una estera gruesa y afelpada que se usa principalmente en la entrada de las casas a modo de limpiabarros, o para pasillos de mucho tránsito.

¿Realmente Teresa de Calcuta o Gandhi dan sin esperar algo a cambio?, ¿entregaban a quien no lo merecía o no lo necesitaba?

Sin pretender arruinar el texto, lo que en principio recomienda Adam Grant es conocer y reconocer qué es lo que nos impulsa a ceder. Enseguida, detectar a los vampiros, no bien hayamos identificado previamente nuestro rol. Siempre será necesario escuchar y aceptar ayuda de los demás. Y, por último pero fundamental, no olvidar dar, sí, pero dar a quien lo merece y, sobre todo, a quien lo necesita.

Pregunto nuevamente. ¿Das más de lo que recibes?

Rock N’ Books: The Rock Bottom Reminders.

Rock Bottom Remainders

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 603, del Diario de Querétaro del 3 de abril del 2016.

El nombre de Kathy Kamen Goldmark (Brooklyn, Nueva York, 1948-San Francisco, California, 2012) remite al de una artista completa: escritora, columnista, consultora de relaciones públicas, promotora de libros, música y cantautora. Heredera de una tradición cultural que para nuestro pesar y envidia solamente es imaginable en una ciudad que dedica gran parte de su presupuesto a la cultura y las artes. Su libro más representativo es And my shoes keep walking back to you (Chronicle Books, 2004, sin traducción al español) título que se confunde entre los acordes y las letras de la música country con las historias de amigos, relaciones sexuales y problemas familiares, de la mano de Sarah Jean Pixlie, el hilarante personaje principal.

Su esposo, el escritor, publicista de libros, columnista y músico, Samuel “Sam” Barry, cuyo libro más conocido es un ebook interactivo titulado Hard Listening: The Greatest Rock Band Ever (of Authors) Tells All (Coliloquy, 2013, sin traducción al español) escrito en colaboración con Mitch Albom, Stephen King, Amy Tan, Roy Blount Jr., Matt Groening, Greg Iles, James McBride, Scott Turow, Roger McGuinn, Ridley Pearson, Ted Habte-Gabr, y el hermano del autor, Dave Barry, todos bajo el cuidado editorial de Jennifer Lou.

Cuando el periodista y escritor David Barry Jr. (1947, Armonk, Nueva York), hermano de Sam Barry, fue galardonado con el premio Pulitzer en 1988, el comité expresó que dicha distinción se justificaba porque su trabajo denotaba un “uso consistentemente eficaz del humor como un mecanismo para presentar una visión fresca de preocupaciones serias”. A Barry se le recuerda por sus hilarantes críticas y comentarios en su columna semanal en The Miami Herald, la cual mantuvo desde 1983 hasta el 2004. Sería ocioso enumerar a sus imitadores mexicanos que se han ostentado como innovadores de la comedia plagiando literalmente el trabajo de Barry, cuyos textos fueron llevados a la televisión por la CBS con la sitcom Dave’s World, la cual se transmitió de 1993 a 1997. Barry, otro gran heredero de una tradición cultural, que asistió desde muy joven a centros culturales comunitarios religiosos o profanos, en su ciudad natal donde nunca han sobrado centros o casas de cultura.

Un momento. ¿Acaso pasamos por alto los nombres de Stephen King, Amy Tan y Matt Groening? No, caro lector, son tentadoras las rutas que cada uno de esos nombres por sí mismos implican, pero en esta ocasión no pasaremos a lo obvio en lo que respecta a cada uno de estos emblemáticos autores. Entonces, ¿qué tienen en común? Además de ser coautores de un libro de crítica musical, hay una anécdota interesante.

En su faceta de publicista de libros, además de a su último esposo Kathi Kamen Goldmark conoció a una cantidad ingente de escritores, no solamente en el terreno de los negocios, sino sus estilos de vida, desde aficiones hasta conflictos internos. En su faceta de música, la autora compartió mucho de esas aficiones y conflictos internos.

Se acercaba la convención de la Asociación Americana de Vendedores de Libros a celebrarse en Anaheim, California, en 1992. Kathi Kamen Goldmark quería hacer algo distinto, algo que pudiera ser capaz de reactivar el interés por la convención y que pudiera ser punto de encuentro entre los autores que ella conocía.

Como músico semiprofesional y por sus constantes viajes como publicista literaria, a la autora se le ocurrió una idea, juntar a los escritores que compartían su afición por la música para formar una banda amateur de rock. Así surgieron los Rock Bottom Reminders. El nombre, ideado por Kathi Kamen Goldmark, nos remite al concepto de remaindered book (libros restantes), denominación que se da a los libros que se venden como saldos al no haber registrado buenas ventas. “Como bien lo marca la tradición del rock n’ roll, los Rock Bottom Reminders fueron concebidos en un coche”, solía decir la autora, quien sucumbió en el 2012 a un feroz cáncer de mama.

Además de Kathi Kamen Goldmark, su esposo y su cuñado, a la banda pertenecen los siguientes nombres:

  • Ridley Pearson: autor de The Kingdoom Keepers: Disney after dark (Disney Press, 2005, sin traducción al español), serie literaria fantástica acerca de una versión oscura de Disney.
  • Stephen King: escribió, “The glass floor”, su primer cuento en el libro Stratling Mystery Stories en 1967.
  • Scott Turow: autor de la novela policiaca Presunto inocente (Vintage, 2011)
  • Amy Tan: célebremente conocida por El club de la buena estrella (Planeta, 2007)
  • Joel Selvin: autor de Here comes the night (Counterpoint, 2014, sin traducción al español), que habla acerca de la era dorada del Rhythm & Blues.
  • James McBride: autor de The color of water: a black man’s tribute to his white mother (Riverhead, 1997) que cuenta la historia de la judía polaca Ruth McBride Jordan.
  • Mitch Albom: autor de la muy recomendable novela autobiográfica Martes con mi viejo profesor (Océano, 2010).
  • Roy Blount Jr.: autor de Nashville: an american self portrait (Beaten Biscuit Press, 2005, sin traducción al español)
  • Barbara Kingsolver: autora de The Poisonwood Bible (Harper, 2005, sin traducción al español) que trata de historia de la familia Price y su misión evangelizadora en el Congo.
  • Robert Fulghum: autor de All I really need to know I learned in kindergarten (Ballantine Books, 2004, sin traducción al español).
  • Matt Groening: autor de la tira cómica semanal The big book of hell (Pantheon, 1990). Ah, también es creador de Los Simpsons y Futurama.
  • Tad Bartimus: autora del terrible War Torn: stories of war from the women reporters who covered Vietnam (Random House, 2002), acreedor al Pulitzer.
  • Greg Iles: autor de la serie policiaca The quiet games (Coronet, 1999).

Como testimonio de la banda, los integrantes fungieron como coautores para dar vida al libro Mid-life Confidential: The Rock Bottom Remainders Tour America with Three Chords and an Attitude (Plume, 1995, sin traducción al español), un libro que reúne chismes, detrás de cámaras, confesiones y anécdotas de cómo quince de los escritores norteamericanos más importantes abandonaron sus habituales ocupaciones para lanzarse a una gira como banda de rock. El libro ofrece una colección de cien fotografías curiosas, treinta de ellas a color. Posteriormente lanzaron su álbum Stranger than fiction. Participaron también en la apertura del Salón de la Fama del Rock en 1995.

La primera actuación de los Rock Bottom Reminders fue catalogada por David Streitfeild, periodista de The Washington Post, como el mejor debut desde The Monkees. Los Reminders no tienen videos musicales en YouTube, no han firmado ningún contrato con ninguna disquera, ni han sido nominados al Grammy en ninguna categoría, pero tienen más de 159 mil búsquedas en Google.

De los Reminders, Dave Barry declaró: “Nosotros hacemos música tan bien como Metallica escribe libros”, a lo que Kirk Hammett, guitarrista de la banda aludida, respondió “¿Rock Bottom Reminders?, ¿quién demonios son ellos?”. Cuando Bruce Springsteen asistió como guitarrista invitado, Dave Barry solía preguntarle: “¿Te sabes estas canciones, Bruce?, ¿podrías echarte el solo de guitarra?”. En uno de aquellos días, Springsteen les dijo a los Reminders: “Su banda no es tan mala; tampoco es tan buena. Pero no permitan que sea mejor de lo que es, de otro modo conseguirán que sea otra banda despreciable.”

Beek: porque los mejores libros los encuentras a través de tus amigos

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 591, de El Diario de Querétaro del 17 de enero del 2016.

“Surgió como una idea de Pamela, y se convirtió en Beek, una red social donde puedes seguir a tus amigos, autores favoritos, líderes de opinión y otros lectores para ver lo que están leyendo y descubrir los mejores libros”, nos cuenta Max Holzheu, cofundador y CTO de Beek, en entrevista exclusiva para el suplemento cultural BARROCO.

Max Holzheu y Pamela Valdés, cofundadora y CEO de Beek, comparten la noción de que “en estos tiempos las buenas ideas no tienen por qué encuevarse: tienes que mostrar tus ideas al mercado para conocer lo que realmente piensa la gente de tus ideas”.

Beek fue concebida inicialmente como un Netflix (servicio de televisión digital por demanda) para libros, que como usuario te suscribieras para tener acceso a una gran cantidad de libros y que pudieras leer sin limite. No obstante, “ambos coincidieron en que nos eran más las dificultades que los beneficios, por lo que fuimos refinando la idea hasta el resultado que presenta actualmente: una red social para los amantes de la lectura, una plataforma donde la gente puede compartir libros con sus amigos hasta con líderes de opinión. Queremos que, cada vez que quieras buscar, leer o compartir un libro, Beek sea tu punto de encuentro”.

Max es quien se encarga del desarrollo del producto, la escalabilidad, y arquitectura de la plataforma, mientras que Pamela se encarga de las relaciones públicas, marketing, y partnerships.

Si bien ya existe Goodreads, Beek es una iniciativa latinoamericana basada en la dinámica de las redes sociales más populares: “Un buen ejemplo de lo anterior sería Instagram, que es similar solo que con imágenes. Nosotros nos basamos en la misma dinámica, pero con libros”.

La idea de manejar la plataforma Beek mediante una aplicación o hacerlo en línea, como actualmente trabaja, no son dos opciones mutuamente excluyentes. “Comenzamos hace tres meses y decidimos hacerlo primero en web porque sabemos que más accesible para un mayor número de personas. Si bien la preferencia por la lectura digital en dispositivos se sostiene, la lectura de libros físicos complementada con la computadora es común en muchos lectores, por eso decidimos iniciar con el entorno web”, comentó Max.

En este proyecto participa un equipo de seis personas con presencia en varios países. “Tenemos un programador en Bolivia, un diseñador en Colombia, otro programador en México, otro más en Estados Unidos. Yo tengo presencia pendular entre Guatemala y los Estados Unidos, mientras que Pamela pasa la mayor parte del tiempo en México”.

A decir de Max, generalmente, la primera experiencia lectora que tenemos las personas es a través de actividades propiamente escolares, las cuales en la mayoría de los casos devienen en actividades tediosas por las tareas a realizar y aburridas por la ausencia de una estrategia para acceder a lecturas como El Quijote. Beek quiere unir la dinámica de las redes sociales con la de la lectura.

Asimismo, Beek plantea recuperar un elemento fundamental para la lectura y que, ante la tendencia digital, parece que ha ido perdiendo terreno: la atención. “Para el usuario de redes sociales, la atención no es importante. Nuestro mundo está cambiando constantemente. Con la fugacidad de la información, también el usuario cambia contantemente de actividad: lee un artículo, juega en una aplicación, atiende una publicación, actualiza un estado… con Beek lo que intentamos es adaptar y transformar contenidos tipo long form a través de la colaboración y de la interacción con tus amigos, para así incentivar principalmente a la juventud para que se involucren en la lectura”.

¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrenta Beek? Son varios, pero el más importante es lograr que el usuario se mantenga en la plataforma, que se identifique con ella, que la siga usando, que sienta realmente que es parte de Beek. “Para afrontar este desafío, las personas que conformamos el equipo de Beek tratamos de participar activamente con los usuarios, tenemos contacto con ellos a través de nuestros foros y de nuestra herramienta de chat, en donde podemos platicar, recibir comentarios y sugerencias. Si bien nosotros somos los desarrolladores, deseamos que sea un ejercicio colaborativo donde el producto sea construido por todos para beneficio de todos”.

De acuerdo a Max, la recepción por parte del sector editorial ha sido favorable: “si bien Amazon es un gigante comercial en Norteamérica por la relación efectiva que ha establecido con las casas editoriales, en México las editoriales aún son muy precavidas. Beek puede ser un gran aliado comercial en beneficio tanto del lector, quien tendría acceso a una mayor oferta, como de las editoriales, quienes podrían impulsar la oferta de sus publicaciones”.

¿Cómo se sostiene Beek? Casi todas las redes sociales, y hablando específicamente de Facebook y Twitter, que son inherentemente redes de interacción social, se sostienen inicialmente por la intervención de socios capitalistas que intuyen un futuro halagüeño en las aplicaciones. Al respecto, Max afirma: “Si bien Beek no es sostenible a corto plazo pero, dadas las condiciones actuales del mercado, es posible recibir inversión prematura por parte de inversionistas que posteriormente se convertirá en ganancias, una vez que hayamos consolidado un número suficiente de usuarios y convenios con editoriales y entidades comerciales. No obstante, nosotros tratamos de ser lo más agnósticos e independientes posibles con el afán de mantener el espíritu, la independencia y la transparencia de Beek”.

Lo que más interesa y atrae a los desarrolladores de la plataforma es entender la idea de bibliófilo, es decir, a las personas que aman a los libros. Las personas que aman a los libros no los aman per se, lo que a esas personas las conmueve y apasiona es la información que hayan en las obras literarias, las historias que se cuentan, la cultura que se adquiere a través de los libros.

Para Max Holzheu “los mejores libros los encuentras a través de tus amigos. Si bien existen las constantes recomendaciones comerciales a través de la lista de novedades, o por medio de un algoritmo intuitivo como en el caso de las recomendaciones que hace Amazon a sus usuarios, lo que nosotros queremos es que tú personalmente te presentes a la librería o adquieras un libro digital porque fue una recomendación hecha personalmente por un amigo, ya sea por referencia directa o porque a través de Beek de enteraste que los libros que tus amigos están leyendo”.

¿Es necesario que el desarrollador de una red social o plataforma para libros sea lector? “Definitivamente sí” –afirma Max– “Tan solo el año pasado llegué a leer unos 23 de 25 libros que me propuse leer. En este año espero alcanzar los 30 libros leídos”.

Puedes acceder a Beek en beek.io

El libro, la lectura y la escritura en cifras.

El libro en cifras 2015

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 591 de El Diario de Querétaro.

La edición 2016 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) será histórica: se celebran sus primeros treinta años; se espera que se rompa la marca de 792 mil visitantes y los 42 millones de dólares en ventas que dejó la edición 2015; y por primera vez se contará con un subcontinente como invitado de honor: Latinoamérica.

La razón: Latinoamérica ha manifestado un dinamismo boyante en materia de producción editorial. Tan solo en 2013, en América Latina se registró un promedio de 540 títulos por día. Entre el 2008 y el 2013 se registraron 837.945 títulos en las agencias ISBN de cada país del subcontinente. Esto representa un crecimiento del 83% respecto a los 458.580 títulos registrados en el periodo 2004-2008.

Los anteriores datos se presentan a manera de editorial por Marianne Ponsford (@mponsford), literata, periodista y editora para Turner, Planeta y Siruela, en el boletín El libro en cifras: boletín estadístico del libro en Latinoamérica (CERLALC-UNESCO, diciembre 2015) coeditado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), el cual es presidido por Ponsford desde octubre pasado.

El libro en cifras desglosa las estadísticas del estado de la cuestión en los siguientes apartados:

  1. Radiografía del libro y la lectura: indicadores económicos y del libro.
  2. ISBN en América Latina: primer semestre histórico en registros.
  3. Producción y circulación del libro en Centroamérica y República Dominicana.
  4. ¿Qué consejos darías a cualquier autor que acaba de ser rechazado por una agencia editorial?
  5. México: nueva Encuesta Nacional de Lectura y Escritura.

El boletín ofrece información interesante para lectores, escritores, literatos, promotores, librerías y editores. Pero también para instituciones públicas encargadas de la promoción y difusión del libro y sus fenómenos circundantes. A ellas debería de interesarles.

México, junto con Colombia y Argentina, ha contribuido al incremento (10.5%) en el registro de registro de títulos ante las agencias ISBN, en contraste con Brasil, país que ha mostrado un significativo decremento en este rubro. Han sido las editoriales comerciales las que más aportaron para el incremento del registro de títulos. Asimismo, también se incrementó el registro por parte de autores-editores (11%), y editoriales universitarias (10%), en contraste con la lamentable y evidente caída de los títulos registrados por el sector público (6%) y por las fundaciones y ONG (un dramático 17%).

Como ya se ha divulgado, en México los materiales de lectura de mayor utilización son los libros (57,3%), los periódicos (55%) y las redes sociales (44,9%), las revistas (38%), los sitios web (25,2%), las historietas o cómics (16,6%) y los blogs (13,4%), de acuerdo a la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, que por primera vez incorpora los mecanismos estadísticos y metodológicos del CERLALC, disponible para su consulta en https://observatorio.librosmexico.mx/.

En cuanto a los principales canales de acceso a los libros, los números son halagüeños: 59,1% prefiere comprarlos, mientras que el 46,2% los recibe como regalo; el 40,6% elige el préstamo interpersonal, el 15,9% acude para préstamo en librerías o salas de lectura, mientras que un 11,6% opta por descargar los libros electrónicamente.

¿Cuál es el principal canal que utilizamos los mexicanos para la compra de libros? Predominantemente siguen siendo las librerías (69,8%), muy por encima de las ferias de libro (18,6%), de las tiendas de autoservicio o departamentales (17%), de los puestos ambulantes (16,9%), y de los mercados (9,8%). Si bien Amazon se ostenta como el titán de las ventas de libros electrónicos a nivel internacional, y que a partir del mes de diciembre incursionó en el mercado de editorial de impresión bajo demanda (un terreno inexplorado que inicialmente iniciará operaciones en España), en México no registra cifras relevantes para la Encuesta.

El libro en cifras destaca un rubro interesante, el que se refiere a las prácticas de escritura, el cual se inserta como un ámbito novedoso para la Encuesta. En este sentido, se aprecia la influencia de las tecnologías de información y comunicación, y un llamativo e inquietante contraste. Mucha atención, caro lector y noble escritor:

  • La escritura se utiliza en primer lugar para la redacción de mensajes de texto en el celular (46,3%).
  • Más atrás aparecen los mensajes en redes sociales (25,1%).
  • Enseguida vienen las conversaciones en chat (22,9%).
  • Los correos electrónicos siguen vigentes pero ya no en los primeros lugares (13,3%).
  • Curiosamente, los recados ocupan un lugar preponderante (36,6%).
  • Asimismo, tanto los trabajos escolares (33,5%) como los documentos de trabajo (20,5%) son importantes.

Con un poco de inferencia, caro lector y noble escritor, se deduce que para los mexicanos escribir es la razón principal para comunicarse (76%). Pero hay un sector renuente, con una participación importante, que se refiere a aquél donde las personas todavía escriben para expresar sus sentimientos y emociones (31,1%). Pero también los hay quienes escriben para sentirse mejor (20,2%), o los que todavía escriben para discutir o concertar ideas (15,1%) sector que, sin embargo, ocupa el último escaño del rubro.

¿Y cuál es el estado de la cuestión en cuanto a creación literaria? Esta grave pregunta no puede omitirse, si partimos del principio de que la creación literaria es el cénit de la comunicación escrita. En este sentido, encontramos que las personas que escriben cuentos o relatos ocupan un 8,6%, los que componen poesía o canciones se ubican en el antepenúltimo sitio con 7,8%, por encima de quienes prefieren emitir sus opiniones en blogs y foros (2,3%). Los clubs lectura virtual (sic) registran apenas un 0,4%.

Por razones de espacio y prudencia, no entraremos en el tema de lo que leemos los mexicanos. Sin embargo, llama la atención que nuestra comunicación literaria quede relegada por encima de la avasallante y efímera comunicación digital: nos comunicamos por dispositivos pero no discutimos; compartimos mensajes en redes sociales y escribimos para sentirnos mejor, pero es más importante comunicarnos para cumplir en la escuela y salir bien librados en el trabajo. La invitación a la creación literaria sigue estando abierta.

El libro en cifras. Boletín estadístico del libro en Latinoamérica, volumen 8 correspondiente al segundo semestre del 2015, puede descargarse desde cerlalc.org