Una pandemia, una comedia y la danza del distanciamiento social

Coronavirus. México reporta 60 muertes y mil 688 casos de covid-19

I

Desde el pasado mes de diciembre, principalmente en redes sociales se comenzó a esparcir la noticia de una serie importante de personas contagiadas por un nuevo virus, cuyo epicentro se ubicaba en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, y la ciudad más poblada de la región central de China. Se trataba del coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave que posteriormente se denominó SARS-CoV-2, conocido simplemente como COVID-19. Al parecer su origen es zoonótico, es decir, pasó de los animales a los humanos.

Desde el surgimiento, se iniciaron las investigaciones para determinar origen y transmisión del virus:

  1. El 22 de enero de 2020, el Journal of Medical Virologypublicó un informe con el análisis genómico del virus que refleja que las serpientes de la zona de Wuhan son el reservorio más probable del virus. Esta versión no se ha confirmado.
  2. Para el El 26 de enero, una nueva investigación estudió la posibilidad de que la fuente sea una variante de sopa de murciélago que se consume habitualmente en la zona, ya que estos animales podrían actuar como reservorio del virus.
  3. Un tercer estudio que ha cobrado mayor fuerza es el que efectuaron investigadores chinos, cuyos resultados se dieron a conocer en febrero de 2020. En éste se encontró coronavirus procedentes de pangolines salvajes cuya secuencia genética coincide en el 99 % con el COVID-19, por lo que el reservorio de la infección podría proceder de estos animales, cuya captura y venta es ilegal en China, aunque se trafica con ellos de forma clandestina. Los pangolines son pequeños mamíferos con escamas desde la punta hasta la cola que pueden enrollarse y rodar.

II

En el mismo mes de diciembre, el Dr. Li Wenliang recibió en Whulan siete casos que presentaban los mismos síntomas que el SARS, la gripe aviar que provocó una epidemia global en 2003. Tras poner en cuarentena a los pacientes, Wenliang se puso en contacto con sus colegas para advertirlos del brote y recomendarles iniciar con protocolos epidemiológicos. En ese momento ni el propio Wenliang sabía que se estaba enfrentando a una nueva cepa del virus.

Cuatro días después, Weinlang recibió la visita de funcionarios de la Oficina de Seguridad Pública de China quienes lo conminaron a firmar una carta en donde lo acusaban de “hacer comentarios falsos que habían perturbado severamente el orden social”. Tras la firma, los funcionarios le advirtieron a Weinlang que “si sigue siendo terco e impertinente, y continúa con esta actividad ilegal, será llevado ante la Justicia ¿se entiende?”.

Ante el incremento de infectados, Wenliang siguió atendiendo a muchos pacientes, entre ellos a una mujer con glaucoma, quien se había contagiado de coronavirus. Hacía el 10 de enero, Weinlang comenzó a presentar tos, fiebre, para finalmente terminar hospitalizado dos días después. La mujer lo había infectado.

Fue hasta finales de enero que Li Wenliang se animó a publicar la carta en Weibo, red social china que ha sido utilizada como alternativa ante el bloqueo que el gobierno chino impuso a Facebook y Twitter desde el 2009. A pesar de que se le habían hecho pruebas varias veces, todas habían dado negativo. “Hoy me dieron el resultado de las pruebas de ácido nucléico y es positivo. Finalmente he sido diagnosticado”, publicó Weinlang, quien falleció el 7 de febrero, ante la ira de la población que acusaba a la dictadura china de desestimar la gravedad del virus, y de haber ignorado a las recomendaciones de Weinlang.

 

III

Al menos desde el 2000, tras el bulo apocalíptico del Y2K, los ríos de tinta que corren bajo el pretexto de la posmodernidad extendieron la visión pesimista de una sociedad aislada, hiperindividualista, anclada a pantallas y a dispositivos. Paradójicamente, a esta sociedad se le ha instruido replegarse en su microuniverso digital como una de las formas más efectivas para detener el avance exponencial de los contagios (al momento de escribir estas líneas, el número de contagios en México se había elevado a 93).

Es a través de las muros y timelines de las redes sociales en donde se ha configurado una modalidad volátil de socialización, a diferencia de las anteriores epidemias y desastres a los que hemos sobrevivido. En el multiforme escenario de la socialización virtual, el juego de las imágenes, las máscaras en la modalidad de avatar y los perfiles como caparazones que contienen en sí mismos epicentros, han posibilitado el encuentro de individualidades (que no de individuos, estos se fragmentan en individualidades al contacto con las redes sociales) que se autoasignan roles con el fin de mostrarse en una comedia situacional virtual.

Los roles más recurrentes van desde quien cree que la pandemia no existe, que en realidad se trata de un boicot a escala transacional imperialista para seguir sometiendo a las economías emergentes, orquestado por las principales potencias y las empresas más poderosas el orbe; hasta quienes optan por defender, argumentar y justificar de manera irracional las medidas que ha tomado nuestro presidente para la atención de la pandemia. Enseguida están quienes impulsan dinámicas lúdicas o de integración a través de sus redes sociales, mediante el intercambio azaroso de fotografías o dinámicas de interacción (juegos por WhatsApp o iMessegge). Algunos más, los menos, recomiendan alternativas para hacer frente a la cuarentena, desde recomendaciones de sitios con miles de libros gratuitos, hasta listas de sitios web en donde se pueden ver películas gratis. Otro tanto, simplemente se limita a compartir memes.

No obstante, en medio del intenso tráfico, hay quienes se atreven a compartir información falsa, de fuentes no fidedignas, que aparentemente ofrecen datos duros pero no verificados, como el célebre mensaje apocaliptico y conspiracionista que, sin solicitarlo, te reenvían a tu WhatsApp, firmado por un tal Luis Guevara.

Una característica que nos une a todos los roles en la comedia situacional de las redes sociales es que tanto la lectura como la elaboración de las publicaciones se efectúan desde la celeridad y frecuencia del sistema emocional, desde una especie de intuición digital que se antepone a la racionalización de la alfabetización mediática e informacional. Esto se debe a que en el enfoque emocional predominan los sesgos cognitivos. Los sesgos cognitivos son efectos psicológicos que generan una desviación el proceso mental, provocando distorsiones, prejuicios, juicios inexactos, interpretaciones ilógicas, o reacciones llanas emanadas desde el terreno fertil de la irracionalidad. Para el estableciento de juegos cognitivos no es necesario contar con basta información respecto a un tema, del coronavirus COVID-19, por ejemplo. Basta con tener fincada una creencia a fuerza de fe y emoción.

Todos estamos expuestos a los sesgos cognitivos, ya que, como necesidad evolutiva, y ante el contexto de la hipercontectividad, requerimos emitir de manera casi inmediata alguna respuesta o tomar una determinada posición ante estímulos, sucesos, problemas o situaciones. Aunque parezca absurdo, el hecho de gozar relativamente de acceso a múltiples fuentes de información fidedigna, nuestra incapacidad para procesar la información disponible establece filtros de forma selectiva y subjetiva.

Más que errores, pretendo destacar que estos sesgos subjetivos son atajos empleados por los seres humanos que nos permite predecir y tomar decisiones o sacar conclusiones en momentos de incertidumbre. Aunque en momentos de contingencia los efectos producidos por los sesgos cognitivos no dejan de ser interesantes desde un punto de vista heurístico, y divertidos desde un enfoque periodístico.

IV

Mientras escribo estas líneas, en su conferencia matutina de hoy miércoles 18 de marzo, el presidente López Obrador muestra el conjunto de amuletos que lleva consigo (un sagrado corazón de Jesús, un trébol y un dólar), los cuales son regalados por la gente para que lo “protejan de sus enemigos”: “Miren, éste es el detente, ¡Detente…! Esto me lo da la gente… ya ustedes averigüen. Tons’ son mis guardaespaldas”. A este tipo de sesgo se le donomina Sesgo de Falso Consenso, que consiste en sobreestimar el grado de acuerdo que los demás tienen quien aplica dicho sesgo. Es decir, el presidente tiende con demasiada frecuencia a presuponer que sus propias opiniones (combate a la corrupción), creencias (sus amuletos o su noción de historia de México), predilecciones (su vocación opípara), valores (su folclorismo oportunista) y hábitos (su desdoblamiento de la realidad) están en la preferencia de la gente o, utilizando su propia abstracción, del pueblo. Este tipo de sesgo exagera la confianza de los individuos en sus propias creencias aún cuando éstas sean erróneas (como en el caso del precio del barril de petróleo) o minoritarias.

Este mismo sesgo se ha replicado en grupos de opinión en donde el punto de vista de los actores de la comedia situacional de las redes sociales es la misma que la de sus grupos de afinidad. Frecuentemente, aunque sin hacerlo explícito, el sesgo se manifiesta en una serie de consenso interno establecido en el mensaje que se deduce desde la foto de perfil, las publicaciones hasta en el acto de bloquear/silenciar, en el mejor de los casos. En esta comedia, las personas se atribuyen características en al menos un sentido contrapuesto a su propio sesgo cognitivo:

  • Quienes están a favor de que se implemente el distanciamiento social (mantenerse a menos de un metro entre distancia entre usted y las demás personas) y quienes opinan que estas medidas son exageradas, ya que no está comprobado que esto sea efectivo para contener la extensión de los contagios.
  • Quienes opinan que las actividades se deben detener de inmediato y quienes piensan que es posible hacer una vida normal tomando las medidas necesarias a nivel individual. Quizás bajo este sesgo hay personas que asistieron al Vive Latino, o habrá quienes asistan al Viacrucis o quienes se lamenten de no poder acudir a su club nocturno porque las autoridades estatales ordenaron la reducción del aforo a la mitad.
  • Quienes están convencidos de que usar el tapabocas aún estando sanos es una medida imprescindible para evitar contagios, y quienes usan el tapabocas estando enfermos de gripa o influenza estacional, tapándose solamente la boca y no la nariz.
  • Quienes están completamente convencidos de que las consecuencias del coronavirus se remite a un problema de la lucha de clases, y que es momento de declarar ahora sí la revolución proletaria y el fin del neoliberalismo para instaurar el comunismo de una vez por todas, y quienes opinan que el coronavirus no es más que un castigo divino enviado por un dios que ha dejado de creer en nosotros.

V

Mientras que en Italia y Francia las personas salen a cantar en los balcones o prefieren navegar gratis en Pornhub; mientras los españoles se soportan mutuamente compartiendo agendas culturales para no matarse en pareja; mientras en los EEUU se registran niveles récord de navegación, tráfico en redes sociales y streaming, parece ser que los mexicanos optamos por nuestra costumbre mañosa, gandalla, tragicómica: aprovechamos la contigencia para agarrar el puente; fundamos empresas de gel antibacterial emergentes elaborado con recetas de YouTube; nos avalanzamos hacia los hipermercados con la ira y la cursilería de quien cree que está entrando a un apocalipsis zombie; nos consentimos con la sempitern promoción de caguamas mientras apostamos hipótesis para resolver la pandemia, y nos regalamos el placer mundano de beber a las doce del día entre semana. Quizás, como suele ocurrir en nuestro país de fiesta y muerte, la solidaridad llegue de la mano con la tragedia, cuando la cifra de los muertos incremente y la de contagios (un muerto y 118 contagiados al momento de terminar estas líneas) convoque a la razón y prorrogue la emoción.

VI

Desde que se tiene noción de la existencia de la humanidad, cuando ésta atraviesa por hecatombes y angustia colectiva, un gran aliciente estético y terapéutico ha sido la literatura. Tan sólo en nuestra contemporaneidad, La vida es una fiesta de Ernest Hemingway recobró su fama en París tras los atentados del 13 de noviembre del 2015. Asimismo, tras los incendios de la Catedral de Notre Dame, apenas en abril del 2019, Nuestra Señora de París de Victor Hugo ganó nuevos lectores, quienes buscaban en sus páginas borrar el recuerdo del fuego consumiendo uno de los símbolos más emblemáticos de la arquitectura gótica.

Nuestras recomendaciones son las siguientes:

  • La peste de Albert Camus.
  • Ensayo sobre la ceguera de José Saramago.
  • Diario del año de la peste de Daniel Defoe.
  • El irreverente Decamerón y su colección de cuentos eróticos de Giovanni Bocaccio.
  • Edipo Rey de Sófocles.
  • Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucícides, cuyos tres tomos de Gredos (¡un tesoro!) pueden ser encontrados aún en varios puestos de revistas de nuestro Centro Histórico.
  • Diario de Samuel Pepys.
  • La guerra de los mundos de H. G. Wells., la reacción de la audiencia fue emblemática.
  • Ojos crepúsculares de Dean R. Koontz, en donde de manera sorprendente se vaticina una pandemia global a causa del virus chino llamado Wuhan-400, situado en el año 2020, a pesar de que la novela fue publicada en 1985.

El COVID-19 será pasajero. Una danza sin tocarnos en donde todos bailamos el recordatorio de la muerte, que a su vez nos remite a nuestra versión primigenia de sentido gregario, identidad, supervivencia, refugio, amor, morbo y deseo. Porque, citando a Mario Vargas Llosa, “El terror a la peste es, simplemente, el miedo a la muerte que nos acompañará siempre como una sombra”.

Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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