De las 5 W a la búsqueda del “Me gusta”.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 631, del Diario de Querétaro del 23 de octubre del 2016

Miércoles 19 de octubre. En el sitio de Aristegui Noticias las noticias más leídas eran las siguientes:

  1. Jalisco: les cortan manos por “rateros”; detienen a dos probables responsables.
  2. Circula en las redes fuerte agresión contra adolescente en EU (Video).
  3. Más contra Duarte: abogado confiesa ser prestanombres.
  4. Así fue el asesinato del juez Vicente Antonio Bermúdez (Video).
  5. Detectan plagio en canción por centenario del América; el equipo se deslinda.

El primer lugar, si bien no presentaba en su totalidad las fotografías que comenzaron a circular por redes sociales desde el domingo por la noche, sí presentaba material gráfico explícito, con una sutil e inútil advertencia de “imágenes fuertes” (sic) y un insulso pixeleado sobre los rostros de los presuntos ladrones.

El 18 de octubre, en su intervención en el noticiario de Ciro Gómez Leyva, el periodista especialista en información de economía y finanzas, David Páramo, se refirió como “legión de imbéciles” a usuarios de redes sociales, esto en apenas el segundo día de emisión del nuevo canal de televisión abierta, Imagen TV: “Desgraciadamente sí (las redes sociales son más fuertes que el dato económico (…) El gobierno ha dejado que esa legión de imbéciles, de la que hablaba Umberto Eco, tome el control” (sic)[i].

La infortunada referencia que Páramo pretendió esgrimir se refiere a lo dicho por Eco en 2015: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”[ii].

En su incipiente noticiero en Televisa, la periodista Denise Maerker dio la primicia de la orden de aprehensión en contra del hoy prófugo exgobernador de Veracruz, Javier Duarte. Minutos después, en el primer día de su noticiero, Gómez Leyva rebatía la versión de Maerker aduciendo que aun no se confirmaba la información. Hace más de una década, Maerker y Gómez Leyva conducían el noticiario nocturno de CNI Canal 40, desaparecido violentamente con un chiquihuitazo. La dupla se hizo célebre por su estilo único, su proclividad para el periodismo de investigación, su virtuosa editorialización y su vocación por informar más que su ambición por el poder.

A propósito del Nobel, el tema de Bob Dylan sustituyó al periodismo por lamentaciones ingentes amplificadas al amparo de las redes sociales. De acuerdo a Christopher Domínguez Michael: “Los medios de comunicación masiva y algunos amantes ingenuos de las bellas letras le siguen pidiendo a la Academia Sueca que sea algo que ella misma se ha dedicado a desmentir a lo largo de su ya más que centenaria existencia: la regente planetaria del gusto literario”[iii].

Ergo, hubo quien desde su postura de “letrista populachero”, con rasgamiento de vestiduras, recogimiento de lo políticamente correcto y desde la seguridad de una publicación en Facebook, orquestó batallas para que a Juanga se le otorgara post mortem también un premio por sus letras.

Además de los detractores, no faltaron quienes días antes del anuncio compartieron la ‘nota’ donde “Paulo Coelho gana el Nobel de Literatura”[iv]. Asimismo, hubo quienes a través de Facebook, movidos por las instintiva confianza que daba una fotografía con el logotipo del periódico El País, esparcieron la noticia de que “Bob Dylan rechaza el premio Nobel de Literatura”[v].

El 17 de octubre, en el marco de la 72 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa, el periodista Carlos Marín, director general de Milenio; Javier Tejado Dondé, secretario general de la Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica y columnista de El Universal; Jorge Islas, miembro del consejo editorial consultivo de El Universal; entre otros, se pronunciaron en contra del robo de contenidos. Un día después, el autodenominado gran diario de México, incurrió en robo de contenidos al plagiar una nota publicada originalmente por el periódico Reforma[vi]. José Díaz-Briseño, autor y corresponsal de Reforma, a través de su cuenta de Twitter (@diazbriseno) hizo público el plagio: “So, El Universal copied word-by-word my story in Reforma early today about SCOTUS order regarding the extradition of Zhenli Ye Gon to Mexico”.

El 1 de octubre, en el Parque de los Periodistas Ilustres de la CDMX, se develó una estatua en honor a Juan Francisco Ealy Ortiz, presidente ejecutivo y del consejo de administración de El Universal desde 1969 quien, por cierto, nunca ha sido periodista.

Al parecer, el periodismo ha sustituido el método de las 5W (qué, quién, cómo, cuándo y dónde) por una búsqueda denodada del “Me gusta”, del retweet, de “Compartir”, de emoji. Si con el periodismo gonzo la nota se provocaba en confrontación plena del periodista con la realidad, en el periodismo perezoso de las redes sociales apuesta por el morbo para atraer la atención, no de lectores, sino de potenciales diletantes de la tragedia, por una exclusiva abyecta que más que informar busca deformar. Si antes era peligroso despotricar con la dispersión perversa a partir de una lectura furtiva la de ocho en el primer puesto de periódicos que nos encontrábamos en nuestro camino, ahora el ‘compartir’ o ‘retuitear’ se ha convertido en la flagrancia perversa de una sociedad en la que la lectura y el interés por la información sucumbe ante el meme y la denostación.

En Colombia existe el Código de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá en el cual se propugna a que el periodista evite engañar y manipular a la opinión pública, debe de evitar explotar la morbosidad del público y la curiosidad mal sana. La velocidad del desarrollo tecnológico ha avanzado con mayor celeridad que nuestro sentido deontológico. Evidencia de ello es que la capacidad de transmitir y filtrar contenidos en tiempo real nos hace caer en la abyección de sobrevalorar el impacto de la realidad inmediata o, peor aún, ser parte de una curiosidad mórbida a partir de material multimedia que eventualmente puede ser considerado como evidencia para iniciar una averiguación judicial.

México no cuenta con un código de ética para periodistas.

De más está señalar que el asesinato por la espalda de Bermúdez no aporta nada al periodismo. Nuestra legión, además de idiotas, es una congregación en torno al morbo, hacia una masiva, inmediata y viral convicción de sentirnos atraídos hacia los acontecimientos desagradables, en la hora de la gaya y estulta (gaya por estulta) ingenuidad renuncia a la tentación de los vientos idiotas.

[i] Redacción, “Llama David Páramo ‘legión de imbéciles’ a usuarios de redes sociales”, en SDPNoticias, martes 18 de octubre del 2016. Disponible en http://www.sdpnoticias.com/enelshow/television/2016/10/18/llama-david-paramo-legion-de-imbeciles-a-usuarios-de-redes-sociales

[ii] “Umberto Eco: ‘Con i social parola a legione di imbecilli’”, en La Stampa, Cultura, miércoles 10 de junio del 2015. Disponible en http://www.lastampa.it/2015/06/10/cultura/eco-con-i-parola-a-legioni-di-imbecilli-XJrvezBN4XOoyo0h98EfiJ/pagina.html

[iii] Christopher Domínguez Michael, “El equívoco sueco” en El Universal, miércoles 19 de octubre del 2016. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/columna/christopher-dominguez-m/cultura/2016/10/19/el-equivoco-sueco

[iv] Anónimo, “Paulo Coehlo gana el Premio Nobel de Literatura 2016”, disponible en http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2016/10/paulo-coelho-gana-el-premio-nobel-de.html

[v] Eduardo Anchondo, “Bob Dylan rechaza el Premio Nobel de Literatura”. Disponible en http://elregiodeporte.com/2016/10/19/bob-dylan-rechaza-el-premio-nobel-de-literatura/

[vi] Etcétera, “El Universal plagia nota de Reforma, un día después de que sus directivos denuncian “robo de contenido””, lunes 17 de octubre. Disponible en http://www.etcetera.com.mx/articulo/El+Universal+plagia+nota+de+Reforma+un+d%C3%ADa+despu%C3%A9s+de+que+sus+directivos+denuncian+robo+de+contenido%E2%80%9D/50148

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Bob Dylan

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 630, del Diario de Querétaro del 16 de octubre del 2016.

En Querétaro, en 1985, durante todas las mañanas predominaba el ruido blanco de la televisión en el Canal 5. Ya hacia las 14.00 hrs. se establecía la transmisión con la barra da caricaturas, primero con El Buzón de Rogelio Moreno y luego con El Tío Gamboín y su infinita colección de juguetes. Pero antes de iniciar la transmisión la televisión ponía (¡) videos musicales: “Everybody wants to rule the world” de Tears for Fears, el que recuerdo a la perfección. Y así procedió en los siguientes años: “A kind of magic” de Queen en 1986; “Learning to fly” de Pink Floyd en 1987. Dentro de mi desasosegada imaginación me figuraba que alguien ponía los videos para que a los técnicos de la televisión les diera tiempo para conectar los cables de la antena que les permitía transmitir el XHGC.

En algún día de 1985 hubo una excepción. En lugar de poner a Tears for Fears pusieron “We are the world” una pegajosa y emotiva melodía compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, producida y dirigida por Quincy Jones, e interpretada por un grupo de 45 músicos que en ese tiempo estaban en la cima de la fama, denominado USA for Africa. En la canción había intervenciones de solistas. Lionel Richie iniciaba, seguían el talentosísimo Stevie Wonder, el siempre maravilloso Paul Simon, el imponente Kenny Rogers, el jazzista James Ingram, la espectacular Tina Turner, el ferviente Billy Joel, la superestrella Michael Jackson, la fastuosa Diana Ross, la estupenda Dionne Warwick, el ser quasi inmortal Willie Nelson, el virtuosismo de Al Jarreu, el jefe y consentido Bruce Springsteen, el entonces famoso Kenny Loggins, el recién solista Steve Perry, Daryl Hall (de Hall & Oates), el hilarante Huey Lewis, la intensa Cyndi Lauper, la sublime belleza Kim Carnes y el entrañable Ray Charles. Pero hubo uno que llamó poderosamente mi atención porque irradiaba un halo de sencilla majestuosidad, que en su interpretación ­–un puente hacia la última sección de estribillos– lucía una virtuosa sencillez legítima: Bob Dylan.

Cuando escribo esto es jueves. Estamos despiertos desde las 5.00 hrs. al anuncio del Instituto Karolinska antes de las 6:00 hrs. en horario de la Ciudad de México, Sara Danius, con una elocuente y coqueta sonrisa, anunció que Bob Dylan se había hecho acreedor al premio Nobel de Literatura 2016. En nuestro Libro de Cabecera de la semana pasada advertimos esto como posibilidad; personalmente llevo más de 10 años esperando a que esto ocurriera. Es jueves y es un gran día porque de infinitas maneras Dylan ha sido parte de nuestras vidas.

Y no es de extrañar. No son pocas las voces que consideran (consideramos) que Robert Allen Zimmerman (en hebreo, שבתאי זיסל בן אברהם , Shabtai Zisl ben Avraham) es el mayor poeta de habla inglesa de la literatura del siglo XX. Y algunas evidencias lo confirman:

  • Distinción honorífica Orden de las Artes y las Letras, otorgada por el Ministro de Cultura de Francia, en 1990,
  • Premio de Música Polar, otorgado por la Real Academia Sueca de Música, en el 2000, por sus logros excepcionales en la creación y el avance de la música. Este premio es popularmente conocido como el Nobel de la Música. También han sido premiados Paul McCartney, Elton John, Bruce Springsteen, Pink Floyd, Led Zepellin, Patti Smith. Cecilia Bartoli lo obtuvo en el 2016.
  • Premio Príncipe de Asturias, por su aportación relevante al patrimonio cultural de la humanidad, en el 2007.
  • Premio Pulitzer, en citación especial, por el impacto de su trabajo en la música popular estadounidense.
  • Medalla Presidencial de la Libertad en 2002, junto a Toni Morrison y otras 11 personas más por “el impacto increíble que han tenido en tanta gente, no a corto plazo, sino de manera constante, a lo largo de toda su vida”.
  • Premio Nobel de Literatura 2016, por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción americana.

Por cierto, después de 1993 a ningún otro estadounidense se le había entregado el Nobel de Literatura. La última había sido Toni Morrison.

A sus 75 años, Dylan ha ganado además 12 premios Grammy, un Golden Globe y un Oscar, estos dos últimos por la canción “Things have changed” de la película Wonder Boys (2000, conocida en Latinoamérica como Loco Fin de Semana), con lo que sienta un antecedente histórico. Antes que él, George Bernard Shaw, premio Nobel de Literatura en 1925, obtuvo el Oscar a mejor guión adaptado por la película Pigmalión en 1938.

Es miembro del Salón de la Fama del Grammy desde 1973. En 1988 fue ingresado al Salón de la Fama del Rock. Así mismo, cinco de sus canciones fueron incorporadas a la lista de 500 canciones fundamentales del Rock N’ Roll: Blowin’ in the wind (1963), The Times They Are A-Changin (1963), Like a Rolling Stone (1965), Subterranean Homesick Blues (1965) y Tangled Up In Blue (1975).

Like a Rolling Stone es la mejor canción que he escrito” dijo Bob Dylan en 1965. En el 2004, en una edición especial la revista Rolling Stone (por supuesto, en su edición americana) la declaró la mejor canción de todos los tiempos.

Joyce Carol Oates escribió en su Twitter: “Sobre el Nobel a Dylan: inspirada y original elección. Su inquietante música y sus letras siempre me han parecido, en el sentido más profundo, literarias”.

Hoy como en 1965 es poco probable que los aficionados a la poesía o los poetas académicos y literarios miren con buenos ojos al cantante estadounidense de folk, de 23 años de edad en 1965, de 75 en 2016. Hoy como en el 65 una grey hipócrita, conservadora, atenida, ignorante y sospechosamente purista se arde por el premio a Dylan. Almas que se autoasumen como libres, personajes de la izquierda fofa y mezquina, que primero reniegan de los galardones para enseguida compartir con la rabia de las redes sociales su indignación por el otorgamiento a Dylan. Críticos literarios del feis, lectores tipo Splenda, emergentes especialistas de la literatura mundial indignados a la sazón de su ignorancia porque Bob Dylan es un cantante y compositor, que canta feo y que mejor se lo hubieran dado a Juan Gabriel. Tan lejanos de la Tarántula y de las Letras, son víctimas de su Viento Idiota.

Hoy, al lado William Faulkner, John Steinbeck, Ernst Hemingway y Tony Morrison se instala el de Bob Dylan.

Hoy es jueves 13 de octubre. Al momento de terminar de escribir estas líneas, Dylan estará comenzando un concierto en Las Vegas. Su amigo y compañero de viaje en el Desert Trip, Paul McCartney, también estará ofreciendo un concierto en Pappy & Harriet, un bar con capacidad para 300 personas en Pioneertown, cerca del parque nacional Árbol de Joshua. La taquilla abrió a las 18:30. Los boletos cuestan $ 50. El corresponsal de The Guardian me dice que quizás esto es lo más grande que sucede en Pioneertown desde que Roy Rogers lanzó la primera copa en la bolera.

Este jueves, el día en que mis dos grandes pasiones encontraron un punto de convergencia llamado Bob Dylan, es el día más hermoso de la Historia. Al menos para mí. How does it feel?

Términos de Instrucción para proyectos en el Programa de Años Intermedios

El informe del Proyecto Personal del PAI debe presentarse en secciones identificables, de acuerdo con los objetivos específicos de los proyectos del PAI. Debe contener pruebas de todos los aspectos de cada criterio.

La siguiente infografía pretende ser un instrumento que auxilie en la comprensión de los Términos de Instrucción más utilizados en el desarrollo de proyectos, dentro del Programa de Años Intermedios del Bachillerato Internacional.

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Nobel

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 629, del Diario de Querétaro del 9 de octubre del 2016.

Un freno automático, una caldera antiexplosiva inspirada en el casco de un barco, dispositivos y aparatos vaporizadores y congeladores, medios modernos para refinar hierro de fundición, un método eficaz para la destilación continua del petróleo, una colección de máquinas para llevar a cabo procedimientos médicos, una producción incipiente de cueros sintéticos, un procedimiento efectivo para lograr concentrar ácido sulfúrico, una mezcla estable de nitroglicerina y diatomita, y un premio que legitima o estigmatiza la carrera de un escritor.

Todos los elementos anteriores tienen algo en común: fueron invenciones y ocurrencias de un mismo creador, Alfred Nobel (Estocolmo, 1833-San Remo, 1896).

El penúltimo invento que citamos, la nitroglicerina combinada con diatomita (este último elemento conocido con el literario nombre de tierra de diatomeas, que consiste en un particular tipo de arena de dióxido de silicio que encontró su origen en los fósiles de microorganismos marinos) se le conoce vulgarmente con el multisemántico nombre de dinamita.

De haber sabido antes que la diatomita era capaz de absorber la nitroglicerina para así poder controlar su manejo, Alfred Nobel y su padre se habrían evitado muchos accidentes, incluso aquél trágico evento en el que uno de sus cinco hermanos de Alfred salió volando por los aires gracias a una explosión de nitroglicerina.

Un asalto de ciencia lo posicionó como inventor de la dinamita; un golpe de conciencia lo emplazó como el fundador del Premio Nobel.

Los usos que se hagan de un invento no responsabilidades del inventor, estrictamente hablando. De esto da cuenta Marie Curie cuando, en la ceremonia de recepción del premio Nobel, dijo que las utilizaciones del elemento radio (Ra) en la medicina podrían ser invaluables (el cloruro de radio produce radón, que es utilizado en el tratamiento para combatir el cáncer), pero su manipulación con otros fines podría resultar nefasta (su extrema radiactividad, un millón de veces más que el uranio, le confiere una peligrosidad es sempiterna: su isótopo más estable, Ra-226, tiene un periodo de semidesintegración de 1.602 años).

Del ruido de la dinámita y del Nobel de Literatura los responsables directos somos los usuarios finales. Paradójicamente el premio Nobel de la Paz se sigue entregando en Noruega que, desde 1905, rompió pacificamente relaciones con Suecia. De allí que el premio de la paz se siga entregando en Oslo, mientras que el resto se entrega en Estocolmo. Una paradoja más: de la ciencia es de donde sale el dinero para el otorgamiento del Nobel de Literatura. Lo que ocurre con algunos escritores que obtienen el galardón es similar a una efímera ignición (llamarada de petate, le llamamos en el español mexicano): resplandecen con el fulgor del premio, tras una sistemática anonimia repentinamente sus libros se encuentran en todas partes, máxime si el galardonado es latinoamericano; ya no digamos mexicano, aunque Octavio Paz nunca necesitó de un impulso adicional. Posteriormente, cuando el furor del galardón no resiste el embate del tiempo, el escritor nobel (que no novel) regresa con más grima que gloria a la oscuridad. ¿Alquien recuerda a Imre Kertész, fallecido el pasado mes de marzo del presente año?

Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Federico García Lorca, Marcel Proust, James Joyce, Franz Kafka, Paul Valéry, Henry James, August Strindberg, Antón Chejov, Emile Zola son algunos de los nombres que no aparecen en el dinámico firmamento de los autores laureados. Las causas para esta aparente injusticia, al menos en gran parte del siglo XX, es que los académicos de aquellos tiempos no conocían la obra de estos autores simplemente porque no los habían leído. O, de manera similar que cuando se rechaza un manuscrito, no pudieron establecer una valoración prospectiva hacia la obra de ciertos autores. ¿Acaso Roberto Bolaño debió haber ganado el premio después de que se hubo publicado Los detectives salvajes (Anagrama, 1998) por encima de José Saramago o Günter Grass?

Lev Tolstoi (Rusia, 1828-1910), quizás uno de los autores que debieron haber ganado indiscutiblemente una de las primeras ediciones del Nobel de Literatura, por su desbordante calidad literaria y su perspectiva idealista puesta en letras y llevada con virtuosismo a la práctica en su estilo de vida encomendada a la santidad, no ganó acaso por la hipótesis política más concurrida: Carl David arf Wirsén no podía premiar a un anarquista que se había lanzado contra la sociedad de su tiempo, a un prófugo de la justicia perseguido infinidad de veces por la policía zarista, a un excomulgado por la delicada orden del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, allá por 1901. La herejía: Tolstoi consideraba que el libre albedrío de las personas les permite distinguir entre el bien y el mal sin la necesidad de que estorbosos sacerdotes vinieran a tergiversar la realidad o, lo peor, a corromper como intermediarios el mensaje evangélico. Al final, Wirsén se defendería aduciendo que el autor de Guerra y Paz (1869) no había sido condecorado porque Tolstoi había rechazado todas las formas de civilización. Pocos años después, la Historia le daría la razón a Tolstoi.

Theodor Mommsen (1817-1903), el segundo galardonado en la historia del Nobel de Literatura, en 1902, es el único historiador profesional que se ha hecho acreedor al premio. Hoy olvidado, la academia lo consideró “El más grandioso maestro con vida en el arte de la escritura histórica. Por esos mismos años, Joseph Conrad había publicado El corazón de la tinieblas, una bella parábola acerca del colonialismo. Máximo Gorki, por su parte, publicó Los bajos fondos, un agrio retrato multicolor desde el realismo más violento de la Rusia zarista. Ninguno de los dos ganó el premio. Y como este, ejemplos abundan: José Luis Borges, Julio Cortázar, Federico García Lorca, Marcel Proust, James Joyce, Franz Kafka, Paul Valéry, Emile Zola…

En 1935 el premio no se entregó porque fue declarado desierto. Un año antes lo ganó Luigi Pirandello; uno después Eugene O’Neill.

En el 2008, J. M. G. Le Clézio recibió un premio en efectivo de 10 millones de kronas suecos, equivalentes a 22 millones 253 mil 144 pesos con 91 centavos.

Si bien el nombramiento del ganador se realiza durante la segunda semana de octubre, es hasta el 10 de diciembre que el galardonado se presenta para la recepción del premio en Estocolmo, Suecia. La fecha es por la conmemoración del fallecimiento de Nobel.

Como norma general la academia no puede hacer pública la lista de los nominados ni de los finalistas al galardón, sino hasta después de que hayan pasado cincuenta años. Y eso se agradece, porque de lo contrario Haruki Murakami, apoyado por una estridente horda de idiotas, habría ganado desde hace cinco años, como si se tratase de un reality show.

De los 112 ganadores del Nobel de Literatura entregados, 11 han sido otorgados a escritores de habla hispana: 6 latinoamericanos y 5 españoles. Solamente 14 mujeres se han alzado con el premio. La última, el año pasado, la periodista Svetlana Alexievich. A continuación, la quiniela ociosa de El Libro de Cabecera.

Posibles galardonados:

  1. Cees Nooteboom
  2. Joyce Carol Oates
  3. Ali Ahmad Said Esber, alias Adunis.
  4. Ngugi Wa Thiong’o
  5. Philip Roth
  6. Bob Dylan, Leonard Cohen y hasta Bruce Springsteen…

Quienes nunca serán condecorados:

  1. Haruki Murakami.
  2. L. James
  3. Elena Poniatowska, aunque haya sido mencionada por Ana María Shua del diario argentino La Nación.

¿Cómo se enseña la Historia de México?

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española la historia se define como el conjunto de los sucesos o hechos políticos, sociales, económicos, culturales, etc., de un pueblo o de una nación. Pero, ¿qué sucede cuando este pueblo o nación estudia únicamente la historia a partir de la interpretación de alguien más?

En entrevista, el maestro Alejandro Báez, catedrático, investigador e historiador, nos comenta la importancia de la historia para un pueblo y que la clave para conocerla es comparar y contrastar la información al respecto. No te pierdas este programa de Clase Abierta en donde platicamos el ¿qué? y ¿cómo? se enseña la Historia en México; en Siiradio.com

Indio Borrado o la sublimación de la tragedia urbana.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 628, del Diario de Querétaro del 2 de octubre del 2016.

No pocas veces busqué entre las estanterías de las librerías comerciales más populares de nuestra ciudad algún libro de Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, Jalisco, 10 de enero de 1975) sin éxito: en cuanto los pocos volúmenes hubieron llegado se agotaron en pocos días. Especialmente me sentía atraido por su segunda y más reciente novela: Indio borrado (Tusquets, 2014), o la novela del Güero como le digo de cariño. Al fin la encontré.

Mi curiosa predilección provenía del título, el cual sin complicación alude a un simbolismo preeminente en nuestra conciencia de raza. El Güero es hoy, más que nunca, un mestizo.

La palabra indio comparte con el término raza una condición por momentos decimonónica, a veces oportunista por su connotación apodíctica, pero de ninguna manera anecdótica. Contra todo determinismo, el personaje central de El Güero está más cercano a un reducto (en contraposición a producto) del abandono contemporáneo. En ningún momento el autor trata de hacer remedos sociológicos desde la Literatura, pero a cada capítulo se hace patente la encomienda de desmitifcar el ícono del delincuente juvenil: Indio borrado no es una suerte de apología poética del delito.

El Güero es un proscrito antropológico que se debate entre la violencia al ser un irredento del lugar donde le tocó vivir, entre la necesidad de ganarse la vida trabajando de albañil, y entre el carácter iracundo del parricida en potencia alejado del retrato edípico y más cercano al cercenado retrato de la familia tradicionalista biparental, lo que quiera que eso signifique

“El Güero sueña cuando era niño y su mamá lo mandaba con el tío Absalón al rancho, atrás del Cerro, cerca de Juárez, para que no se encontrara con su padre”.

Sin ser una novela de formación, en Indio borrado encontramos al menos tres momentos iniciáticos en los que incursiona el personaje principal:

  • Provocar la muerte a otro ser, ya sea un animal (una gallina), a los miembros de las pandillas rivales, o a un consanguíneo. Porque, al final de cuentas, como repite el tío Absalón, “tienes que matar para seguir vivo”.
  • Ingresar con vehemencia a la vida sexual activa, no con la violencia de la narrativa, sino desde un punto de vista contrapuntístico. Es decir, Lina, personaje femenino que sugiere una proclividad erótica apenas esbozada, manifiesta con la acción melodramática puesta en perspectiva a modo de analepsis: “La luz. El recorrido del trino tras el ave que procura, y alcanza la boca de su canto. Pluma de colibrí sobre los labios, nerviosa, colibrí de miel. Todos los besos de la historia en el primer beso, el único beso, piélago, Mar de Tetis bordado de corales.”.
  • Pelear en una nueva actualización de la guerra de castas. Es el Güero acaso una referencia posmoderna en su carácter mestizo, urbano, por su slang deíctico, que tiene que abrirse paso en una porción territorial occidental, en la guerra cotidiana de la urbe.

Mientras que desde la sociología ingenua, cursi y maniquea algún autor defectivo podría abrirse paso al compás que le marque el tipo ideal del retrato de la descomposición social, del carácter eternamente vulnerable del tejido social, el autor nos presenta una interpretación que proviene desde una poética más que de una apología.

Si bien para algunas lecturas el uso del slang podría quedar limitado a algunos hablantes, es precisamente este metalenguaje que funciona como un nuevo y avasallador mestizaje que incide tanto en lo cultural como en las acciones de los personajes. El Güero personaje se proclama entonces como un arquetipo, que no en monolito como se podría esperar desde una lectura optimista.

Es a través de una irrefrenable vocación minificcional que el retrato del Güero se va aludiendo y se va borrando. La connotación como estrategia y lascivia dispuestas al gusto del lector. Quien espere grandes párrafos y profusión de detalles no solo estará aspirando a una lectura anacrónica, sino que estará capitulando a la magia del instante y a la elocuencia del microrelato. Recuérdese que junto a Augusto Monterroso y Juan Pedro Aparicio, Luis Felipe Lomelí es célebre autor de relatos breves. Su relato, El emigrante (2005), considerado ese año el relato más corto jamás escrito en castellano, da cuenta de ello.

Es así que en cien capítulos condensados en 171 páginas (el libro se puede leer plenamente en una sentada) Luis Felipe Lomelí presenta una historia genérica pero intimista, con escapes a la hiperviolencia, cercanos al infierno rutinario del núcleo del mito de la familia tradicional hoy tan sobado.

Allende las azoteas, el choque de pandillas (Los Rats, Los Bóxer, Los Máfer, Los Dragons, Los Calcos, los personajes cuyos nombres propios sucumben al uso de nicknames o metonimias (el Güero, el Deivid, el Fede, el Vúkaro, el Rapero, el Koyi), queda matar, agandallar, robar, inhalar, chingar, bombear, calar, disparar, chingarse, cagarse, putearse…

Sugerida apenas, con la violencia de un grafiti, se narra la historia de aquella pareja que estaba echando novio hasta que llegaron los miembros de una pandilla y los desbrozaron con la violencia de quien borra a un cuerpo, a un pueblo, a un país entero.

Asimismo, desde un guiño intertextual propio de una sutil metaficción historiográfica, pervive el mito del Mar de Tetis debajo del cual, durante los periodos Jurásico y Cretácico, se encontraba hundida gran parte del territorio mexicano. Es la imagen del Mar de Tetis la que se confronta con el fondo multicromático del progreso: fábricas, macroplazas, industrias, ciudades.

Compadecernos del Güero, como plenamente no lo hizo su autor, sería traicionar a la tragedia, aquella que en Indio borrado se ha sublimado desde y hacia lo urbano. Apiadarse del tipo ideal que constituye el personaje sería hacer un remedo maniqueista de la sociología más mezquina, aquella que aprovecha el viaje literario para instalarse en nuestra superioridad moral y en nuestras buenas conciencias. Si bien Indio borrado es una alusión, esta se presenta más como un escupitajo en la cara que como una estadística. El Güero no es privativo de Monterrey y su infinita plaza. Al Güero lo encontraremos en el corazón de nuestro patrimonial Centro Histórico, levantando el tercer piso del estacionamiento de la extensión de nuestro mall, el más importante de Latinoamérica, recuperando su territorio en una nueva actualización en micro de la guerra de castas (Santa Rosa Jáuregui, Menchaca, San José El Alto). Del Güero daran cuenta los fantasmas, entidades etéreas que subvierten a su estado de conciencia de manera latente a lo largo de la novela, y que pululan en los rincones de nuestra más abyecta conciencia.

Porque, al final del día, de la novela y de éste texto, “La risa –le dice uno de los fantasmas–, la risa es lo único que nos salva”.