Bogotá 39

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 659, del Diario de Querétaro del 21 de mayo del 2017.

En 2007, cuando Bogotá fue erigida como Capital Mundial del Libro, el comité del Hay Festival y autoridades gubernamentales tuvieron una idea: hacer una lista de los mejores 39 escritores latinoamericanos menores de cuarenta años.

Se trataba de un tabulador azaroso tanto por su concepción como por la coincidencia de la fecha de nacimiento de los escritores, 1968. En aquella lista inicial, seis habían nacido en el 68, dos en el 69, dos en 1981, y el resto en la década de los setenta.

En aquella emisión de la lista los escritores Piedad Bonnet, Héctor Abad Faciolince y Óscar Collazos conformaron el jurado.

Los mexicanos que aparecían en la lista son los siguientes:

  • Álvaro Enrigue: considerado uno de los más importantes escritores contemporáneos, obtuvo en el 2013 el Premio Herralde por su novela Muerte súbita. Con esta distinción, Enrigue se unió a Sergio Pitol, Juan Villoro y Daniel Sada y Guadalupe Nettel, en la lista de escritores mexicanos que han recibido este premio.
  • Fabrizio Mejía Madrid: conocido por su participación como columnista en La Jornada y sus colaboraciones en Proceso, Reforma, Letras Libres y Gatopardo. Su trabajo más reciente es Arde la calle. La novela de los 80s (2014).
  • Guadalupe Nettel: ganadora del Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero y el Premio Herralde de novela en el 2014 con Después del invierno. Su obra ha sido traducida a más de 10 lenguas.
  • Jorge Volpi: miembro de la denominada Generación del Crack, actualmente funge como director general del Festival Internacional Cervantino y coordinador de Difusión Cultural de la UNAM. Su novela En busca de Klingsor, escrita cuando el autor contaba apenas con 31 años, fue ganadora del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix-Barral en 1999.
  • De la lista es menester destacar algunos autores: Andrés Neuman, de Argentina; Juan Gabriel Vásquez, de Colombia; Junot Díaz, estadounidense de origen dominicano, autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007), una narración interesantísima que la abordaremos en otra entrega; y Santiago Roncagliolo.

Una década después se lanza la lista con la nueva generación de escritores latinoamericanos, de acuerdo a los criterios de Hay Festival. En la convocatoria para ser parte de Bogotá 39 se registraron más de 200 escritores y participaron más de 80 editoriales. En esta edición, el escritor Darío Jaramillo, la argentina Leila Guerreiro y la escritora mexicana Carmen Boullosa conformaron el jurado. Los mexicanos que aparecen en la edición 2017 son los siguientes:

  • Gabriela Jáuregui: poeta y narradora de cuyo libro La memoria de las cosas dimos cuenta en el número 654 del 16 de abril de nuestro Suplemento Barroco.
  • Laia Jufresa: que a finales del 2015 fue seleccionada como una de los 20 autores menores de 40 años en el proyecto México20.
  • Brenda Lozano: autora de Todo nada y Cuaderno ideal. Actualmente edita la sección narrativa de la revista literaria MAKE. Estudia y vive en Nueva York.
  • Valeria Luiselli: autora del libro de ensayos Papeles Falsos y de las novelas Los IngrávidosLa historia de mis dientes. Su trabajo más reciente es un ensayo sobre los niños migrantes, Los Niños Perdidos.
  • Emiliano Monge: es escritor y politólogo. Ha publicado la colección de relatos Arrastrar esa sombra y la novela Morirse de memoria. De su trabajo más reciente, La superficie más honda, dimos cuenta en el número 652 del 26 de marzo de éste nuestro suplemento cultural.
  • Eduardo Rabasa: escribe una columna semanal para Milenio. En 2002 fue uno de los miembros fundadores de la editorial Sexto Piso, donde trabaja como editor desde entonces.
  • Daniel Saldaña París: autor de la novela En medio de extrañas víctimas. Actualmente trabaja como editor.

Toda lista es polémica, algunas voces han opinado al respecto. El dramaturgo Enrique Olmos de Ita, por ejemplo, lamenta que en la lista no aparezca ningún dramaturgo. En su columna del 11 de mayo del 2017, Trino Maldonado comenta los siguientes aspectos:

  • La obra pertenece a dos editoriales: Random House Mondadori y Sexto Piso. El único autor independiente es Eduardo Rabasa, que funge como editor de Sexto Piso y solo tiene una novela publicada.
  • Todos los autores son originarios de la Ciudad de México.
  • La lista no es cuestión de justicia, es un negocio.

A pesar de que afirma que la lista de Bogotá 39 y el Hay Festival obedecen a “un asunto de negocio con franquicias de millones de dólares por todo el mundo”[i], Trino Maldonado ha sido publicado por Alfaguara, Anagrama, Planeta y, recientemente, Almadía.

Desde otro enfoque, el escritor jalisciense Luis Felipe Lomelí comparte en sus redes sociales lo siguiente:

Me da gusto que:

  1. Haya muchos más cuentistas (aunque siga habiendo mayoría de novelistas).
    2. Se hayan incluido poetas (aunque sean muy pocos) y (por lo menos) una autora de literatura infantil.
    3. Haya muchos más autores que también hacen periodismo.

Me llama la atención que:
4. Haya casi un tercio de autores que hayan pasado por universidades estadounidenses,
5. La disparidad de género siga reinando,
6. Y haya países que parecen sobrerrepresentados y otros subrepresentados o sin representación. Por ejemplo, dos brasileños nomás (para una literatura tan vasta).

A continuación, la lista completa del Bogotá 39 2017:

  1. Carlos Manuel Álvarez (Cuba)
  2. Frank Báez (República Dominicana)
  3. Natalia Borges Polesso (Brasil)
  4. Giuseppe Caputo (Colombia)
  5. Juan Cárdenas (Colombia)
  6. Mauro Javier Cárdenas (Ecuador)
  7. María José Caro (Perú)
  8. Martín Felipe Castagnet (Argentina)
  9. Liliana Colanzi (Bolivia)
  10. Juan Esteban Constaín (Colombia)
  11. Lola Copacabana (Argentina)
  12. Gonzalo Eltesch (Chile)
  13. Diego Erlan (Argentina)
  14. Daniel Ferreira (Colombia)
  15. Carlos Fonseca (Costa Rica)
  16. Damián González Bertolino (Uruguay)
  17. Sergio Gutiérrez Negrón (Puerto Rico)
  18. Gabriela Jauregui (México)
  19. Laia Jufresa (México)
  20. Mauro Libertella (Argentina)
  21. Brenda Lozano (México)
  22. Valeria Luiselli (México)
  23. Alan Mills (Guatemala)
  24. Emiliano Monge (México)
  25. Mónica Ojeda (Ecuador)
  26. Eduardo Plaza (Chile)
  27. Eduardo Rabasa (México)
  28. Felipe Restrepo Pombo (Colombia)
  29. Juan Manuel Robles (Perú)
  30. Cristian Romero (Colombia)
  31. Juan Pablo Roncone (Chile)
  32. Daniel Saldaña París (México)
  33. Samanta Schweblin (Argentina)
  34. Jesús Miguel Soto (Venezuela)
  35. Luciana Sousa (Argentina)
  36. Mariana Torres (Brasil)
  37. Valentín Trujillo (Uruguay)
  38. Claudia Ulloa Donoso (Perú)
  39. Diego Zúñiga (Chile)

[i] Tryno Maldonado, “Del Bogotá 39 al frapuchino Unicorn” en Emeequis, 11 de mayo del 2017. Disponible en http://www.m-x.com.mx/2017-05-11/del-bogota-39-al-frapuchino-unicorn-por-tryno-maldonado/

Narrativas de las posverdad

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 657, del Diario de Querétaro del 7 de mayo del 2017.

El concepto de verdad se puede definir desde distintas perspectivas, considerando el carácter amplio y extensivo desde el punto de vista filosófico, y su naturaleza estricta y exacta, desde la noción lógica y lingüística.
No obstante, para definir la verdad podemos acudir a la fórmula clásica: Verdad es la adecuación del entendimiento con la cosa”. Suena bien, ¿verdad? No obstante, esta definición es determinista, irrenunciable, pero insatisfactoria por su flagrante pretensión de validez: “x es verdadero”.

Por muy determinante o contundente que parezca, el concepto no puede conformarse solamente con una definición pragmática y externa. Debemos de hacer un esfuerzo por extender el conocimiento de “x” y del por qué “x” es verdadero. No basta con decir que “x” es verdadero porque acierta o designa a la cosa. Es necesario mostrar que en lo verdadero radica aquello que se conoce y cómo se conoce de “x”: cómo se hace patente “x” objetivamente.

En contraste, el concepto de posverdad, también conocido como mentira emotiva, es un neologismo que se utiliza para referirse a la poca importancia que tienen los hechos objetivos frente a la influencia que las apelaciones emocionales y creencias personales tienen en la opinión pública. En esta semana, en los medios de comunicación conductores y autores de sus respectivos espacios se han decantado hacia la posverdad.

El pasado 29 de abril, El periódico El País publicó su titular “Explíquese, señor Rajoy”, en donde se cuestiona al presidente español por escándalos de corrupción al interior de su partido. El pasado lunes 1 de mayo, en su columna del miércoles del periódico Reforma, Denise Dresser plagió desde la cabeza, “Explíquese, Sr. Peña”, hasta la estructura argumentativa del editorial del medio español, de acuerdo a información de Angélica Recillas en su colaboración para el portal de la revista Étcetera[1]. El plagio, manifiesto en los ejemplos que presenta Recillas, y aceptado fugazmente por Dresser en su Twitter, no fue evidencia objetiva para quienes son seguidores de la politóloga egresada y docente del ITAM. Una voluntad acrítica que antepone las creencias, los actos de fe por encima de un plagio flagrante. Plagio y posverdad.

En su edición impresa del 4 de mayo, el periódico La Jornada de Oriente utiliza una fotografía para la nota de la reunión de gobernadores: “Antonio Gali firma compromisos en la Conago”. Para ilustrar la nota pone una fotografía de Gali Fayad, gobernador de Puebla, con el presidente Enrique Peña Nieto. Todo bien hasta allí. Pero hay un detalle: la foto fue recortada y editada. La original es una selfie tomada por Javier Lozano Alarcón, funcionario y conocido panista. El medio se tomó la libertad de bajar la foto del Twitter de Lozano, quitar al funcionario de su propia foto (ferviente usuario de esta red social) y otorgarse el crédito por la misma: Foto La Jornada de Oriente. Plagio y posverdad.

La madrugada de este miércoles, Leslie Berlín Osorio Martínez apareció ahorcada con un cable junto a una caseta telefónica, frente al edificio 4 de la Facultad de Ingeniería, al interior de Ciudad Universitaria de la UNAM. Sí, el cadáver de una mujer de 22 años aparentemente asesinada al interior de un lugar que se supone debería de ser seguro.

Tras esparcirse la noticia, desde el miércoles, y hasta el término de este texto, el #SiMeMatan seguía siendo tendencia en Twitter como una forma de manifestar protesta por los frecuentes feminicidios y desapariciones de mujeres en la capital del país. Pascal Beltrán del Río, director editorial del periódico Excelsior, publicó en TW “#SiMeMatan Revivo”, un ardid con el tono de burla similar al que había manifestado en otra publicación a propósito del caso de acoso a la comunicadora Támara de Anda.

Paralelamente, otra vez en redes sociales, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México publicó información preliminar a pesar de que aún no había iniciado la investigación: “El día de los hechos, la pareja se reunió con varios amigos en CU, donde estuvieron alcoholizándose y drogándose”. “Su madre y su novio aseguraron que ella no estudiaba desde 2014, y dejó sus clases en CCH sur, donde debía materias”. Revictimización, regaño, estigmatización y banalización. Como si esa información aportara datos para la investigación. Posverdad y cinismo.

“Vamos a analizar un problema muy actual que por circunstancias especiales están en boca de todos” (sic). Así iniciaba Angélica Ángel Arvizu su programa de radio por internet. Karime, la adolescente que el pasado 2 de mayo fue reportada como desaparecida y al padre de la adolescente, fueron sus invitados. “El caso de una chica adolescente que ya es famosa porque ya se ha realizado un gran conflicto esto, que vamos a analizar desde varias perspectivas el asunto de Karime”, remataba Ángel Arvizu, que además se ostenta como terapeuta con el seudónimo de Angelpanther.

Además de Karime y su padre, previamente como invitada estuvo Aleida Quintana, antropóloga y activista social en el tema de feminicidios y desapariciones. “Admiro mucho porque es una de mis guerreras de la luz”, dijo de ella Angelpanther. Y continuó: “Bienvenida, corazón, porque sé que tú nos vas a iluminar el camino. Yo sé que esta situación que está pasando pues ha demeritado el movimiento, ¿verdad? Esta situación con Karime, ¿cómo la ves?”.

Desde un enfoque prudencial, Quintana advirtió que más que demeritar el movimiento se trataba de abordar el problema desde una perspectiva compleja, en donde intervienen los protocolos de las autoridades, el tratamiento del tema en los medios de comunicación proclives a la revictimización, la estigmatización y el linchamiento mediático, y tratar casa asunto en específico. No fue escuchada.

“¿Y nunca empatizaste con el dolor de tus padres, corazón?”, dijo Ángel Arvizu elevando la voz en flagrante regaño a Karime quien, tras ser evidenciada y señalada en redes sociales, tiene que confrontar ahora la ausencia deontológica de ciertos medios clickbait.

Parte de la versión de Aleida Quintana es la siguiente: “cuando entre la conductora Angélica Ángel Arvizu le decía a la niña alzándole la voz que necesitaba que contara las cosas y se disculpara con la sociedad por lo que había “ocasionado” y mientras ella haría quedar como mártires a los padres. Después le pidió narrar situaciones personales frente a quienes estaban presentes amenazándola con sacarle los trapitos al sol en vivo si no le contaba la “verdad”. Intervine en varias ocasiones; eso lo sabe la familia, la niña y el equipo de producción que estaban presentes. Le dije que no era adecuada la manera en que se dirigía a ella, que lo que hacía era revictimizante, que la cuestionaba peor que la Fiscalía, que teníamos que pensar en la vida de la joven y cuidar el proceso de la familia y que eso era poco ético ya que podía ocasional un conflicto mayor con la familia, pregunte si se haría responsable de las consecuencias”.

Dos horas después de su programa, en su muro de FB, Angélica Ángel Arvizu, pone lo siguiente: “Aviso: La botella y la piedra se te va a regresar desde arriba y por abajo. Chipotle con sangre…”.

[1] Ángelica Recillas, “El plagio y las paradojas perversas de Denise Dresser”, 3 de mayo del 2017. Revista Étcetera. Disponible en http://www.etcetera.com.mx/articulo/ElplagioylasparadojasperversasdeDeniseDresser/55231

“Luna líquida” de Marta García Renart

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 656, del Diario de Querétaro del 30 de abril del 2017.

Hace once años tuve la oportunidad de entrevistar a la pianista y compositora Marta García Renart (Ciudad de México, 1942), a propósito del estreno de su ópera “Una olla de once orejas” la cual se presentó aquel martes 27 de noviembre del aún cercano 2006. Aquella obra fue posible gracias a que la autora se hizo acreedora al Programa de Apoyo a la Creación Artística en su edición 2006, estímulo otorgado por el desaparecido Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

La ópera se presentó en el Centro Expositor del Hotel Juriquilla, en el marco del Festival Cultural del 300 aniversario de la Hacienda Juriquilla. La dirección, composición musical y los textos corrieron por cuenta de la propia García Renart; la dirección escénica estuvo a cargo de Ana Bertha Cruces. En la ejecución musical estuvieron Mara Tillet en la flauta, José Luis Bautista en el trombón y en la guitarra, Fausto Castelo en el piano, Laura García Renart en las ilustraciones y Fernando Flores en la iluminación.

El jueves 3 de marzo del 2016, bajo los lacónicamente denominados Encuentros Queretanos, se llevó a cabo la presentación de la colección Literatura Portátil que, con el ambicioso e inmediato título Letras de Querétaro, presentó la obra literaria de varios escritores: Baltazar Reséndiz Espíndola, José Luis de la Vega, Andrés Garrido del Toral, José Rafael Blengio Pinto, José Martín Hurtado Gálvez, Tadeus Argüello y Marta García Renart.

En el título de la serie, además de ambicioso e inmediato, se infiere imprecisión y arbitrio porque aborda solamente algunas letras de Querétaro, en su mayoría de la capital queretana, reunidas bajo con la consigna de “ofrecer la posibilidad de nuevos enfoques que ayuden a pensar y analizar nuestra realidad cultural, política y social” según se lee en la nota editorial que abre cada uno de los volúmenes compactos que conforman la colección. Se dice además que la serie “ordena y registra la labor literaria de autores contemporáneos”. Como propósito, en la misma nota del editor, se afirma que “tiene el propósito de abrir a los queretanos otros vínculos culturales con sociedades de diversas latitudes, ampliando su conocimiento mediante el canal de comunicación por excelencia que es la palabra”.

En la misma nota, el editor le otorga a la colección el carácter de coadyuvante para “registrar los aspectos sociales en los que hoy nos desenvolvemos, además de construir elementos que conforman una tradición y una identidad cultural, a través del conocimiento y el goce estético”. Solo al final de la nota, el editor hace referencia a la posibilidad de “ofrecer una muestra representativa de la literatura queretana […] brinda un material de lectura al alcance de las personas, para que ocupe un espacio en sus vidas y hogares”.

El volumen No. 31 de dicha serie corresponde a Luna Líquida de Marta García Renart. Un conjunto de textos que saltan del relato breve (como en el caso de “Caseta telefónica”) a textos con vocación dramatúrgica (“Diego y Angelina”) o poética (“Lunas”, texto que abre el libro). En todos se congrega una intención un tanto azarosa por integrar lirismo, narrativa matizados con esbozos autobiográficos. En algunos casos, como se manifiesta tajantemente en el relato “Dos maneras o la disyuntiva “Y””, se esgrimen postulados ideológicos y políticos que dan cuenta de manera inmediata del perfil político de la autora.

No obstante, aunque la versatilidad de temas, contenidos, referentes y vertientes que se pretenden conjugar en tan pequeño volumen, este trabajo es un intento fallido que antepone una apurada publicación a costa de la imaginación de la autora.

Lo apresurado de la publicación, quizás por descuido o por las prisas, se denota en errores básicos de escritura, como en “Esa primera vez decidiste acurrucarte en la cama, llenando todos los espacio” (sic); en pasajes donde no se sabe si el narrador habla de “media noche” o “medianoche”, para que en líneas adelante, y sin explicación alguna, nos encontremos de pronto en “las primeras luces del día”; o en casos de anfibología, como en “Me tomaste de la mano con una fuerza que sólo te había intuido…”, ¿quién había intuido a la fuerza?, ¿o fue la fuerza misma que había intuido al personaje? Esto ejemplos pertenecen al relato titulado “RG:”.

En el texto titulado “La escuela o el síndrome de Aura”, se advierte desde el mismo título una férrea crítica al sistema educativo de alguna escuela, no es claro si se refiera a una institución en nuestro país. No obstante, desde el párrafo de entrada, por una desafortunada vendetta irónica, la defectiva sintaxis y un error de imprecisión en la información (había sido una alumna brillante durante sus seis años de preparatoria) convierten al texto en un discurso militante que desvía la atención hacia el pretexto o contexto de lo narrativo. La adjetivación con el donaire de la militancia sacrifica lo que bien podría haberse colocado en el ámbito del ensayo narrativo, un tanto al estilo de Vila-Matas, Bolaño o Piglia. El determinismo, la generalización una insistencia aguda por la dicotomía (todo-nada, siempre-jamás) se decantan con suma relatividad desde una efímera intención de señalar, desde un tono cercano al discurso de la palestra ideológico-política: “la sublimación de los poderes del dinero”, por ejemplo.

Si en el texto titulado “El abejorro libando la miel de mis labios o el balbuceo frenético en los pies” la voz narrativa se autoconfiere la virtud de “hacer un texto dentro del realismo mágico (sic), el poderoso y carismático estilo de expresión que tanto he disfrutado en García Márquez o Isabel Allende, en Juan Vicente Melo (que por cierto amé como sólo se puede amar cuando una tiene 14 años y el otro 25) o Alejo Carpentier, José Saramago…”, en menos de tres párrafos la misma voz hace un viraje semántico y cultural: “¿Cómo puedo fantasear cuando yo misma vivo en el surrealismo mágico y en el absurdo más complicado y enredado dentro de lo cotidiano y lo heroico?”.

Esta discrepancia, a veces cultural, semántica, y por momentos moral, cobra mayor fuerza cuando la voz narrativa “exige libertades sin fronteras y que al mismo tiempo anhela solidez ética a prueba de balas”. ¿A prueba de balas? En un país violento, donde la cultura de la muerte ha permeado implacablemente al discurso creativo, uno esperaría algún tipo de desarrollo o epifanía balística. “¿Balas, digo?” ¿Por qué decir balas cuando todo lo bélico me eriza el cuerpo?”. Tras un vericueto moral otras vez militante, la voz narrativa se reserva la respuesta a su propia pregunta.

Con una carga simbólica rica en referencias, afortunadas en las descripciones, pero defectivas por su militancia, la mayoría de los textos de García Renart se extravían en su propio maremágnum de ideas e ideologías. Aunque la voz narrativa es notoria, se delata la grave la presencia de revisión, de una guía, de una edición que oriente hacia una unidad poliédrica, que es acaso lo que demandan los textos.

Por su constitución frágil, este texto delata la vocación de un proyecto editorial de corto alcance, emanado de un proyecto personal más por logros profesionales y de vínculos institucionales que por una convicción honesta por sentar un hito en la producción editorial local, en la Literatura Queretana. Lástima.

 

13 reasons why.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 655, del Diario de Querétaro del 23 de abril del 2017.

13 reasons why (2017) es una serie de Netflix que se estrenó desde el 13 de marzo. Clay Jensen, un estudiante de High School algo tímido, llega de la escuela y se encuentra con un paquete anónimo en la entrada de su casa. Al abrirlo, descubre que se trata de una caja de zapatos en cuyo interior se encuentran siete casetes grabados por Hannah Baker, su compañera de clase que recientemente se suicidó. Las cintas fueron enviadas inicialmente a Tony, un compañero de escuela, con las instrucciones para pasar de un estudiante a otro, en el estilo de una carta en cadena. En las cintas, Hannah acusa a cada una de las doce personas (Clay solo es aludido, no acusado) la forma en que cada una jugó un papel determinante en su suicidio, dando trece razones para explicar por qué se quitó la vida.

Desde su transmisión, las posturas en torno a la serie se han polarizado: desde quienes la consideran una serie que refleja desde una perspectiva distinta el fenómeno del bullying, hasta quienes la toman como un drama adolescente sobrevalorado plagiado de estereotipos. No obstante, las posturas, se observa una tendencia por asociar la ficción con la realidad no como una discusión crítica del programa, sino como una falaz y riesgosa interpretación de la realidad. Veamos.

En la serie las amplias y equipadas instalaciones, la importancia del deporte y las actividades artísticas, el ambiente de porristas, el estrato socioeconómico medio-alto, el tipo de convivencia, la búsqueda del ser popular… discrepan profundamente con la mayoría de las escuelas de nuestro país. En nuestras escuelas tenemos graves deficiencias de convivencias escolar, oferta y rendimiento académicos, deserción, adicciones y violencia. De acuerdo a información del INEE, cerca de 600 mil estudiantes de bachillerato abandonan la escuela cada año. Es decir, en nuestro país cada hora 68 estudiantes abandonan la preparatoria[i].

Hanna Baker, el debut protagónico de Katherine Langford, es un personaje predecible, centrado en clichés de adolescentes norteamericanos, errático y frívolo. Es adolescente común, hija única con padres cariñosos y presentes, que no presenta evidencias de manifestar algún tipo de trastorno de personalidad, susceptible a situaciones a las que cualquier chico de la escuela podría estar expuesto. No obstante, decide suicidarse cortándose las venas en la tina de baño de su casa. ¿Por qué asiste a la fiesta en la casa de Bryce, su compañero traficante y adicto que días antes le había agarrado el trasero? ¿Por qué no denunció la violación con el mismo tesón con el que denunció la caída de la señal de Alto?

En nuestro país, las mujeres adolescentes de 15 a 21 años enfrentan situaciones un tanto divergentes a Hanna, tales como acoso, violencia física y verbal, desaparición, abuso sexual y psicológico y feminicidio, y tal parece que no hay interés ni capacidad institucional para detener esto. Por ejemplo, la desaparición de mujeres adolescentes en México está relacionada con grupos criminales vinculados a la trata de personas con fines de explotación sexual comercial; y va en aumento, reporta la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim). Las zonas más afectadas por estas desapariciones son la frontera norte y el centro del país. Tan sólo en cuatro años, de los 57 casos registrados en 2010 se pasó a 612 casos para 2014, lo que representa un aumento de 974 por ciento, informó el director de la Redim, Juan Martín Pérez García[ii].

Asimismo, en México, cada año nacen 397 mil 428 bebés cuyas madres son menores de edad, de acuerdo al Instituto Nacional de Perinatología. La causa, en la mayoría de los casos, es por falta de acceso a anticonceptivos y violaciones[iii].

En secundarias y preparatorias mexicanas el 20% de los estudiantes reconoce varias veces al mes haber sido víctima de abuso, burlas, rumores desagradables, empujones, golpes, de manera sistemática. No recurriré al eufemismo anglosajón bullying para referirme a la violencia de la que muchos fuimos víctimas. Ésta afecta directamente a las calificaciones: los que lo sufren obtienen peores notas, concluye un informe elaborado por la OCDE. México se encuentra entre los países donde la violencia escolar es más frecuente. Y sus resultados académicos en el estudio PISA no mejoran desde hace 15 años. ¿A quién le importa?

Un día, la actriz y cantante Selena Gómez terminó de leer 13 reasons why de Jay Asher (Editorial Ámbar, 2007). Desde entonces se mostró interesada en llevar el libro a la televisión. Por cuestiones de agenda y edad, Gómez no pudo ser la protagonista por lo que puso en manos de Netflix la idea, siendo ella la productora ejecutiva. El negocio resultó un éxito porque el público adolescente generalmente suele ser una gran inversión: 3 millones de espectadores en la primera semana. Ya se especula acerca de la segunda temporada.

Es abyecto pensar que la serie es “buena” por los dos últimos capítulos. Se argumenta que la serie aborda temas intocados. Twin Peaks (David Lynch, 1990) o Irreversible (Gaspar Noé, 2002) que, por cierto, solamente se exhibió un miércoles en Querétaro, ya que fue censurada de inmediato, son ejemplos en donde ya se han tratado los temas de suicidio adolescente y violación. Más abyecto aún afirmar que es “buena” por las escenas de violación y suicidio, colocando a la ficción en función del morbo.

Es lamentable que el tema del suicido se relativice a partir de una serie de ficción. He leído opiniones, alentadas por el donaire de las redes sociales, que suscriben los argumentos de Hanna para cometer suicidio acusando a sus compañeros y maestros en trece grabaciones, rayando incluso en la apología del suicidio.

El efecto Werther toma su nombre de la novela Las penas del joven Werther (Austral, 2010) de Johann Wolfgang von Goethe, publicada originalmente en 1774. En la novela, el protagonista sufre por amor hasta tal punto que acaba por quitarse la vida. Fue muy popular entre los jóvenes de la época, muchos de ellos llegaron incluso a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista. David Phillips, sociólogo que acuñó el término en 1974, elaboró un estudio entre 1947 y 1968 que demostró que el número de suicidios se incrementaba en todo Estados Unidos al mes siguiente de que el New York Times publicara en portada alguna noticia relacionada con un suicidio.

Realidad mata ficción y es imperativo no confundirlas. Varias asociaciones especializadas en salud mental han denunciado acerca de que la serie podría promover el suicidio entre los adolescentes. Kristen Douglas, responsable de la asociación australiana Headspace, considera que la ficción basada en la novela de Jay Ashe expone a los espectadores al riesgo de suicidio. La exposición al suicidio conduce al contagio de este tipo de actitudes[iv].

Por cierto, ¿A quién le importa el suicidio adolescente en Querétaro?

[i] Moreno, T. “INEE: 68 estudiantes dejan la prepa cada hora”. El Universal, 20 de abril del 2017.

[ii] “Aumenta desaparición de mujeres adolescentes en México”. Los Angeles Press, 2 de marzo del 2017.

[iii] Valadez, B. “En México cada día se embarazan 24 niñas”. Milenio Diario, 2 de junio del 2016.

[iv] “Denuncian que Por 13 razones puede incitar al suicidio adolescente”. ABC España, 19 de abril del 2017.

La memoria de las cosas.

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 654, del Diario de Querétaro del 16 de abril del 2017.

Los gabinetes de curiosidades, también conocidos como cuartos de maravillas, eran espacios en los que durante la época de las grandes exploraciones y descubrimientos del siglo XVI y XVII, se coleccionaban y exponían gran cantidad de objetos raros y extraños que representan todos o alguno de los tres reinos de la naturaleza de acuerdo a como se entendían y acuñaban en la época: animalia, vegetalia y mineralia, además de las realizaciones humanas. Los cuartos de maravillas son los antecesores directos de los museos modernos.

Es precisamente bajo la premisa de los gabinetes de curiosidades que la poeta Gabriela Jáuregui (Ciudad de México, 1979) construye su primer libro de relatos: La memoria de las cosas (Sexto Piso, 2015), un conjunto de 19 cuentos cortos diseminados en cuatro apartados: Vegetalia, Mineralia, Animalia y Artificialia.

A lo largo de la narrativa, se puede advertir la recurrencia a distintos tonos y voces narrativas que se adhieren a una innegable vocación poética, tanto por la proclividad a la creación de imágenes como en la manera en la que las palabras se van estructurando.

Es precisamente en la construcción de la estructura del lenguaje a través de la cual Jáuregui se permite establecer juegos de palabras que para algunos resultará en guiño poético, mientras que para otros se reducirá a imágenes cacofónicas. Por ejemplo, en el cuento “Pera cocodrilo”: “Huevo, esfera, pera. Fruto mantequilla. Maravilla. Oro verde. Cojones huevos testículos. Fruto afrodisiaco de semilla única” (página 15). O en “Esferas a la esfera, peras esperando, dejan de soñar”, (página 19).

Pero ese juego de palabras incita a la especulación del lenguaje, puesto en perspectiva con nuestras lenguas prehispánicas, no con afán de reconquistar el lenguaje, sino con la intención de que las palabras cobren un sentido y un significado cosmogónico. De esta manera, los aguacates formados y emparentados metafóricamente con los testículos, tienen su punto de encuentro en la palabra nahua ahuacatl o auacatl: especie de drupa llamada aguacate, fruto del árbol del mismo nombre. Testículo. En nuestra antigüedad, a los testículos se les llamaba aguacate, la prueba que da testimonio de la sexualidad del niño. Esa misma raíz (test-) la aportan las palabras testimonio, testigo, testamento…

En este sentido, Jáuregui coloca sus relatos en un epígono literario que encuentra la narrativa cosmogónica, la vocación poética y el estructuralismo lingüística, a veces demasiado academicista, lo cual puede significar un desafío para el lector o un goce estético para el autor.

“Estrategia de supervivencia” y “Follaje” se presentan intercalados como dos ejercicios de microficción contundentes y elocuentes que acaso salieron por algún reducto olvidado del gabinete.

La redundancia es un recurso al que la autora se acerca con insistencia que, si bien fortalece a la imagen de la curiosidad que está siendo construida, no aporta lo suficiente al retrato o relato que se está narrando:

“Sus interacciones eran codependientes. Siempre fueron codependientes. Por eso era adaptable. Se adaptaba fácilmente […] Hermoseaba. Era hermosa, bella. Su belleza era perenne y algunos la llamaban exótica. Era tan exótica, pero tan local a la vez. Dulce, fragante, elegante. Sí, elegante sería lo más preciso”.

Por momentos, esta redundancia sorprende al lector implicado en reiteraciones sensoriales en pleno afán de exploración: “Y verde. Sí: púrpura y verde, sobre todo. Y los volantes. Volantes y más volantes, velos, velamen, holanes”.

El cuento “Citlalli” es en el que Jáuregui coloca todos sus recursos narrativos en una especie de constelación simbólica, un universo inacabado que funge como punto de encuentro para la cosmogonía del gabinete.

Citlalli es un nombre personal femenino de origen náhuatl cuyo significado es “estrella”. También se suele escribir como Citlalí o Citlalin. Su forma reverencial es Citlaltzin. Etimológicamente significa estrella del amanecer, estrella nueva y venus como estrella que marca el amanecer. Citlaltépetl (cerro de la estrella) puede referirse al volcán Pico de Orizaba, en Veracruz, o al propio Cerro de la Estrella de Iztapalapa.

Es desde la relación de estos referentes simbólicos y semióticos que la autora construye el relato de una mujer cosmogónica, un arquetipo que se debate en el choque cultural que representa el presente y el pasado, la noción de universo y el erotismo de Venus: “El silencio. Es como si esta masa mojada que soy se extendiera, se esparciera hasta volverse nada. Inútil. Cuando la ciudad duerme, cuando todo está en silencio, me siento inútil. Sólo me queda esta idea, este silencio que es amar al hombre que duerme profundamente al lado mío. Su calor. Sus manos anchas”.

En “Diamante recuerdo”, Jáuregui juega con los recursos y cuenta seis historias distintas a partir de los servicios que ofrece la empresa DeBeers: transformar las cenizas del difunto en diamante. La mujer besando a su hombre a través del anillo. Los tres amigos geeks que deciden hacer un diamante con los restos de Daniela, una especie de ritual en torno al mundo de los cómics. La mujer que hace un diamante con los restos de Fifi, su perra fiel por más de quince años. El diamante hecho con el reticente profesor de Ciencias Políticas.

Y el diamante hecho con los restos de Tiffany, a son de “Diamonds are Forever” de Shirley Bassey, canción utilizada en una de las películas más emblemáticas de James Bond.

Interesante resulta también “Autobiografía”, más por su vinculación con significados (el lector deberá de investigar un poco) que por su postulación política que al final redunda en cliché cursi. En este cuento donde la imagen de Dimitri Beliáyev (escrito en el libro como Dmitri Belyaev), de Friedrich Nietzsche y de Grayatri Chakravorty Spivak (insisto, si quiere enterarse de qué va el cuento el lector deberá de investigar un poco) desvelan más quien está antes de la pluma que lo está escrito por esa pluma. Este cuento, ergo, se pierde en un halo academicista.

Extraña que, al ser escrito por alguien que se ostenta como obsesionada por el lenguaje, La memoria de las cosas presente errores de sintaxis por triste omisión o negligente descuido, al menos en el uso de vocativos: “Todo tuyo Iñaki, ¡a trabajar!” o “Pero sin embargo”, entre varios que se filtraron por el mismo reducto de donde salieron los dos microrrelatos citados supra.

Pudo haber sido un cuarto de maravillas. Jáuregui, fundadora de la editorial Sur+ con sede en Oaxaca, ha decidido que su primer libro de relatos sea solo un gabinete curioso de curiosidades.

Gracias, Sergio.

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 653, del Diario de Querétaro del 2 de abril del 2017.

Hacia la mitad de la década de los noventa los ojos del escrutinio público estaban volcados al fenómeno zapatista. La polarización política se alimentó de la violencia de los años 1994, 1995 y de las crisis económicas de entonces. Fuga de divisas, trataban de explicar con eufemismos los comentaristas especializados.

De fondo, había un fenómeno al que pocos o casi nadie le había dedicado su atención: los asesinatos de Ciudad Juárez. Para el periodista Sergio González Rodríguez este fenómeno cobró principal relevancia después de que una amiga muy cercana a él fuera asesinada en Chihuahua, quien en ese tiempo se desempeñaba como periodista para la revista Biblioteca de México, y editor y fotógrafo de la revista Luna Córnea, en donde tuve primer contacto con su trabajo visual y escrito, y en el periódico Reforma, medio que lo envió como corresponsal a Chihuahua para iniciar sus investigaciones acerca del asesinato de mujeres. En 1995 tuvo su primer viaje a Ciudad Juárez.

En su columna para El Universal del jueves 6 de abril, titulada “Sergio y las muertas” Héctor de Mauleón recordaba a Sergio tendido en la cama del hospital tras una golpiza que un grupo de sujetos le propinó al interior de un taxi en la Ciudad de México, a raíz de las investigaciones que Sergio llevaba a cabo.

En éste su Libro de Cabecera de nuestro suplemento BARROCO, número 595, del 7 de febrero del 2016, repasábamos el libro Huesos en el desierto (Anagrama, 2006), trabajo periodístico que recoge el producto de las investigaciones en torno al asesinato sistemático de mujeres en Ciudad Juárez.

En una de tantas tertulias, el poeta y amigo José Homero (Minatitlán, 1965) nos acercó una perspectiva distinta a Sergio desconocida hasta entonces por mí: un periodista apasionado que ha sabido integrar la investigación periodística a su discurso narrativo.

Es quizás por esta virtud particular de González Rodríguez que su discurso se ve influido por un halo de violencia cotidiana puesto en perspectiva desde la estética narrativa. Este halo ha influido innegablemente a escritores contemporáneos, de entre los que destacan a Emiliano Monge hasta el mismo Roberto Bolaño. Bolaño fue quien se acercó a González Rodríguez para solicitar su “ayuda técnica” en la elaboración de la inmensa novela 2666: “una metáfora de México y del pasado de México y del incierto futuro de toda Latinoamérica. Es un libro no en la tradición de aventura sino en la tradición apocalíptica” (Montoya y Esteban, Entre lo local y lo global: la narrativa latinoamericana del cambio de siglo, 1990-2006, Iberoamericana Editorial).

Querétaro recibió en varias ocasiones a Sergio. Unas como comensal en restaurantes taurinos, en el marco del Hay Festival 2016. Otras como miembro del legendario grupo Enigma, en la década de los setenta y, recientemente, el 22 de diciembre del 2012, en el toquín organizado por Circo Volador A. C., en el mismísimo hoyo funky de Felipe Carrillo Puerto que los viera actuar hace casi cuarenta años.

Bajista implacable con su inseparable bajo Rickenbacker, Sergio también fue un punto de encuentro entre voces y posturas tan disímiles. A él llegaban voces como las de Jenaro Villamil hasta del mismo Héctor de Mauleón. Acaso porque el mismo Sergio nunca antepuso algún interés político a su real pasión periodística.

Para no faltar al ámpula anual, reproducimos a continuación la última lista de los mejores libros del año según Sergio González Rodríguez.

Gracias, Sergio.

El mejor libro del año: Luis Villoro, La alternativa. Perspectivas y posibilidades de cambio.

Ensayo: Abraham Cruzvillegas, La voluntad de los objetos; Jaime Labastida, El amor, el sueño y la muerte en la poesía mexicana; Omar Nieto, Teoría general de lo fantástico; Maruan Soto Antaki, Reserva del vacío; Ernesto Lumbreras, Oro líquido en cuenco de obsidiana; Guillermo Sheridan, Habitación con retratos; Antonio Calera-Grobet, Sobras completas; Néstor García Canclini, El mundo entero como lugar extraño; José Woldenberg, La voz de los otros; Mario Casasús, Ignacio Manuel Altamirano en Morelos (1853-1901); Hugo Gutiérrez Vega, Otras voces, otros ámbitos; Evodio Escalante, Las metáforas de la crítica; Pedro Serrano, Defensas.

Ensayo político: Israel Covarrubias, Los espejos de la democracia; Froylán Enciso, Nuestra historia narcótica; Raúl Trejo Delarbre, Alegato por la deliberación pública; Enrique Díaz Álvarez, El traslado; Fernando Escalante Gonzalbo, Historia mínima del neoliberalismo; José Manuel Valenzuela y Rossana Reguillo, Juvenicidio; Enrique Krauze, El nacimiento de las instituciones.

Testimonio: Delia Juárez, edit., Así escribo; Orlando Ortiz, Jueves de Corpus; Julián Herbert, La casa del dolor ajeno; Sara Sefchovich, El cielo completo; Wilbert Torre, El despido; Leonardo da Jandra, Diarios (1999-2012); Julio Trujillo, Atajos y rodeos; Fernando Solana Olivares, Viernes.

Crónica: Héctor de Mauleón, La ciudad que nos inventa; Fabio Morábito, También Berlín se olvida; Jenaro Villamil, La caída del telepresidente; Alejandra S. Inzunza, et al., Narcoamérica; Juan Carlos Reyna, et al., Demasiados lobos andan sueltos; Daniel Lizárraga, et al., La casa blanca de Peña Nieto; Diego Olavarría, El paralelo etíope; Rogelio Villarreal, ¿Qué hace usted en un libro como éste?; Antonio Bertrán, Chulos y coquetones; Diego Enrique Osorno, Slim; Francisco Goldman, El circuito interior; Juan Villoro, Paco Ignacio Taibo II, et al., La travesía de las tortugas; Emiliano Ruiz Parra, Los hijos de la ira.

Edición conmemorativa: Mariano Azuela, Los de abajo (Víctor Díaz Arciniega, edit.); Salvador Elizondo, Diarios 1945-1985.

Premio Verborrea Insufrible o Pobres Bosques: Francisco Martín Moreno, México engañado (600 páginas para mostrar que los libros de texto de la SEP están equivocados, ¡puaf!).

Arte y fotografía: Ana Casas Broda, Itala Schmelz, Gerardo Montiel Klint, et al., Develar y detonar; Daniel Lezama, Árboles de Tamoanchan; David Fajardo Tapia, Bandidos, miserables, facinerosos; Dulce María de Alvarado, Performance en México: 28 testimonios, 1995-2000; Aurora Noreña, Ondulaciones sobre el puente; Alejandro Magallanes, et al., La delgada línea que divide el lado derecho del izquierdo.

Cuento: Gabriela Jáuregui, La memoria de las cosas; Luis Jorge Boone, Cavernas; Gabriel Bernal Granados, Murallas; Daniela Bojórquez Vértiz, Óptica sanguínea; Bernardo Fernández “Bef”, Escenarios para el fin del mundo; Alberto Chimal, Los atacantes.

Novela: Emiliano Monge, Las tierras arrasadas; Elena Poniatowska, Dos veces única; Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte; Élmer Mendoza, Besar al detective; L.M. Oliveira, Resaca; Gabriel Santander, La venganza de las chachas; Fabrizio Mejía Madrid, Un hombre de confianza; Julio Patán, Negocio de chacales; Hernán Lara Zavala, Macho viejo; J.M. Servín, Al final del vacío; Antonio Ortuño, Méjico; Sandra Lorenzano, La estirpe del silencio.

Poesía: Carmen Boullosa, Hamartia (o Hacha); Jorge Esquinca, Cámara nupcial; Rocío Cerón, Nudo vórtex; Luigi Amara, Nu)n(ca; Feli Dávalos, Mongolia; Julia Santibáñez, Rabia de vida; Eduardo Milán, Donde no hay; Julio Eutiquio Sarabia, El tenue rededor del mundo; Ana Rosa González Matute, Brizna de hierba; Héctor Carreto, Testamento de Clark Kent; Roberto Tejada, Todo en el ahora.

Primera novela: Bruno H. Piché, Los hechos; Verónica Gerber, Conjunto vacío; José Manuel Cuéllar Moreno, Ciudademéxico; Eduardo de Gortari, Los suburbios; Vicente Quirarte, La isla tiene forma de ballena; Roberto Wong, París D.F.

Antología: Eduardo Antonio Parra, comp., Norte; Orfa Alarcón, et al., El silencio de los cuerpos; Juan Domingo Argüelles, Breve antología de poesía mexicana; Carlos Martínez Rentería, et al., De equivocaciones y barbarie; Cristina Rivera Garza, et al., Con/dolerse.

El peor libro del año: Rossana Fuentes Berain, México 2020 (Medalla de Oro de Candidez Ultraliberal).

 

La superficie más honda.

 

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 652, del Diario de Querétaro del 26 de marzo del 2017.

México es tierra de narcos. Ese destino manifiesto e involuntario permea la realidad cotidiana de su gente, postrada en una rutina de violencia sistémica, sin tiempo para la reflexión y sin recursos para la contención.

He de reconocer que gracias al taller de escritura creativa cada martes con Fernando Tamariz, en el CEART, he adquirido nuevos enfoques y recursos para la creación y para la lectura crítica, una diferenciación pertinente que ha potenciado mi pasión por el relato.

A la mesa llegó de nuestro Libro de Cabecera llegó La Superficie Más Honda (Random House Mondadori, 2017) de Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), un compilado de once cuentos hilados temáticamente por el influjo de la violencia nuestra de cada día.

En principio esto se antoja a lugar común para los autores contemporáneos de la narrativa de los últimos quince años, al menos desde la frontera hasta los pertenecientes a la llamada “Generación inexistente”. No obstante, Monge desafía al lector con una temática, si bien recurrente, planteada desde una pluma breve, evocadora, rampante, concisa y heterogénea.

Politólogo por la UNAM, docente de la misma institución, Monge es autor de relatos, crónicas, reseñas literarias en la revista Letras Libres y La Jornada, y en el suplemento de libros Hoja por Hoja del periódico Reforma. También se desempeña como editor de libros y revistas, aunque en la actualidad se desempeña mayormente como escritor de tiempo completo. Ha sido beneficiado por el Sistema Nacional de Creadores del FONCA.

En esta semana, una candente e interesante discusión se gestó entre un grupo de colegas respecto a la expresión de una de nuestras superiores quien, abrumada por la violencia desatada en las últimas semanas en nuestro país, se refirió a las víctimas como “nuestros muertitos”. Al utilizar “nuestros” eufemismo (porque, a pesar de adoptar un tono de victimización y autoconmiseración, al final del día eso es un eufemismo), nuestra compañera acude a la apropiación de la víctima como uno de los nuestros, y a la retribución moral de llamarle “muertito” a una persona asesinada o muerta en hechos relacionados con alguna de las distintas expresiones del crimen organizado. “Nuestros muertitos” apela a nuestra capacidad irracional de integrar la tragedia y la violencia a nuestra vida cotidiana, como una especie de mantra, el accesorio macabro que nos distingue como ciudadano de este país. Más grave aún, los eufemismos contribuyen a la configuración generacional de un mosaico simbólico que solidifica la cultura de la violencia como una expresión folclórica.

¿Qué encontrará el lector en La superficie más honda?

El manejo de los tonos, es decir, el carácter o modo particular de la expresión y del estilo de un texto según el asunto que trata o el estado de ánimo que el autor pretende reflejar a través de su personaje, es peculiar por su contraste discursivo: el lector puede acudir desde la perspectiva del personaje a una situación límite, pero con un minimalismo establecido como una genuina concreción de ideas a través de textos trabajados, no obstante la breve extensión de cada relato.

En “Alguien que estaba ahí sobrando”, el protagonista (agonista, podríamos decir en este caso) emprende un viaje a Aquila, Michoacán en la búsqueda de quien puede ser un eventual amor de su vida. Pero en México se congregan muchos méxicos y, en el caso de Michoacán, esa realidad se condensa. Ya Rulfo nos adelantaba la incursión a tierras candentes, a espacios en efervescencia y en pleno debate entre la vida y la muerte.

En Aquila la vida pende de una huida, teniendo como escenario una tierra lejana en donde la miseria y la mezquindad se han instalado en el sentir de una población agreste como mecanismo de defensa.

En “Testigos de su fracaso” se presenta la perspectiva del nomadismo pendular al que una familia se ve conminada. La presencia latente de un ente anónimo en juego con un discurso sugestivo es suficiente para mantener en estado de alerta a quien involucra la lectura. Los sentidos se ven confrontados en el juego que la angustia y la celebración navideña en donde los protagonistas infantiles no tienen la más remota idea de qué es lo que está ocurriendo.

El estilo de Emiliano Monge es estridente sin recurrir a la militancia oportunista. La violencia, pues, es leimotiv, no el fin. La violencia ha dejado de ser una consecuencia para convertirse en algo natural, pero que quedado expuesto bajo el tamiz de la literatura.

En “Lo que no pueden decirnos” el huir de los personajes, en contraste con el de “Alguien que estaba ahí sobrando”, transmuta para ofrecernos una persecución distinta, más cercano al instinto de supervivencia que a la movilidad por conciencia de clase. Los dos protagonistas huyen ante una realidad donde las apariencias son certezas de que ni siquiera la huida nos puede sacar de esto: una especie de extranjeros en su tierra, parafraseando a Agustín Escobar Ledesma, más cercanos de lo que nos podemos imaginar.

A pesar de la necesidad de otorgar nombres a los personajes, Monge acierta en otorgar un carácter a veces genérico y otras anónimo, porque la violencia no hace distinciones de ninguna naturaleza. Más que del morbo, el lector es partícipe de la ignominia de la normalización de la violencia de la que ya se habló arriba. México es la distopía que se plasma en La superficie más honda con un cúmulo de evidencias contundente. Al menos el lector encontrará una salida el término del libro que, por cierto, se lee en unas cuantas horas. No así los personajes, quienes están prácticamente condenados a cohabitar de manera perpetua en la colección de los no-lugares.