Cronología del progreso

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 644, del Diario de Querétaro del 5 de febrero del 2017.

Progreso es toda innovación favorable a la vida humana, define Gabriel Zaid (Monterrey, 1934) con su distintiva ecuanimidad. Los progresos los podemos encontrar en la materia, en la vida, en la libertad, en la crítica, en el amor.

Pero cuidado, no toda innovación es necesariamente favorable para el beneficio del ser humano. Las reformas legislativas (pienso en el desencanto de las reformas estructurales), los cambios de denominación a ciudades (del DF a CDMX), los cambios en planes y programas de estudios de una institución educativa, la estructura arquitectónica urbana de una calle, el cambio de presidente en una nación…

La noción de progreso implica cuando menos tres elementos: cambio, tiempo y la noción de lo mejor. Pero estas cosas a su vez han sido negadas. Parménides, a través de su vía de la verdad, que se ocupa del llamado ente, apela a lo homogéneo, inmutable, inmóvil y perfecto. Einstein negó la existencia del tiempo a través de la teoría de la relatividad, no hay forma de especificar acontecimientos en los cuales todos puedan estar de acuerdo de manera simultánea, lo que ocurre “ahora”, al momento en que usted, Caro Lector, lee este texto, puede ocurrir en otros “ahora” para cualquier persona que se mueva a una velocidad distinta dentro del espacio. Nietzsche negó la existencia de lo mejor. Esto, así como la noción de verdad, es un recurso creado por los mismos seres humanos para ayudarse a comprender, a distinguir entre nociones engañosas determinadas por la adecuación que los mismos sujetos proponemos de acuerdo a nuestra propia perspectiva de la vida.

No obstante, Gabriel Zaid añade dos elementos más al concepto de progreso: la gradualidad en donde los cambios pueden suscitarse como saltos bruscos (Hegel) o como procesos graduales y paulatinos (Gould); y el rumbo, en donde el progreso puede concebirse como una orientación hacia una plenitud cada vez mayor (Hegel), o sin ningún rumbo determinado (Gould).

En el mito cristiano, el progreso ulterior es inconcebible, de acuerdo a la lectura de Zaid. Si bien en el Génesis se relata la Creación (la nada, la luz, los cielos, la Tierra, las especies vegetales y animales, el hombre y la mujer) en cuya serie el progreso encuentra su plenitud y culminación: Dios se complace con su obra terminada, más allá no hay nada nuevo bajo el sol, pero a su vez el fin de los tiempos redunda en el origen de los tiempos.

La idea de progreso se traslada al plano personal. La manifestación de esta apropiación subjetiva del proceso encuentra en nuestra cultura múltiples referentes, unas veces a modo de estímulos, otras como un conjunto sofisticado de pensamiento, es decir, una cosmovisión.

En este sentido, Zaid acota la idea de perfeccionamiento personal considerándolo como un proceso gradual (Hegel), cuyo origen data desde la aparición de la cultura cristiana, en el siglo IV, en donde se gestó mandamiento radical de ser perfectos, el modelo ascético del atletismo griego, la primacía del éxtasis superior a la acción presente con fuerza en los filósofos neoplatónicos y la invención budista de la vida conventual. En esta ruta monacal, la vida se presenta como un anticipo de la vida futura, una especie de entrenamiento previo del más allá en la Tierra, la idea de la utopía se expresa en un cielo nuevo y una tierra nueva.

En contraste, la idea de progreso moderno es gradual, histórico y social, no individual, es, a diferencia de la propuesta cristiana, es para Zaid un mito cristiano tardío que, desde el siglo XII, se convierte en un proyecto social, no personal.

¿Cómo puede haber progreso? La energía, el calor, la presión el movimiento, tienden a disiparse, enfriarse, nivelarse, detenerse. La vida –dice Zaid­– tiende a desorganizarse, la comunicación tiende al ruido, el orden al desorden, todo tiende a menos: a la degradación de la entropía. No obstante, el mito arcaico de la Creación desembocó en el mito moderno de lo que llamamos progreso. Suponer que, a pesar de los fetichismos que se le atribuyen, el progreso haya resultado fecundo obedece a que éste junto con el tiempo y el cambio existen. Si lo asumimos con sentido crítico y sentido del humor, como sugiere Zaid, estamos en posición de afirmar:

  • Que ha habido y seguirá habiendo innovaciones favorables a la vida humana.
  • Que el progreso existe.
  • El mismo progreso es, como concepto en sí, anterior a los ideales progresistas.
  • Que el progreso se puede ser gradual pero también se pueden presentar saltos.
  • Que del paso de la nada (ese sitio que algunos han llamado tiempo cosmogónico) a la energía, la materia, la vida, la inteligencia y el lenguaje son grandes saltos de una realidad que mejora.
  • Que el progreso milenario ha tenido rumbo a pesar de las vicisitudes, y debería tenerlo desde una perspectiva prospectiva. Aunque es difícil determinar un rumbo particular, es deseable lograr ese objetivo.

En nuestra contemporaneidad coyuntural, el debate entre tiempos pasados y futuros carentes de certeza, la idea de progreso se presenta como una incitación. No obstante, dice Zaid, “no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor. Ni que todo lo más reciente es mejor. Ni que el futuro será siempre mejor. Pero cabe desearlo, y trabajar porque así sea, con optimismo razonable” (página 15).

Entre la discusión de los apocalípticos (aquellos para quienes la cultura de masas y los medios de difusión destruyen las características de cada grupo étnico, el público no expresa sus diferencias y, por lo tanto, se mantiene conforme con lo que se ofrece) e integrados (aquellos que hacen una interpretación benévola sobre los resultados que provoca la cultura de masas como el acceso de todos a la cultura), la idea de progreso se hará presente en el día en que lo pobres sean protegidos como especie en extinción. No obstante, la idea de desigualdad seguirá vigente, incluso, si toda la sociedad fuera millonaria, la desigualdad persistiría, vaticina Zaid.

La idea de progreso es tratada desde la cultura, los procesos de producción, la idea de la revolución urbana y su consolidación en cultura comercial, la idea del progreso en la Historia y el progreso moral son las variables a través de las cuales Gabriel Zaid presenta su cronología del progreso.

El Progreso, entendido como toda innovación favorable a la vida humana ya sea en el mundo físico, biológico o cultural, teórico o práctico, individual social, debería de ser elevado a rango de escrutinio racional y no solamente como una consecuencia circunstancial. De este modo, hablando específicamente del progreso moral, Zaid afirma que lo deseable es que todo se arregle pacíficamente, pero basta con alguien decidido a usar la fuerza contra los que renuncian a la fuerza (y aprovechando eso, precisamente) para que el buen deseo resulte contraproducente: para que todo dependa de la fuerza del abusivo. Bajo ninguna circunstancia podemos considerar proceso a aquello que no produce.

Sala de urgencias

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 617, del Diario de Querétaro del 17 de julio del 2016.

“Ya llevo 16 operaciones. Pero además estuve un mes en coma después de que, a bordo de mi motocicleta, me estampé en avenida Constituyentes a la altura del puente del camino a Candiles”. Se trata de Guillermo, un paciente nada impaciente (de acuerdo a la versión que él da de sí mismo) que permanece sentado en el área llamada “Primer contacto”. Viste un bermudas gris, camiseta negra sin mangas y una pequeña mochila donde guarda religiosamente sus cantidades ingentes de medicamento. Llega a Urgencias por presentar un intenso dolor en su pierna derecha a consecuencia de una descalcificación: “Yo creo que sí se puede salvar mi pierna”, dice con una sonrisa impertérrita quien a sus 36 años está obligado a usar hemodiálisis.

Como Guillermo cerca de treinta personas permanecen en la zona de Primer Contacto: Felipa, una mujer quincuagenaria de mirada profunda y amable que presentó complicaciones intestinales a consecuencia de su diabetes descontrolada; José Hernández, un hombre de inmensidad espiritual y física, dializado, cuyas extremidades están siendo atacadas por un dolor inédito en su historial clínico; Gaby, una estudiante de preparatoria que, no obstante su edad, presenta un fuerte dolor de riñón: “Ya vez por estar poniéndole tanta San Luis”, le reclama cariñosamente su madre; Guadalupe, una mujer afanosa y muchas ganas de ir a la playa, pero que reporta intensos dolores en la espalda baja: “Yo creo que es del riñón. Es que no me gusta tomar agua”, dice mientras confronta la molestia con una sonrisa diáfana y contagiosa.

A pesar de su innegable pertinencia, el servicio de Urgencias del Hospital General Regional Número 1 del IMSS (HGR No. 1) reportó 2040 quejas en el periodo de 2013 al 2015, de acuerdo a registros de la Coordinación de Atención y Orientación al Derechohabiente. Las otras dos áreas que reportan el mayor número de reclamos son afiliación y cobranza.

“No, no voy a borrar el video. Y los voy a denunciar. Ya basta de que nos estén tratando con este pésimo servicio: ¡Ustedes son unos carniceros!”. Tras los gritos, la señora Magdalena amaga con denunciar a la enfermera que atendió a su madre, ya que “lleva más de cuatro horas en esa camilla y no la pasan a piso. ¿Qué esperan?, ¿qué se esté muriendo para que la puedan atender? O ya, de plano, que me digan que la van a dejar morir para llevármela”. La madre de doña Magdalena presenta complicaciones cardiacas por diabetes. El argumento de la enfermera es que “en el área de Triage nos dijeron que no era una urgencia, el padecimiento de la señora se puede controlar en la clínica familiar”. El Triage (por su forma francesa) o Triaje (en su forma castellana) es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles, evitando en la medida de lo posible que se retrase la atención del paciente que empeoraría su pronóstico por la demora en su atención. Por tanto, evalúa el riesgo inmediato de muerte y las posibles complicaciones derivadas de la espera. En situaciones de demanda masiva, atención de múltiples víctimas o desastre, se privilegia a la víctima con mayores posibilidades de supervivencia según gravedad y la disponibilidad de recurso. Quizás a ello se deba que la enfermera le haya dicho a un paciente con dolencia abdominal: “Si llega un infartado le voy a dar prioridad a él”.

“No te preocupes, yo estoy aquí contigo. Háblame, no pienses en el dolor. Solamente debemos esperar a que te haga efecto el analgésico”, decía Marijó, una enfermera del turno matutino, a su paciente que permanecía en pasillo antes de ser evaluado por el cirujano de guardia para una eventual intervención quirúrgica. Los pacientes saben que se acerca Marijó porque su presencia es antecedida por un olor a flores que contrasta violentamente con la apabullante manifestación de gritos, dolores, llantos, padecimientos y muertes. “Trato a mis pacientes como me gustaría ser tratada a mí. Trato de comprender su dolor, y me angustia no poder hacer lo suficiente para aliviarlos. ¡Imagínate! Tarde o temprano me va a tocar estar a mí del otro lado”, dice mientras administra una fuerte dosis de Naproxeno vía intravenosa.

A pesar de la reciente inversión de 2.8 millones de pesos que se utilizaron para el mejoramiento del área de Urgencias, se siguen utilizando los pasillos para la atención a pacientes, las camillas son insuficientes, no se cuenta con espacios adecuados para Primer Contacto, solamente se cuenta con un cirujano para el turno matutino y otro para el turno vespertino, la atención a Especialidades (por ejemplo, Proctología) está limitada a un solo médico en turno vespertino, por lo que si se presentara un caso de real urgencia para esta especialidad, el paciente tendría que esperar a ser atendido hasta después de las 15:00 hrs. El tiempo promedio en el que un paciente espera en la zona de Primer Contacto (en la mayoría de los casos lo hace sentado en una silla no acondicionada para fines clínicos) ronda entre una y dos horas, aunque, como en el caso de Guadalupe, puede convertirse en calvario: “¡Llevo aquí desde las 11:00 hrs. y ya van a dar las seis de la tarde!”, espetó con un grito hilarante que despertó a algunos de los pacientes que dormitaban en Primer Contacto a consecuencia del medicamento.

De las 23 Unidades de Medicina Familiar, siete se encuentran en el municipio de Querétaro, incluyendo al HGR No. 1. En la sala de Urgencias las barreras de las clases sociales se difuminan al tenor del padecimiento, lo único que cambia es la gravedad del mal. Una familia se abraza en la puerta principal de Urgencias: “Mi padre acaba de morir a consecuencia de un infarto”, dijo una mujer cuyo sofisticado smartphone delataba su estrato socioeconómico. Enseguida, una anciana ataviada de una bolsa para el mandado y un chal se acercó ofreció para rezarle un padrenuestro y un avemaría al nuevo “invitado a la fiesta del señor”, como la misma anciana diría.

Intempestivamente, en el intenso bullicio de la sala (un ir y venir casi infinito de enfermeras, camilleros y enfermos famélicos) irrumpió desde el Pediluvio el grito de dolor de un paciente. Aquello hizo pensar que en la sala de Urgencias se había implementado ya el servicio de exorcismos. “Nos va a odiar por esto, pero le juro que se va a sentir mejor”, dijo Abraham. “Grite, no se preocupe, nosotros estamos aquí para apoyarlo. ¿Listo? Va a doler mucho, uno…, dos…, ¡Tres!”, dijo Juan Malagón tras lo cual vinieron nuevamente los alaridos de aquel infortunado paciente. Pero, allende los gritos, Abraham y Malagón, dos recién egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Querétaro, dieron férrea muestra de lo que es el servicio de urgencia desde la perspectiva del médico practicante: serenidad, atención, humanidad, confianza, apoyo y sentido del humor. “No nos vaya a golpear por esto, señor” dijo Malagón a su paciente mientras se preparaba una nueva maniobra de curación: “Uno…, dos…, ¡Tres!”

De primeras damas, presidentas y reinas.

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  1. Si no decimos Francisco Domínguez de Castro, ¿por qué sí es aceptable decir Karina Castro de Domínguez?
  2. Se es primera dama por el hecho de ser esposa del gobernador, a quien jamás nos hemos referido como primer caballero, ¿o sí? Se es presidenta del sistema DIF estatal por el simple hecho de ser esposa del gobernador, al menos así lo ha constatado la historia y tradición de nuestra entidad. ¿Lo anterior se da por el hecho de ser mujer?
  3. Con base en lo anterior, ¿no constituye esto un estigma insalvable que condiciona a una persona por su condición de mujer, de primera dama, de esposa del gobernador?
  4. En las fiestas patronales de los municipios de Querétaro se nombran reinas de entre las ciudadanas de cada municipio. El nombramiento lo hace a criterio unilateral y arbitrario el alcalde, quien invita a la elegida a ser reina de las fiestas.
  5. De acuerdo a la RAE, y siguiendo la acepción que nos ocupa, reina se define como “persona, animal o cosa que por su excelencia sobresalen entre los demás de su clase o especie”, y como la “persona designada para mandar a los demás en juegos y fiestas”.
  6. Algunos medios han ido más allá, refiriéndose a la representante de la mujer (sic) de cada municipio con el apelativo de soberana, aquella persona que “ejerce o posee la autoridad suprema e independiente”, de acuerdo a la acepción que nos ocupa. No obstante, no deja de ser interesante la segunda acepción de soberano: “muy grande, elevado, extraordinario”.
  7. Ante la ausencia de periodismo de investigación serio, algunos medios informativos optan por tomar fotografías y datos personales de las redes sociales de las personas involucradas en hechos noticiosos, de acuerdo a lo que cada medio considera como digno de ser noticia conforme a su criterio editorial.
  8. Más allá de que lo anterior sea un ejemplo de la ausencia de periodismo y deontología de medios, ¿es necesariamente violencia que algunos medios accedan a esos datos si la persona que es noticia ha sido la responsable de subir información personal a sus redes sociales? Si es así, ¿por qué se opta por elevar a rango de tribunal las redes sociales en lugar de la persona afectada interponga una denuncia?
  9. Al ser nombrada reina, primera dama, presidenta del sistema DIF, la persona investida es colocada en el espectro acéfalo del escrutinio público, lo cual de ningún modo justifica la comisión de actos violentos en su contra, reprobables en todos los sentidos. ¿Pero una crítica es necesariamente un acto violento Con la reacción defensiva de algunas instancias oportunistas ante supuestos actos de violencia y discriminación no se está fortaleciendo el estigma y el considerar como objeto a una mujer?
  10. Lo curioso es que ni el título de primera dama ni el de reina de las fiestas son títulos oficiales, electivos, ni poseen obligaciones oficiales. Tampoco se percibe algún salario por el cargo, a diferencia de ser presidenta del DIF donde a nivel federal fue nombrada Laura Vargas en lugar de Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto.

Mi respuesta a funcionario del IQCA

El día de hoy a las 18:04 hrs. recibí el siguiente mensaje vía WhatsApp:

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Se trata del comentario de una persona que al parecer es funcionario público del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes (IQCA) quien se ha sentido aludido por mis comentarios hacia el trabajo de dicha institución, por ejemplo, en ¿Quién escribe las publicaciones del IQCA?

Funcionario público:

  1. Como ciudadano y periodista independiente, mi libertad de expresarme en redes sociales es tan legal y legítima como el derecho que tiene usted de no leerme.
  2. La redes sociales han sido y seguirán siendo la plataforma para expresar mis puntos de vista. En una sociedad que se ufane de democrática debe de existir de todo, y de ese todo cada quién tendrá la facultad de elegir lo que le agrade. Mis textos son parte de ese todo; aún hay gente a la que le agradan mis veleidades.
  3. De lo anterior se desprende que su disyuntiva no tenga respuesta. En todo momento me he referido a la institución y a funcionarios desde un enfoque genérico, sin nombres y con apego a la crítica. Parafraseando a aquel mensaje de los ochenta: la calidad de mis textos es responsabilidad de mi autoría; la autoalución o autoadjudicación es responsabilidad de usted. En caso contrario, ¿sería posible que mostrara una evidencia en donde hago referencia de manera explícita a su persona? Y si así fuese, ¿estaría yo cometiendo un agravio, un delito, un atentado?
  4. De acuerdo a los derechos y deberes de los funcionarios públicos (cuyo documento no me atreveré a citar porque es obvio que usted como funcionario publico lo conoce) debería saber que “Su actuación perseguirá la satisfacción de los intereses generales de los ciudadanos y se fundamentará en consideraciones objetivas orientadas hacia la imparcialidad y el interés común”.
  5. Asimismo, como funcionario publico debería saber que “Su conducta se basará en el respeto de los derechos fundamentales y libertades públicas, evitando toda actuación que pueda producir discriminación alguna por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género, sexo, orientación sexual, religión o convicciones, opinión, discapacidad, edad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social“. Las negritas son propias.
  6. Y, además, “Se abstendrán en aquellos asuntos en los que tengan un interés personal, así como de toda actividad privada o interés que pueda suponer un riesgo de plantear conflictos de intereses con su puesto público”.
  7. Solo por poner un ejemplo. Cuando Nicolás Alvarado fue nombrado director de TV UNAM y fue vilipendiado con saña y odio en redes sociales, privilegió en todo momento la libertad de expresión de sus detractores. Debería de saber que su trabajo como funcionario público está bajo constante escrutinio público.
  8. ¿Debería sentirme preocupado por su mensaje? Prefiero no esperar que la realidad materialice mi respuesta. Hago público el mensaje bajo el amparo de la razón, la libertad y el buen juicio.

Lo que nunca dijeron los que supuestamente lo dijeron

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 606, del Diario de Querétaro del 17 de abril del 2016.

Hay una frase que un servidor suele utilizar para esgrimir sagacidad retórica cuando la discusión en torno a la libertad de expresión ha llegado a un punto ciego: “detesto lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo”, la cual se atribuye automáticamente a Voltaire.

En el 2012, Jonah Lehrer, periodista de la prestigiosa revista The New Yorker, había obtenido un contrato con la editorial de temas educativos Houghton Miffin, con dos libros: How We Decide (Houghton Miffin Haocourt, 2009) e Imagine: How Creativity Works (Houghton Miffin Harcourt, 2012). El primero era considerado el primer libro que presentaba los más recientes descubrimientos de la neurociencia para ser aplicados en la toma de decisiones de nuestra vida diaria. El segundo era una especie de ensayo en donde Lehrer rompía con el mito de las musas, de los grandes talentos, demostrando que la creatividad no era un regalo divino atribuido a unos cuantos suertudos.

“Es una cosa muy difícil de describir. Se trata solamente de este sentimiento que consiste en tener algo qué decir”, decía Bob Dylan en el primer capítulo de Imagine: How Creativity Works, donde además se abundaba en el proceso creativo del compositor de “Like a rolling stone”.

Suena bien, ¿verdad? Solo que hay un pequeño detalle. Dylan nunca dijo eso.

El 30 de julio del 2012, Michael Moynihan, periodista de la revista Tablet, publicó un reportaje titulado “Jonah Lehrer’s Deceptions” en donde puso de manifiesto el escándalo de plagio en que había incurrido Lehrer: “Le pregunté por siete citas de Bob Dylan, tres de las cuales no aparecían en ningún sitio, al menos en la forma en la que se recogían en el libro; otras tres que incluían partes de citas de Dylan reales, y una que había sido sacada totalmente de contexto”, aseguró Moynihan en una entrevista para la BBC.

Al principio, Lehrer respondió que las citas provenían de una entrevista de archivo suministrada por los representantes de Bob Dylan, algo que nunca ocurrió. Posteriormente, reconoció su mentira: “Fue dicha en un momento de pánico. Las mentiras ahora se terminaron. Entiendo la gravedad de mi postura. Quiero disculparme con todos a los que he decepcionado, especialmente mis editores y lectores”, dijo el periodista. Entre las citas puestas en duda por Moynihan, hay una que apareció en los setenta en un documental. Cuando a Dylan le preguntan sobre sus canciones, responde: “Tan sólo las escribo. No hay un gran mensaje”. En Imagine… , Lehrer añade una tercera oración: “Deja de pedirme que lo explique”, que en realidad nunca aparece en la película.

No bastó su disculpa pública. Además de perder su trabajo en The New Yorker, los libros de Lehrer fueron retirados del mercado a pesar de que Imagine… ya había vendido 200 mil copias. Houghton Mifflin consideró los actos de Lehrer como un abuso grave en contra de la editorial y, sobre todo, en contra de los lectores.

Tanto mi estupenda sagacidad para blofear con Voltaire, como el acto oportunista de Lehrer, caro lector, ambos actos provienen de la arraigadísima costumbre de citar erróneamente o fuera de contexto. El libro titulado They never said it. A book of fake quotes, misquotes and misleading attributions (Oxford University Press, 1990) de Paul F. Boller y John George quizás pueda arrojar algo de luz al respecto. Veamos algunas de las más célebres.

  1. Neil Armstrong: Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad. El 20 de julio de 1969, a las 10:56, el astronauta Neil Armstrong salió del módulo lunar que le había llevado a través de miles de millas de espacio para convertirse en el primer ser humano en pisar la luna. Su sentencia sobre aquel hecho histórico se transmitió en todo el mundo. Pero cuando volvió a la Tierra descubrió que había sido malinterpretado: “Este es un pequeño paso para un hombre,” que había anunciado, “un gran salto para la humanidad”. Pero debido a la estática, la preposición en inglés “a“, había quedado fuera de su discurso, arruinando así el contraste que había hecho entre un hombre (a man) y toda la humanidad. Los periódicos y las agencias de noticias informaron de inmediato la corrección de Armstrong, pero la versión defectuosa sigue circulando.
  2. Galileo: Eppur si muove, traducido del italiando como Y sin embargo se mueve. En realidad no hay evidencia de que Galileo haya susurrado obstinadamente estas desafiantes palabras tras ser obligado por la Inquisición en 1633 a abjurar de su creencia de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Fue un escritor francés, en un libro publicado más de un siglo después de la muerte de Galileo, el que puso las palabras en la boca del gran científico. Pero, sin duda, la anécdota es reconfortante.
  3. Voltaire: No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. Como señalábamos al principio, esta cita atribuida obstinadamente a Voltaire, es una de las más populares entre los defensores acérrimos de la libertad de expresión. Pero Voltaire nunca pronunció estas palabras; y no hay ninguna razón para suponer que alguna vez trató de luchar hasta la muerte de Claude Adrien Helvetius, el filósofo francés en cuyo nombre se supone que han hecho su célebre declaración. La cita original proviene de un libro publicado en 1906 titulado Los Amigos de Voltaire, escrito por S. G. Tallentyre, el seudónimo de Evelyn Beatrice Hall.

De acuerdo con Evelyn Hall, en 1758 Helvetius publicó De L’Esprit (En la Mente), exponiendo la idea de que el egoísmo y las pasiones son los únicos resortes de las acciones humanas y que no hay tales cosas como las virtudes y los vicios. Si bien Voltaire no se impresionó con el libro, las autoridades civiles y eclesiásticas interpretaron la publicación con un agravio, por lo que el libro fue condenado por el Parlamento de París, atacado por el Papa, censurado por la Sorbona, condenado a la quema pública a cargo del verdugo, y su privilegio de publicación revocada.

Con gran angustia, Helvetius insistió en que había escrito De L’Esprit en estado de perfecta inocencia y que no había tenido la más mínima idea del efecto que produciría su publicación. El Parlamento finalmente aceptó su argumento, y tras imponerle una ejemplar multa, le fue retirada la mayordomía que tenía desde hacía años y fue conminado a exiliarse durante dos años en Vorë.

“¡Vaya alboroto por una tortilla!” Voltaire exclamó al oír acerca de la quema de libros. Tomando en cuenta lo anterior, Evelyn Hall optó por adoptarlo en su novela de la siguiente manera: “–No estoy de acuerdo con lo que dices, pero yo defiendo hasta la muerte tu derecho a decirlo– era su actitud ahora. ” De ninguna manera la autora afirma que Voltaire se haya pronunciado de manera oral o por escrito al respecto, simplemente trató de narrar la actitud general de Voltaire, de ahí la explicación que dicha cita la haya puesto entre comillas. Cuestionada al respecto en 1935, explicó: “No tenía intención de dar a entender que Voltaire haya pronunciado al pie de la letra estas palabras”.