Sobre Juan Caballero y el ocioso Osio. #EdipoGramatical

En el marco de las celebraciones del Día de Muertos, en el centro histórico de Querétaro se erigió un altar en honor a Don Juan Caballero y Osio, benefactor de la ciudad. El nombre del homenajeado no pasó desapercibido para los paseantes: la placa del nombre ponía Ocio en lugar de Osio.

Todo pudo haber quedado como una lamentable errata. Afortunadamente no fue así. Lo considero afortunado porque se presentaba la oportunidad para un debate no solamente nutrido desde los argumentos institucionales encargados de la cultura y el turismo estatal, sino para establecer el diálogo en torno a un asunto de interés intelectual. Vale la pena.

El periódico local Plaza de Armas lanzó el desafío arguyendo a favor de “Osio”. El gobierno estatal respondió con un boletín de prensa apelando al “Ocio” (la ironía es gratuita). Las fuentes del periódico las puedes consultar aquí.

A continuación, te presento el boletín. Quien lo haya escrito lo hizo con las patas:

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  1. Incompetencia: cualquiera que haya redactado boletín no tiene el menor cuidado sintáctico y semántico del (de él) mismo.
  2. Solecismo: “Como cada año, la Secretaría de Turismo del Estado, coloca una ofrenda de muertos en Plaza de Armas…”. ¿La coloca pero no la colocó?
  3. Pobreza léxica: “Con el objetivo de promover esta bella tradición…”, “…generar un atractivo turístico…”. ¿Cual tradición?, ¿es bella?, ¿qué significa generar un atractivo turístico?
  4. Impropiedad: “En este 2015, se dedicó el altar de muertos…”, ¿cuál altar?, ¿pues no se hablaba al principio de ofrenda?, no toda ofrenda es necesariamente un altar.
  5. Cacofonía y pobreza léxica: “…surgieron en redes sociales y el algunos medios de comunicación, algunos comentarios, creando cierta polémica…” Tan abominable como impersonal, ¿los comentarios surgieron creando cierta polémica o crearon polémica porque surgieron?
  6. Modismos y lugares comunes: “Cabe mencionar…”, pues por supuesto que cabe, hasta donde va el boletín no se ha mencionado nada, ¿qué significa “cabe mencionar”?
  7. Impropiedad e idiotismo: “…la Secretaría de Turismo, realizó una investigación histórica y documental…”. Sin palabras.
  8. Pobreza léxica y anfibología: “…misma que fue apoyada…”, ¿quién fue apoyada, la secretaría o la investigación? “…y supervisada por catedráticos e historiadores, tales como el Maestro en Historia, Edgardo Moreno”. ¿Por qué razón se hace referencia a catedráticos e historiadores cuando al final solamente se menciona a un maestro en Historia?
  9. Pleonasmo: “…citamos a continuación la explicación literal…”.
  10. Impropiedad: “…que nos proporcionó el Maestro…”, ¿por qué se escribe maestro con mayúscula?. “respecto al nombre de nuestro homenajeado”, ¿cuál homenajeado?
  11. Ridículo y lo que resulte: el boletín está firmado por Edgardo Moreno.
  12. En el uso de las comas (una perversa elucubración contra los pobres enunciados del vilipendiado boletín) la Secretaría de Turismo del Estado (¿cuál estado?) lleva su lerda penitencia.

La isla de la pasión: la ironía de sobrevivir y servir.

Sobrevivientes de la isla de Clipperton.

¿Cuántos libros han sido capaces de arrancarte al menos una lágrima al término de su lectura? Si tu respuesta ha sido más de uno, siéntete orgulloso de tener en tu haber literario al menos una referencia bibliográfica capaz de detonar con efervescencia estética tus sentimientos. Pero si tu respuesta es ninguno, tal vez puedas inaugurar una nueva gaveta bibliográfica que se titule Textos peripatéticos con “La isla de la pasión” (1989), ópera prima de Laura Restrepo.

Quizás, de pronto, el título padezca un reduccionismo simbólico cercano a la más inmediata frivolidad. Al tratarse de una novela histórica, los anclajes con los elementos geográficos presentes en la obra se explican en la narración: la isla de Clipperton es conocida también como la Isla de la Pasión, un atolón coralino actualmente deshabitado que consta de 6 km de superficie y 8 km de circunferencia. La descripción de Restrepo es construida con una estupenda determinación a partir de rudimentos mínimos de la semántica marítima, apropiadas para la narración y aptas para cualquier lector.

Clipperton es un cronotopo per se tanto desde el ámbito literario como del político. Es probable que la isla esté en disputa entre el gobierno de México y el de Francia, específicamente con la administración de Polinesia.  Clipperton es por momentos espacio simbólico, universo, antagonista, ilusión y realidad. Con su ridícula población de palmeras, Clipperton es el escenario de una determinación famélica en múltiples sentidos que anima a la consternación.

La mano de Porfirió Díaz puso orden ignorando los reclamos franceses y legitimando el control inglés y estadounidense en el atolón para, posteriormente, decretar que la isla le pertenecía a México por herencia. Para signar lo anterior, Díaz mandó a construir un faro que se vinculó con los trabajos previos de la compañía de extracción de guano; y envió una guarnición militar con el objetivo de defender y habitar Clipperton. El capitán Ramón Arnaud y su esposa Alicia será los primeros gobernantes legítimos de este inusual espacio, acompañados por un centenar de personas entre hombres mujeres y niños.

La voz narrativa es un juego armónico entre las voz de la autora en el rol de investigadora y la voz del narrador omnisciente, cuyo grado de participación es manejado con una compleja y evocadora sencillez en distintos escenarios de la acción. La perspectiva de la narración, acaso por momentos predecible, involucra al lector a un espacio sensible de intensas evocaciones históricas y oníricas, sin rayar en la pretensión existencialista. Al tratarse de una novela histórica, este tipo de experiencias se colocan en un plano imaginario arquetípico, solamente posible de ser evocado en Clipperton.

Acaso uno de los momentos de mayor angustia sea la disyuntiva entre sobrevivir y servir a la patria. En el tiempo detenido de Clipperton irónicamente depende del tiempo cosmogónico, del tiempo de la historia misma. La evolución de los personajes es generada por la pasión más que por el nuevo orden mundial. La transformación de los personajes dará cuenta de ello. Tal vez, sin proponérselo, Restrepo nos presenta una representación elocuente del fracaso de la Revolución Mexicana y la situación de México ante el advenimiento de la modernidad industrial. El sobrevivir puede esperar si se trata de defender la patria. El siglo XX será, pues, una paradoja. Como lo ha sido para nuestra historia desde entonces.