¿Soy una adolescente en riesgo de tener un embarazo no deseado?

Amiguita: resuelve el siguiente cuestionario. Solamente podrás responder sí o no. No te preocupes, solamente tú tendrás acceso a las respuestas. Para que el experimento funcione, sé lo más honesta posible.

Situaciones No
1. Tu menarquia (es decir, tu primera menstruación) te llegó a temprana edad (10-12)    
2. Sientes muchos deseos y mucha curiosidad por tener relaciones sexuales.    
3. Ya tienes una vida sexual activa con tu novio.    
4. No tienes la más remota idea de qué es la fisiología de la reproducción. Y no te importa.    
5. Padeces lo que se llama “analfabetismo sexual” porque ni tus padres, ni tus maestros, ni en tu centro de salud, ni en la comunidad en general te han hablado de temas relacionados con la sexualidad.    
6. Te sientes como las actrices de las películas o las telenovelas y quieres sentir y hacer lo mismo que ellas: te crees la Anastasia de las 50 sombras de Grey.    
7. Vives en situación de riesgo porque perteneces a estratos socioeconómicos bajos. Tú y tu familia tienen mucha necesidad económica.    
8. Tienes relaciones sexuales poco estables y con diferentes personas.    
9. Tu nivel educativo es muy inferior porque eres mala estudiante.    
10. Eres hija o hermana de una madre adolescente.    
11. Eres víctima de abuso sexual, maltrato físico o violencia por parte de tus padres, hermanos y hasta de tu novio. Y no lo quieres reconocer ni denunciar.    
12. Tu familia es muy inestable.    
13. Tu familia es demasiado estricta.    
14. Tu familia es demasiado permisiva.    
15. Tu familia es muy conflictiva, las peleas y discusiones sin sentido son cosa de todos los días.    
16. Sientes que en tu familia no se transmiten afecto.    
17. Sientes que tienes baja autoestima.    
18. No cuentas con ningún proyecto de vida.    
19. Quieres independizarte a como dé lugar de tu familia.    
20. Tienes amigas embarazadas que te presionan para que seas parte del grupo.    
21. Tu novio quiere tener un hijo contigo para sellar su amor.    
22. Crees que la maternidad es la forma más sublime de realización de la mujer.    
23. Sientes culpa, miedo o vergüenza por tener una vida sexual activa.    
24. Te sientes obligada a ser madre porque es una tradición familiar.    
25. En tu congregación religiosa te infunden la idea de que la sexualidad solamente debe presentarse para tener hijos.    
26. Crees que el hombre debe de ser arrogante, rudo, el que domine en la relación: el macho que siempre has deseado tener.    
27. Crees que la mujer debe de ser sumisa, dócil, la que sacrificará su vida para proteger a su esposo y a sus hijos.    
28. Crees que la maternidad es la máxima manifestación de la femineidad.    
29. No sabes usar métodos anticonceptivos. Es más, eres incapaz de ir a la farmacia a comprar un condón.    
30. Ves adolescentes embarazadas a tu alrededor y te dices a ti misma: “Bueno, eso no podría ocurrirme a mí”    
Si respondiste SÍ a una de las situaciones, el riesgo de embarazarte está presente. Si respondiste SÍ a la pregunta 6 y a la mayoría de las situaciones, déjame decirte que además de tener un pésimo gusto literario, tienes un enorme riesgo de tener un embarazo no deseado. Si respondiste NO a todas, ¡Felicidades, el mundo te pertenece! Eres dueña de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tu tiempo y de tu libertad. Podrás llegar tan lejos como quieras llegar.

La pedagogía lasallista ante los desafíos del siglo XXI. Algunas ideas para comprender la vigencia y significación de la educación lasallista en nuestros días.

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I

El presente trabajo tiene en un primer momento la intención de presentar algunas ideas, inferencias y líneas de acción e intervención a partir del acercamiento a la Pedagogía de Juan Bautista de La Salle (en adelante JBS), su vigencia y significación en el ámbito educativo de cara a los desafíos que impone el contexto contemporáneo. Asimismo, pretende animar a una revisión y actualización de la Pedagogía Lasallista a grado tal que nos permita:

  • Comprender e inferir la relación del Lasallismo con el Humanismo y su vigencia y presencia en el siglo XXI.
  • Abordar en perspectiva la Pedagogía Lasallista respecto a otras propuestas pedagógicas y misiones educativas de orden religioso.
  • Acercarnos a los conceptos clave de la Pedagogía Lasallista entendida esta como un sistema teórico de inspiración cristiana que ocupa un lugar trascendental en la historia de la pedagogía y de la educación.

Como segundo momento, se presenta un acercamiento al Modelo Educativo Lasallista configurado a partir de la propuesta pedagógica de JBS, el cual propugna la animación de dicha propuesta a través de su aplicación directa en la didáctica del colaborador docente, tanto en la práctica cotidiana como en el proceso de reflexión y evaluación de la acción e intervención educativa.

Como último momento, se enunciarán las deduciones y líneas de acción a seguir para propiciar una implementación adecuada efectiva y adecuada de los postulados lasallistas ante los desafíos que impone el siglo XXI.

II

El término Pedagogía Lasallista se refiere al corpus teórico fraguado por el intercambio de ideas entre JBS y las aportaciones de los primeros Hermanos Lasallistas en el periodo comprendido entre 1680 a 1719, y por las de los lasallistas tanto de los siglos XVIII, XIX, XX como de los contemporáneos. No obstante, la Pedagogía Lasallista no surgió tácitamente como un postulado teórico de la educación.

Como modelo pedagógico, la Pedagogía Lasallista integra los elementos elementos teóricos y prácticos necesarios para la integración de un modelo educativo. A saber:

  • Paradigma: la propuesta de la Pedagogía Lasallista se sustenta en un sistema de creencias, principios, criterios y valores de inspiración cristiana.
  • Fines educativos: desde una teología, teleología y axiología educativas, la Pedagogía Lasallista integra un conjunto de expectativas a nivel comunitario (institución, familia, centro de trabajo) y personal (estudiante-docente) con la finalidad de que el estudiante cuente con los recursos necesarios para alcanzar una vida digna.
  • Sujeto de la educación: desde la antropología lasallista, la acción educativa se centra en el sujeto que pretendemos educar, considerando los principios, potencialidades, cualidades, necesidades tanto del sujeto que orienta (educador) como del que protagoniza el acto educativo (educando).
  • Los medios: considerando a los contenidos psicopedagógicos, los distintos estilos y métodos de enseñanza desde el enfoque del fundador, la incorporación de la taxonomía de las habilidades cognitivas y de las propuestas programáticas curriculares. Asimismo, se integran a los medios los recursos humanos (docencia, administración, servicios), técnicos (desde las NNTT hasta las TIC).
  • Los agentes: donde intervienen tanto desde a dimensión individual (hermanos lasallistas, seglares, rectores directores generales, docentes), sociales (las instituciones educativas desde colegios hasta universidades), agentes de formación (casas de formación, misiones educativas, escuelas para padres).
  • El contexto: los procesos de interacción e integración en ambientes socioculturales, las relaciones educador-educando, las distintas formas en que se concibe la organización escolar y la manera en que ésta genera un determinada cultura escolar, el entorno profesional y el mundo laboral, así como los entornos digitales, virtuales y multiplataformas de los mass media y las TIC.

Dialécticamente, entre la fe y la razón, la Pedagogía Lasallista se concibió como una propuesta reflexiva para relacionar la fe con la acción educativa dirigidas a la salvación y santidad del individuos en comunidad. Es decir, su tarea fundamental fue la de dar educación de inspiración cristiana para que el estudiante pudiera alcanzar una vida digna, tomando como base la espiritualidad y el apostolado de servicio por parte de Hermanos y seglares.

Si bien es innegable que la propuesta lasallista tiene un impacto determinante en la historia de la educación occidental, bajo condiciones distintas surgieron otras propuestas pedagógicas dirigidas por congregaciones religiosas. En el siglo XVII, la espiritualidad, la vocación de servicio y la creatividad abrieron otras propuestas educativas. Previamente a JBS, San José de Calasanz fundó la primera escuela pública popular gratuita en Europa, lo que dio paso a la fundación de la Orden de las Escuelas Pías. Posteriormente, bajo la influencia metodológica de JBS, Marcelino Champagnat fundó la Congregación de los Hermanos Maristas. San Juan Bosco, por su parte, funda la Pía Sociedad Salesiana. Además de las anteriores, es menester mencionar a las congregaciones de dominicos, franciscanos, jesuítas, legionarios, entre otros. No obstante, si efectuáramos a una selección de pedagogías de las congregaciones religiosas, seguramente por carecer de elementos metodológicos y científicos, habríamos de prescindir de un gran número de éstas.

Desde su surgimiento el lasallismo estableció las condiciones propicias para la configuración de un enfoque humanista ante un contexto revolucionario en ciernes. El momento histórico de la época fue testigo de un impulso cultural y científico sin precedentes, de una cambiante cosmovisión y concepción del Hombre y su Mundo, y de un intenso movimiento revolucionario en distintos ámbitos de la vida cotidiana. La caída del feudalismo, el rampante ascenso de la burguesía, el encuentro cultural Europa-América, la revolución del conocimiento que impulso la invención de la imprenta, el intenso conflicto entre reformas y contrarreformas de carácter religioso, la intensa actividad científica del conocimiento racional de la naturaleza (duda metódica y el advenimiento del método científico), entre otros, fueron algunos de los sucesos determinantes que enmarcaron el advenimiento irreversible de la Modernidad.

En este contexto, JBS irrumpe con una acción educativa de carácter integral dirigida al crecimiento personal y espiritual de las personas, con un alto sentido por la vida comunitaria y con una profunda vocación por el servicio. Llegados a este momento ya podemos plantear dos facultades básicas para definir la noción antropológica de la Pedagogía Lasallista:

  • Facultad ética: bajo la influencia tomista, propone una amplia predilección por la lectura, la oración y la ascesis.
  • Facultad pedagógica: bajo la influencia agustiniana, propugna el estudio unido a las virtudes de piedad y humildad.

¿Por qué se hace mención de una acción educativa de carácter integral? ¿A qué alude la cualidad de ‘integral’? Es integral porque implica los siguientes ámbitos:

  1. Antropología (principios, quién): enfocada en las necesidades, potencialidades y cualidades del educando.
  2. Teleología (fines, para qué): orientada hacia el tipo de persona que queremos formar, considerando sus actitudes, aptitudes, competencias, cualidades y valores.
  3. Pedagogía y didáctica (qué y cómo): considerando los métodos y los medios para la guía y evaluación de los procesos de aprendizaje.

Para JBS, educar equivale a una invitación a la verdad (verdades religiosas tanto fundamentales como especulativas [MR 200.1 y MR 200.2], y las verdades prácticas[MR 194.3]), a caminar hacia esta verdad con los ojos de la fe, en la instrucción hacia la preservación y la búsqueda del bien. En este sentido, se tiene que hacer evidente la verdad a través de la acción educativa la santidad y la salvación. Al establecer una cosmovisión desde los ojos de la fe y atribuir todo a Dios, JBS concilia un humanismo de carácter social con una antropología educativa de carácter espiritual cristiano. Se advierte entonces que la pretensión de conciliar una definición global de educación lasallista sería no menos que un determinismo. Como ocurre en otras propuestas pedagógicas, JBS puso el acento en ámbitos específicos. No obstante, al atender a los tres ámbitos descritos supra, la moción de JBS se erige como una propuesta pedagógica de carácter integral.

En este sentido, la Pedagogía Lasallista no impone un modelo educacional exclusivamente didáctico, ya que no se ocupa tanto de los medios como de los fines. Por tanto, la Pedagogía Lasallista:

  • Tiene un carácter axiológico, ya que otorga una importancia fundamental a la acción educativa sustentada en el ejemplo (MR 202.3). Asimismo, la escuela se presenta como una oportunidad única para cambiar la calidad de vida de los estudiantes y de sus familias. (MR 37, 154, 205).
  • Presenta una visión teleológica cuya finalidad es la dignidad de la persona, tanto del que educa como del educando. Es decir, una visión cuyo origen y destino corresponde a la presencia permanente de Dios bajo el enfoque de la fe y las obras. (RC 2, 9)
  • Presenta una visión antropológica que se aparta de una visión individualista para privilegiar una visión comunitaria. Es decir, se concibe a la persona como un ser en comunión, en constante relación con otras personas y con su entorno. En esta lógica, no se debe considerar a JBS como único autor sino, más bien, como un director de orquesta que orientó virtuosamente las experiencias, interpretaciones, ideas, intereses y vivencias de otros Hermanos Lasallistas. En la actualidad, el trabajo colaborativo sigue siendo una de las bases operativas para el funcionamiento y trascendencia de los institutos lasallistas.

Bajo el postulado que exige que la escuela sea una instancia útil, organizada, orientada y guiada con el celo y cuidado de un hogar (OC, 57; C 12), JBS estableció una acción educativa enfocada al compromiso de que los estudiantes debían aprender bien para vivir bien. Una dignificación de esta naturaleza solamente es posible si se congregan los objetivos bajo una educación de inspiración cristiana, pero integrando aspectos de la pedagogía y de la didáctica propias de la contemporaneidad.

En términos de apliación didáctica, la Pedagogía Lasallista propone una serie de aportaciones que, a la luz de la historia de la Pedagogía, sigue generando puntos de encuentro y discusión, siempre con la innegable virtud de ser influencia para nuevos proyectos pedagógicos, ya sean seglares o de inspiración lasallista. Es decir, la Pedagogía Lasallista, desde sus postulados originales y sus respectivas adecuaciones sincrónicas, es un sistema pedagógico integral vigente los desafíos del siglo XXI. ¿En qué radica esa vigencia? A continuación, enunciamos algunos de los elementos más significativos de la Pedagogía Lasallista que sustentan este argumento.

Por sus características, la Pedagogía Lasallista ha integrado elementos de las corrientes teóricas de carácter sociocognitivista, constructivista y sociohistórico, además de las incorporaciones desde el ámbito de la psicopedagogía y las TIC. Es decir, la Pedagogía Lasallista no es un sistema hermético renuente al cambio.

Desde sus inicios, una de las aportaciones de la Pedagogía Lasallista que quizás por su arraigada cotidianidad pudiese pasar desapercibida, es el ordenamiento de los grupos por nivel. La vigilancia, el acompañamiento y el trabajo didáctico se comprende desde una intervención simultánea, pero diferenciada por lecciones y órdenes de acuerdo al grado de avance para la promoción (OC GE 23 y 24). De este modo, el trabajo en clase se configura como una actividad heterogénea, progresiva, con procesos de aprendizaje diversificados y orientados por la intervención del docente.

Desde el enfoque lasallista, podemos anticipar la virtud de mediador del educador, y no solamente la atribución manifiesta de transmisor de la información. En concordancia con las exigencias del contexto educativo, y en plena integración de teorías didácticas contemporáneas, la Pedagogía Lasallista ya había aportado luz en el desarrollo de una didáctica creativa, donde los estudiantes son cogestores de su aprendizaje desde distintas perspectivas para el funcionamiento óptimo de la clase (OC GE 18). A lo anterior, necesariamente debemos de referirnos a la formación de un cronosistema horario definido para las clases.

JBS optó por una congración total al servicio educativo. Y lo desarrolló desde el aspecto operativo y evangelizar más determinante: la formación de personal docente. Si bien existen proyectos pedagógicos tanto de congregaciones religiosas como de iniciativa seglar que centran su atención en el estudiante, JBS optó desde por completo la fundación del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, punto de partida para la generación de centros de formación de maestros para contruibuir efectivamente a la misión educativa del proyecto lasallista (Reglas HEC).

Aunado al proyecto de formación de docentes, se propugna por una definición precisa del perfil del educador lasallista. No se trata de un vademécum de reglas o prerrogativas que definan un determinado tipo de perfil docente. Es un conjunto de criterios que, por autonomasia, toman como referencia central a Jesucristo. Del mismo modo, dicho perfil es proclive a una mirada de fe a partir de la revelación de Dios, de la cual cada colaborador es parte activa. Por lo tanto, quien acuda al perfil del educador lasallista deberá necesariamente intuir la intención comunicativa de Dios, orientada a la salvación, entendida esta como una consecución del sentido y plenitud de una vida digna de ser vivida, tanto para el estudiante lasallista como para el educador lasallista.

En Las Doce Virtudes del Buen Maestro (gravidez, silencio, humildad, prudencia, sabiduría, paciencia, mesura, mansedumbre, celo, vigilancia, piedad, generosidad) se ofrece un primer acercamiento del perfil del educador, aunque no definitivo. No obstante, a través de las virtudes se vislumbra el pensamiento ascético y educativo de la Pedagogía Lasallista al que no le atañe tanto el cómo educar, sino el tipo de persona que debemos de ser los educadores para educar, es decir, ser capaces de consagrarse y vivir en colaboración el estilo y la esencia del educador lasallista. Como punto de partida, las Doce Virtudes se han integrado, sofisticado, influenciado, enriquecido y –en ciertos casos- suprimido para dar paso a una visión ecléctica de carácter metodológico, sin perder si venia espiritual.

Llegados a este punto, es necesario destacar la preocupación constante y vigente que se tiene hacia la persona que educa desde una perspectiva holística (OC MH 0, 0, 10). Por lo tanto, más que un anacronismo anquilosado, la propuesta de las Doce Virtudes del Buen Maestro demandan una adecuación para integrarse críticamente a los desafíos del siglo XXI. Dicha integración se plantea en cinco grandes ejes de acción (Temas lasalianos 3, 2001, 321):

  1. Asentar la dignidad de la condición del maestro en la escuela.
  2. Responsabilizar a los maestros ayudándoles a tomar conciencia de su labor.
  3. Formar a los maestros para acceder a tal dignidad y responsabilidad.
  4. Mejorar la relación educativa con los estudiantes para que la escuela acoja y acompañe.
  5. Quebrar el aislamiento de los maestros.

III

Bajo la óptica de la compleja contemporáneidad, y en función de la demanda de ciudadanos de bien, con alta exigencia espiritual, profesional, moral y ética, toda propuesta pedagógica contemporánea necesariamente deberá de presentar una visión ecléctica e integrista. La Pedagogía Lasallista no está excenta de ello. Ante los desafíos del siglo XXI, los actores que somos parte de la Misión Educativa de la Pedagogía Lasallista debemos contribuir a dotar dicha pedagogía de coherencia, innovación y complementariedad: Ante los desafíos del siglo XXI, la Misión Educativa Lasallista deberá de seguir generando intuiciones pedagógicas cada vez de mayor raigambre, bajo un enfoque de mayor profesionalización y asiduidad, con el acompañamiento de los fundamentos de la Pedagogía Lasallista.

Al respecto, se debe de seguir avanzando en la concreción de una acción educativa de carácter integral (antropología, teleología, pedagogía y didáctica) pero con la vinculación hacia una complejidad pedagógica contemporánea que integre los niveles de complejidad (en el manejo de datos e informatización), abstracción (en los procesos de interiorización y a partir del razonamiento lógico en distintos planos) y eficacia (en la progresión del logro educativo y en la ejecución didáctica).

Por su carácter tácito y sempiterno, los desafíos del presente y de los siglos ulteriores demandan de una metodología educativa que integre modelos efectivos para la gestión efectiva de procesos de aprendizaje, vinculando la visión integral. Es decir:

  • Que el docente presente objetivos claros, alcanzables, motivadores, interesantes, cercanos a la realidad del estudiante y, lo más importante, que sean proclives a ser apropiados por el mismo estudiante.
  • Que el docente, como gestor de procesos de aprendizaje, sea capaz de establecer criterios e instrumentos claros e innovadores de mediación e interacción, considerando el nivel de logro de cada estudiante.
  • Que el docente determine el tipo de contenidos y el modo de abordarlos. Que indague en las distintas modalidades para acercarse a dichos contenidos (interdisciplinariedad, transdisciplinariedad, multidisciplinariedad) y que tanto los temas como los conocimientos adquiridos estén dirigidos a mejorar la vida del estudiante.
  • Que el docente seleccione, implique, relacione y genere funciones y operaciones desde enfoques integrales y de colaboración, aportando ámbitos de intervención y conocimiento al desarrollo del pensamiento científico y artístico, en plena búsqueda de experiencias de aprendizajes significativos.
  • Para que la escuela vaya siempre bien, que el docente organice y planifique sus lecciones, con la gravidez de quien vigila celosamente la distribución de sus tiempos y formas de trabajo.
  • Que el docente diseñe actividades y promueva la producción de objetos de aprendizaje desde un enfoque sociocognitivo, innovador, colaborativo y creativo, en plena búsqueda de experiencias de aprendizajes significativos por parte del estudiante quien, por cierto, deberá de fungir como un cogestor de sus procesos de aprendizaje.
  • Que las instituciones educativas, tanto a nivel docente como directivo, establezcan instrumentos y métodos de evaluación no solamente del aprendizaje, sino también de los procesos de gestión educativa en los distintos ámbitos de acuerdo a las necesidades de cada institución. Asimismo, que cada institución implemente la cultura de la educación permanente desde un enfoque colaborativo y colegiado, con la consigna de incrementar el nivel de cientificidad, de espiritualidad y colaboración de cada uno de los que forman parte de la Misión Educativa. Es decir, que la innovación sea concebida como una verdadera tradición.

Referencias:

De La Salle, J. B. (s/f) “MR. Meditaciones para el tiempo de Retiro” en 7. Meditaciones.

_________________________ “RC. Reglas comunes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas” en I. Obras ascéticas y espirituales y escritos personales.

_________________________ “9. GE Guía de las escuelas” en Obras Completas II. Obras pedagógicas y escolares.

García Ahumada, fsc. Hno. E. (2013) “La Salle y la teología de la educación” en Cuadernos MEL 47. Roma, Italia: Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Tebar Belmonte, fsc. Hno. L. (2014) “Repensar la pedagogía lasaliana con visión al futuro, a la luz de las corrientes pedagógicas actuales” en Cuadernos MEL 50. Roma, Italia: Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Reflexiones acerca de una elección (coloque aquí el tipo de proceso) _____________________ cualquiera, ilustradas con 5 canciones.

1. Homo homini lupus. Una elección ______________, en todos sus niveles, es el crisol de los horrores más inusitados de los seres humanos. Un vertedero de los complejos rancios que distinguen a los seducidos de poder, a los esbirros del sistema nepotista y corrupto del sistema en turno. Antes iban de profetas, ahora el éxito es su meta, mercaderes, traficantes, más que rabia dan tristeza…

2. We live in a political world. La elección está dirigida al bienestar de los portadores del poder en turno; los electores son un mal necesario. Ni la lealtad, ni el beneficio al elector, ni la fraternidad, ni el amor tienen lugar en el proceso político. La vida está en la administración de las percepciones y de las mentiras de los candidatos ulteriormente elegidos. Más que valentía, impera la más vergonzante de las cobardías, aquella capaz de todo por dinero. Es precisamente esa cobardía la que al final sale triunfante en medio de un tufo corrupto, demagógico, estridente y estúpidamente silencioso.

https://vimeo.com/79138737

3. En este sistema lo importante no son los talentos sino los contactos. Los elegidos son pequeñas ratas de ciudad que promueven no una revolución al sistema, sino una perpetuación de su zona de confort. El elector es un asalariado en plena movilidad de clase, así tenga que ser semidiós, farsante o bufón. En su panorama no existe el consenso, solamente sus cuates. El triunfo de la Revolución es, pues, una institucionalización demagógica, del espionaje y de la persecución, una ley fuga trasladada a la difamación cobarde en la arena de las redes sociales. La elección por el otro es una herejía, un crimen de alta traición, el pretexto para la conflagración y la crucifixión.

4. El traje nuevo del pequeño emperador. Nuestro sistema democrático presume una discapacidad original: el ganador de la elección no necesariamente es el candidato que la mayoría eligió. La mayoría es relativa, pero el elegido no lo entiende ni lo quiere entender. Sin embargo, el pequeño emperador deviene en semidiós. Más que un gestor, el pequeño emperador es el fondeador de la corrupción, un hacedor de favores, un berrinche institucional, un lacayo del sistema, el nacimiento no deseado de la partida presupuestal. Y odia, porque él cree que es especial, que está a un nivel famélicamente superior al resto de los imbéciles que yacemos en esta estupefacta cotidianidad. Y odia como la mayoría de los seres que creen ser especiales.

5. No es líder, es un simple mandamás. El candidato/elegido/ungido no gestiona, manda; no regula, limita; no propone, regaña; no resuelve, hace berrinche; no exhorta, dicta; no une, destruye; no asume, presume; no administra, improvisa; no resuelve, empeora la situación; no asume su responsabilidad, busca culpables; no actúa, reacciona; no opina, censura; no olvida jamás porque no es un caballero, guarda rencores y se venga a toda costa. Además pide constantemente aprobación de los demás (sobre todo de su séquito), es incapaz de pedir y ofrecer disculpas, detesta estar frente a conflictos extremos y espera a que su séquito los resuelva, es conservador no ideológicamente hablando, sino desde el más vulgar de los pragmatismo: pretende conservar el sistema que lo mantiene en el poder…

Y tiene un pésimo sentido del humor.

Carta abierta a los candidatos a un puesto de elección popular. Una humilde réplica de ciudadano a ‘ciudadano’.

Candidatos:

Indefectiblemente, como cada tres años, ya comenzó oficialmente el periodo de campañas electorales, de esto que aún muchos efusivos y no menos ingenuos optimistas se obstinan en llamar la fiesta de la democracia. A propósito de lo anterior, y con la firme convicción de que a Ustedes no les interesa ni les interesará mi opinión, les comparto con humildad las siguientes impresiones, con el único afán de ejercer con sobriedad un derecho fundamental.

Iniciaron sus campañas políticas, esas estrategias onerosas, anquilosadas y obsoletas que torpemente Ustedes se obstinan en replicar. La única diferencia de las campañas de los años ochenta (a ese referente alcanza mi edad) con las actuales acaso sea la presencia del INE, un árbitro lerdo y permisivo, pero árbitro al fin. Sin contar al INE y a sus respectivas sucursales estatales, las campañas de Ustedes se reducen a una vulgar imposición de maniquíes antipáticos de corte ególatra. Ustedes son famosos por condición más que por convicción, son mesías oportunistas, evangelizadores del erario, esbirros del poder. Aunque parezca absurdo, y a pesar de los rostros lacerados en llanto de señoras que en cada evento masivo gritan el nombre de Ustedes, es necesario recordarles que son candidatos a ocupar un puesto de representación popular, no están haciendo casting para ser dioses.

Rostros, frases tan reconstruidas como vacías, colores ridículamente institucionales que pasarán al olvido ya no por su falta de creatividad, sino por la ausencia de un real interés en cambiar las condiciones de vida de sus representados. Aunque lo nieguen, cada uno de Ustedes ya ganó, sin importar el nivel de estulticia de su campaña y ni sus magros resultados que de ella emanen. Recuerdo a Jaime Escobedo y sus torpes mensajes teledirigidos donde apelaba a equiparar el cariño de su esposa con el ejercicio de la administración pública. O a Armando Rivera quien, engolosinado de desmemoria histórica, ha garantizado de modo oportunista vivir del erario público año tras año. O a los anónimos perredistas, que a la sombra del escarnio, el demérito y el cinismo se han garantizado un conformismo tan repudiable como inútil.

Tristemente no se trata de proyectos sino de prospectos. Más que plataformas, se trata de rudimentos improvisados, refritos de iniciativas federales como si por tener ese carácter ya garantizaran automáticamente su efectividad. Se trata de acarrear votos sin importar literalmente el precio. La gente como carnada y botín, como un ente al que se acude por destajo. Alguna vez escuché a un asesor de campaña priista que el candidato se tienen que ensuciar de naco, refiriéndose a la campaña de a pie (así le llaman Ustedes) que el candidato debe realizar, so pena de no contar con el apoyo popular. Más que escuchar, Ustedes impugnan a la razón mediante a base de verbenas populares: gritos, antojitos, música de banda, bailes y escupitajos demagógicos colmados de paroxismos.

Los candidatos se hacen acompañar por sus esposas y esposos, actores y actrices que legitiman una imagen de familia utópica funcional más por presunción que por convicción. Pero también son acompañados por los medios de comunicación. Lascivos, confianzudos, melodramáticos, arribistas, ridículos, poderosos, los medios dan fe de una realidad que nunca ocurrió ni ocurrirá jamás. Son un microuniverso que construye en paralelo, desde distintas perspectivas y constelaciones, una realidad a modo del candidato y del poder turno. Salvo poquísimas excepciones, y sin importar la plataforma, los medios son efectivamente un poder, a veces el cuarto poder, por momentos el único. Ustedes, candidatos, con sus agendas y directores de comunicación social (¿Comunicación social?) son capaces de reducir a los medios a una vil casa de citas donde la oferta siempre será mayor que la demanda, donde la noticia la dará el candidato que levante el pulgar junto a decenas de personas en pose torpe e ingenua. Lascivos, por su inclinación a satisfacer los deseos del poder. Confianzudos, por aquellos memorables apócopes y pseudónimos: Nacho, Paco, Pepe, Lupe, Pancho…¿Beto, Quique, Obi (por Obama)? Melodramáticos, por su método de la nota rosa y roja: la primera para los pudientes; la segunda para los jodidos. Arribistas, por sus eternas aspiraciones a lograr un hueso en la secretaría de Comunicación Social. Ridículos, por sus efusivas lavativas para cuidarlos a Ustedes, candidatos. Poderosos, por su propensión cínica y cabalmente corruptible. No hace falta dudar, insistir o redundar. A todos nos consta.

Porque más allá de un pulgar levantado, de una fotografía dando un abrazo fingido a un anciano anónimo con sombrero, de una larga y estulta lista de promesas para imbéciles, de un desayuno informativo para mujeres trabajadoras tan frío como el café replicado que obsequian, de una pose antiestética con los brazos levantados que no hace más que desvelar su deplorable convicción ética, lo que la ciudadanía necesita es que nos dejemos de farsas. Mientras Ustedes se convencen de que es buena idea poner a zombies adolescentes (Ustedes les llaman redes) rogando antipáticamente por pegar una calcomanía en los autos de los que podemos tener auto, tamborileando arrítmicamente mientras repiten el nombre de Ustedes en una porra estridente como las mentadas, nosotros los ciudadanos decimos basta de estupideces. Mientras Ustedes despilfarran al son de la sinrazón en miles de carteles, anuncios, mantas, spots, y espectaculares perezosos, en pleno acto de destrucción del ambiente porque, de acuerdo a la lógica de Ustedes, la ciudad es un ente sin voz ni opinión que les pertenece, los ciudadanos decimos que no nos interesan ni sus nombres, ni sus colores, ni sus rostros parapléjicos: lo que la ciudadanía necesita es que se combata ya la corrupción, esa peste antropológica que los ha traído a Ustedes hasta aquí.

Mientras Ustedes, rivales energúmenos de la retórica y el discurso, se empeñan sin piedad en atrofiar a sus acarreados con enésimas frases (prevención del delito, reconstrucción del tejido social, recuperación de los espacios públicos, tolerancia cero, oportunidades para los jóvenes, generación de empleos, estrategias para blindar la seguridad, frente a la delincuencia, apoyo a la educación y un hilarante etcétera), nosotros los ciudadanos decimos ¡basta de patrañas!. Su ignorancia cotidiana no les da derecho de arrastrarnos con Ustedes a su versión iletrada de civilización.

Pero hagamos un trato. Ustedes necesitan más de nosotros que nosotros de Ustedes. A veces resulta tan necesario pensar en Ustedes como un pez piensa en un tango de Gardel. Es tan insulso saber que Ustedes existen. Si no los necesitamos, y vaya que en un régimen democrático hubiéremos de necesitarlos, por lo menos sean útiles para servir. Sean útiles para dar respuesta a nuestro creciente problema de violencia, a nuestro alarmante caos de tránsito, a nuestro improductivo sector educativo, artístico y cultural, a nuestros anillos de miseria que tanta incomodidad les provoca a Ustedes pero que tanto visitan en tiempo de campañas, todos estos aspectos subsidiados por el olvido que Ustedes mismos promueven y fomentan. Sean útiles para servir con proyectos, no con ocurrencias, improvisaciones o caprichos. Sean útiles para servir desde la idea fundamental del concepto SERVICIO, con una organización capaz de cuidar los intereses y satisfacer las necesidades de los que habitamos en esta entidad, vaya obviedad.

Lamentablemente, como cada tres años, al finalizar las campañas, el ganador del botín menor reconocerá al ganador del botín mayor. Se armarán sus fanfarrones séquitos disfrazados de equipos de trabajo. Desaparecerán del plano ciudadano para convertirse en estrellas de la prensa, de la radio, de la televisión, de las redes y de la comunicación social. Desaparecerán las personas que fueron parte de sus redes de apoyo, esos rostros morenos y cansinos de sus seguidores se borrarán de sus memorias para pasar al más cruel del anonimato. Sus salarios serán un vulgar recordatorio para que no olviden ese gesto huraño que portarán cada vez que tengan que inaugurar una obra, presentar una nueva ocurrencia institucional, o hacer como que gobiernan.

Los ciudadanos no somos tan estúpidos como Ustedes creen, o como sus coordinadores de campaña les quieren hacer creer. Tomen en cuentan que gran parte de los ciudadanos tenemos que trabajar. Algunos debemos formarnos obligadamente en nuestros taxis para que nos peguen a la fuerza un pegote con el nombre de Ustedes, so pena de quitarnos la concesión. Otros debemos asistir a trabajar en horarios en los que Ustedes están durmiendo plácidamente en sus semipalacios. No es resentimiento, ni mucho menos desinterés. La mayoría de los ciudadanos de esta entidad estamos trabajando, estamos tratando de ser útiles, pues.

Ojalá, y lo deseo de corazón, me equivoque, ya no para sumarme a las lavativas hipócritas, sino para que por fin tengamos a alguien útil en ese aparato corrupto, perverso, enriquecedor y corrosivo llamado gobierno. Nuestra gente ya ha recibido suficientes golpes, suficientes frustraciones, suficientes provocaciones. El hartazgo es generalizado. Qué mejor oportunidad para optar, de una vez por todas, por una hacer las cosas bien.

Cuando la libertad de expresión es una abstracción.

“La libertad de expresión es una abstracción”, había dicho el Dr. Carlos Dorantes, profesor emérito de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro. En aquella ocasión, un grupo de estudiantes protestaban porque se les había solicitado retirar un desplegado que defendía una causa en nombre de la facultad, mas no a título de los interesados. Es seguro que, en su momento, nadie haya entendido la expresión de Dorantes.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto (EPN), en su reciente gira de trabajo por Chiapas reconoció a Julión Álvarez, cantante de música vernácula, como “un gran ejemplo para la juventud mexicana”. Acostumbrado a la improvisación torpe y al vilipendio virtual, el mandatario agregó más leña a la pira de la impopularidad y el escarnio nacional.

Más allá de los lugares comunes (que si EPN es inculto, imbécil, torpe, escueto, estúpido…) que han contruibuido a una ceguera colectiva tan hilarante como inutil, la anécdota destaca por las implicaciones vinculadas a la libertad de expresión y abona a desvelar la rampante polaridad de posturas.

Mal haría en tratar de indefender lo indefendible: un político estulto y aficionado al autoelogio como pretexto para la conflagración. Pero quizás EPN no esté equivocado en esta ocasión. Julión Álvarez sí es ejemplo para la sociedad mexicana, no solamente para el sector juvenil. Es un referente –nos guste o no– para la cultura popular contemporánea. Sus canciones son cantadas, dedicadas y reproducidas por un gran sector de la población. Es la clara muestra de que el déficit educativo nos lleva la ventaja, pero al menos estamos en un país que se presume democrático y que, paradójicamente, las bases para escuchar al Julión están debidamente garantizadas.

El asunto se torna más complejo. No son pocos los que, aficionados a la música vernácula mexicana, también se unen casi instintivamente a la horda antiEPN, en una lógica que ya comenzó a aburrir. La demagogia tiene sus medios y sus adeptos, pero también sus peligrosos aliados. Ciertamente, nos embarcamos no en un resentimiento aristocrático, sino en un fanatismo porril tan acrítico (y alérgico a la autocrítica) como exhacerbado. De esta manera, la oportunidad para el diálogo cede su su lugar a la conjura de los necios. La pifia oportunista abre la puerta a la rabieta connacional en la revolución virtual multiplataforma, tan socorrida en estos tiempos.

En este país tristemente es necesario seguir hablando de minorías porque en cuestión de mayorías la desigualdad se encarga de hacer el trabajo sucio. Nuestro gobierno históricamente corrupto tiene muy poco de que preocuparse porque sabe que ante sí tiene una sociedad caníbal, adicta al autogol y al trolleo masivo, susceptible de la autoflagelación, donde la libertad de expresión seguirá siendo una abstracción, la bandera revolucionaria de unos cuantos, el crisol donde se liberan los complejos de un pueblo resentido consigo mismo.

La docencia del arte: una noción confusa y vacía plagada de nociones.

El concepto docencia del arte es una construcción semántica novedosa, tanto por su concepción como por su contribución al panorama profesional local. A la docencia (poca cosa) se le implica en el universo del arte (otra insignificancia). Esto por sí mismo ya implica un problema de insospechadas proporciones, aunque las expectativas -de manera necia- se han querido mantener a la distancia.

La docencia, entendida básicamente como el ejercicio de la enseñanza, concilia aspectos de carácter didáctico y pedagógico, por no mencionar los de carácter psicológico, sociológico… De carácter didáctico por los recursos metodológicos que el docente debería de emplear para la guía de procesos de enseñanza y aprendizaje; pedagógico por el enfoque crítico y reflexivo del hecho educativo. A pesar de lo anterior, los programas académicos vigentes de docencia del arte no incluyen contenidos temáticos del ámbito didáctico; lo pedagógico queda a nivel de efeméride.

El arte por sí mismo ya demanda una atención desde distintos enfoques, y exige un mínimo de consideración y respeto hacia sus respectivas cuestiones:

  1. El enfoque de la imaginación y la creación del artista. ¿El docente en el arte debe ser artista? Si es así, ¿de qué disciplina?, ¿entra la literatura en los linderos de ‘este’ arte?
  2. El enfoque de la estética, la interpretación, el análisis y la crítica por parte del estudioso del arte. ¿Está obligado el artista a ser crítico o esteta?, ¿se tiene una clara la diferencia entre estética y crítica del arte?
  3. El enfoque de la investigación en la historiografía e historia del arte por parte del teórico. ¿Cuál es la postura histórica que toma el docente del arte ante la historiografía e historia del arte?
  4. El enfoque del gusto por parte del diletante. ¿El candidato a docente del arte tiene un capital simbólico mínimo de acuerdo al perfil?, ¿es candidato a docente del arte el diletante, el coleccionador, el bibliófilo, el melómano?

Las respuestas a las cuestiones anteriores demandan un trabajo más estricto y sistematizado, no digno de este humilde comentario. No obstante, la intención del autor es apostar por un pronóstico pesimista de facto: el resultado de una elucubración como la ‘docencia del arte’ no puede ser otra que una noción confusa y vacía, plagada de nociones hemerográficas y rudimentos emanados de la más rústica definición de ‘Educación’. La docencia del arte se ve reducida a una construcción maniquea de conocimientos elementales, cuyo resultado feliz será un cansino y pueril título universitario, en el menor trágico de los casos.

La docencia del arte es confusa porque el mismo concepto no advierte a sus allegados de los riesgos que implica semejante conjugación. Es confusa porque no define su línea de acción desde un punto de vista epistemológico, es decir, queda anclada en los mares insondables de la gnoseología, so pretexto de atender una demanda social con enfoque posmodernista. Es confusa porque pervierte tanto a la docencia como al arte, los recluye en un enfoque técnico parco, fútil, en una falsa lozanía que nos recuerda al arquetipo del maestro de artísticas (sic).

Está plagada de nociones y de ambages propios de un reduccionismo determinado por la duración de los cursos. Los mejores librados serán aquellos estudiantes entusiastas o en la docencia o en el arte. La generalidad considerará a la docencia del arte como una extensión anacrónica y sincrónica de un grupo de amigos, un club de lectura, un bypass de la rutina: el recreo mediocre de los resentidos. Los más limitados, la generalidad, serán aquellos estudiantes que apelen a la docencia como último recurso de carácter chambista, y se acerquen al arte como un acto reflejo, similar al chico que, mediante una vulgar prevaricación de tipo vocacional, elige estudiar Ciencias Sociales porque “ahí no llevan matemáticas”.