La tragedia, nuestra oportunidad.

 

“Y tu dolor, mi prójimo lejano,

Es mi más hondo sufrimiento”.

José Emilio Pacheco.

 

No ahondaré en detalles de la broma macabra que la geografía nacional nos jugó el pasado 7 y, sobre todo, el 19 de septiembre. No esgrimiré metáforas para referirme a la funesta casualidad que recrudece la cicatriz de nuestra efeméride.

No hablaré de la tragedia, pero sí de las oportunidades que se asoman después de ésta.

La tragedia es una oportunidad para derrumbar el mito: en Querétaro la posibilidad de que ocurra un sismo es real y latente. Y más allá de nuestra fascinación torpe y fetichista de vanagloriarse de haber sido testigo del sismo de 1985, o de fustigar con donaire que los queretanos no tenemos ni idea de lo que se siente un sismo, tenemos la inmejorable oportunidad de estar preparados para la eventualidad.

La tragedia es una oportunidad para acostumbrarnos a hacer las cosas bien. El sismo ha evidenciado una vez más que las obras derruidas estaban sostenidas sobre el cimiento de la incompetencia y la corrupción. La línea 12 del metro está al borde del colapso. Las obras de su apuntalamiento y rehabilitación iniciarán este lunes, pero aún no hay fecha para iniciar con la reconstrucción de las ciudades afectadas en los estados golpeados por el sismo. ¿Cómo estamos haciendo las cosas en nuestra ciudad? Aunque por otros motivos nuestras calles estén destrozadas, tenemos la oportunidad de no emular el proyecto colapsado de urbanismo de nuestra querida capital federal.

La tragedia es una oportunidad para enfocar las prioridades y definir el interés en el otro. En el lamentable caso del feminicidio de Mara Castilla, la discusión de la opinión pública se decantó por el sabotaje a la presunta cobertura periodística de Jenaro Villamil. En estos momentos de tragedia el tema es otro, ya tendremos tiempo para hablar acerca del vergonzoso hito mediático de Frida Sofía. Al momento de yo escribir esto y tú leerlo, caro lector, hay personas con graves necesidades aún, en donde la ayuda aún no llega.

La tragedia es una oportunidad para remendar nuestra noción de participación ciudadana. De acuerdo a la plataforma de peticiones Change.org, la petición para que el Instituto Nacional Electoral (INE) done los millones de pesos destinados a los partidos políticos a los damnificados por los sismos del 7 y 19 de septiembre en nuestro país, ha roto todos los records en la historia de la plataforma. Hasta el momento en que escribo esto iban contabilizadas más de dos millones de firmas.

En parte por la presión social, pero sobre todo animados por la efervescencia de los tiempos electorales, PRI, PAN y Morena anunciaron en una especie de subasta de superioridad moral ceder al clamor popular de donar el dinero de sus campañas; el PRI fue hasta el momento el más específico: 25% de lo asignado para su campaña, equivalente a 258 millones de pesos. Recordemos que recientemente el INE había anunciado la asignación de 7 mil millones de pesos en total los partidos.

No hace falta ser analistas políticos para inferirlo: se trata de conseguir votos, no de un ejercicio de filantropía, de humanismo, parafraseando al periodista Luis Roberto Castrillón. Los partidos no están donando su dinero, están devolviendo recursos de quienes pagamos impuestos para las tareas de reconstrucción. Su temor ante eventuales resultados adversos en los procesos electorales por venir es más que evidente. Todos los partidos quieren sacar su raja electoral. En nuestra democracia incipiente, cara y corrupta, donar 25% para apoyar no es suficiente. Sigamos presionando. Ya sintieron el poder de la gente No nos equivoquemos: son votos, no humanismo.

La tragedia es una oportunidad para reflexionar respecto a nuestro concepto de ciudadanía, de nuestra queretanidad. El martes del sismo, en distintos puntos de nuestra ciudad dos vehículos se volcaron por manejar a exceso de velocidad, tendencia cada vez más recurrente en los automovilistas que circulan en nuestra capital. Como conductores no tenemos un protocolo ciudadano de seguridad para ceder el paso a vehículos de emergencia.

Ese mismo día, la desinformación colmó a las redes sociales y al servicio de mensajería WhatsApp al difundirse un audio en el que se daba cuenta de un grupo de hombres armados que había entrado a hacer asaltos múltiples en Plaza del Parque. La paranoia colectiva se viralizó (neologismo propio de nuestros tiempos) cuando varios testigos compartieron en redes sociales videos y fotografías del suceso. Cuando se confirmaron las noticias a través de medios periodísticos serios y de los canales de comunicación de las corporaciones policiacas, el daño por la desinformación ya estaba hecho. Con la noticia del sismo, la paranoia masiva se agravó. No faltó quien decretó el advenimiento del Apocalipsis. Si bien hubo leves indicios de movimiento en algunos puntos de la ciudad (personal de la UNAM reporta que el sismo en Querétaro tuvo una intensidad de entre 3 y 4m), hubo medios noticiosos que informaron que un estacionamiento de la calle Escobedo había sufrido daños a consecuencia del temblor.

La tragedia es una oportunidad para desprendernos de nuestro inútil, ridículo y anquilosado chauvinismo queretano. Para aquellos que se lamentan de que los chilangos vengan a buscar refugio en nuestra ciudad huyendo del sismo, es una oportunidad de integrarnos para renunciar a nuestra invisibilidad hipócrita y abrir los brazos a quienes han decidido, por condición o convicción, ser queretanos. Bienvenidos.

La tragedia es una oportunidad para unirnos sin la penosa necesidad de ser fatalistas. Tenemos la oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos de que este país se levanta con y a pesar de sus políticos, pero no necesariamente por ellos.

Tenemos la oportunidad para ser héroes sin olvidar que la filantropía es anónima. Todos debemos ayudar, pero desde la dignidad del silencio virtuoso. Sí, la filantropía es anónima, de lo contrario se convierte en la versión más perversa de la vanidad.

No estoy frivolizando con la tragedia. Una de las más altas responsabilidades morales de los que estamos en el mundo de la cultura y las artes es ofrecer alternativas para sublimar nuestro placer y nuestra felicidad. La tragedia es una oportunidad para recordar que los artistas son/somos el medio no el fin, son/somos personas que ponen sus talentos al servicio del dolor y la tragedia del otro.

Nuestra ciudad es un centro de acopio. A pesar de que en Querétaro abundan personas en estado de abandono, necesidad y desgracia permanente, el dolor de nuestros hermanos lejanos y cercanos es nuestro hondo y compartido sufrimiento.

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La violencia nuestra de cada día

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 673, del Diario de Querétaro del 27 de agosto del 2017.

Al día de hoy el mainstream de nuestra narrativa nacional es la violencia. Libros, películas, series de televisión, obras de teatro, telenovelas, discursos de políticos, canciones… La violencia ha pasado del exotismo a la folclorización llegando a la normalización simbólica hasta nuestros días. Y vaya que es redituable.

Aunque por su estridencia pierde contundencia, lo más deplorable es que la violencia en gran parte de nuestra narrativa ha dejado de ser sutil: se ha descarado con la fuerza comercial del best seller.

No sería descabellado que las editoriales le apostaran a la violencia como género literario, con la etiqueta de género como quien buscaba en los noventa discos de rock alternativo. Pero esa etiqueta, si existiere, debería de tener una nota aclaratoria: se trata de Literatura de Violencia Mexicana.

¿Por qué hablamos de etiquetas? Porque la violencia vende y vende bien. No importa de qué vertiente política o ideológica provenga el autor. La violencia mexicana, como etiqueta genérica, es en tabulador discursivo que ha congregado dentro de sí una colección de clichés para lectores inocentes tal, que cuando uno brinca de un libro/autor a otro, pareciera que estamos leyendo un mismo texto.

Violencia criminal, violencia sexual, violencia verbal (alimentada desde el gatopardismo oportunista), violencia de género (aprovechada por remedos del activismo social): la violencia nuestra de cada día. Si antes los autores recurrían a la literatura fantástica o a su propia imaginación, ahora les basta voltear a ver la realidad, su realidad, esa de la que tanto desdeñan, pero de la que invariablemente se nutren. Basta acudir a la nota roja para esgrimir ideas a partir de los rudimentos que la nota roja arroja.

Más que hablar de representaciones nuestra literatura se ha ocupado de aportar personajes, pero estos personajes, a su vez, son genéricos y, por ende, olvidables. Acaso los que perviven sean basados en su referente real: El Chapo, El Señor de los Cielos, La Reina del Sur…

Básicamente podríamos plantear dos categorías de la violencia literaria. A saber:

  • Las heridas específicas que los personajes se infligen dentro de la obra, unos a otros: tiroteos, puñaladas, ahorcamientos, ahogamientos, envenenamientos.
  • La violencia narrativa que afecta a los personajes, también llamada violencia autoral: la muerte y el sufrimiento que los autores introducen para favorecer el argumento o por la correspondencia con el tema, y cuya responsabilidad recae en el autor mas no en el personaje.

La violencia en la literatura puede ser simbólica, temática, bíblica, shakespereana (muy superior a Game of Thrones, por cierto), romántica, alegórica, trascendente. En contraste, la violencia en nuestra vida cotidiana es manifiesta, concreta, contundente. Las mentadas de madre en el tráfico ya inclemente de los días pico (atrás quedaron las vilipendiadas horas pico), los amagos, los golpes en una riña, se remiten a una mera agresión. Los asesinatos en nuestra entidad corresponden a un tema sociológico-antropológico-jurídico. La violencia en la literatura se remite a algo más.

En la literatura, la violencia es un concepto que se vuelca en el argumento y se ejecuta a través de los personajes. No obstante, de manera muy recurrente la violencia se ha decantado por competir inútilmente con el mundo real. La línea simbólica entre la realidad real y la realidad ficcional se están confundiendo no a favor de la literatura, sino a favor de la violencia como fenómeno en sí. Algunos autores deberían pagar regalías a víctimas y sicarios de lo que se está narrando.

Porque nuestros discursos y recursos narrativos, sean literarios, cinematográficos o televisivos, le han otorgado a la violencia la cualidad de ser fin, pero no medio. De a poco y al compás de las circunstancias, hemos renunciado a nuestra ingenuidad queretana ante el tema de la violencia con el toque de la delincuencia organizada. Antes nos sorprendíamos, ahora estamos buscando la manera de aquilatarlo. Pero en la violencia de la narrativa nos ofrece la posibilidad de encontrarnos en aquello de lo que estamos huyendo.

La muerte normalizada pierde solemnidad y gana en contenido gráfico y explícito. La muerte sin fin (valga el guiño intertextual) se ha vuelto accesible, populachera, ligera, sin resonancia, es la muerte por sí misma. ¿Acaso será por eso que, en las nuevas narrativas, específicamente en los escritores de menos de 40 años, la muerte por sí carece de densidad?

La literatura se está arrodillando al hecho real, en claro desprecio al hecho literario. ¿Qué ocurre por debajo de la violencia? En la realidad real, la violencia es sintomática de la corrupción, la delincuencia organizada, el narcotráfico, entre otros referentes. En la literatura, sin considerar la propuesta irrenunciable del género negro, por debajo de la violencia hay más violencia, en plena defenestración de cualquier intención artística. Se nos ha olvidado que la violencia es una acción simbólica, más allá que escenas de descabezados, violaciones tumultuarias, masacrados.

La literatura de la violencia por sí se asume como irreverente, con claridad, defienden algunos reseñistas aduladores. En la fútil competencia entre realidad y ficción el autor siempre va detrás, aunque la realidad nos presente lo contrario. De los autores mexicanos más vendidos, un grupo nutrido escribe con claridad a partir y para la violencia. Como Camus, pienso que los que escriben con claridad y sin el artificio de la sutileza siempre tendrán lectores; los que escriben oscuramente tendrán un puñado de comentaristas.

El lector no debería de pecar de ingenuo ante la realidad cotidiana ni ante la violencia narrada. El éxito de Game of Thrones, sustentado a lo largo de siete temporadas, radica en la conjugación de los grandes temas: muerte, amor y, sobre todo, poder. La violencia, estrictamente gráfica y ejecutada con estridencia, funciona como un medio de dichos temas, en un universo narrativo literario debajo del cual subyace algo más profundo, no la violencia en sí y para sí.

Hoy, la violencia es nuestro tema redituable. Muchos autores y empresas culturales lo saben, como el Teatro en Corto o Micro Teatro México, por citar un ejemplo. Mañana será la pornografía o algún otro y habrá siempre lectores y espectadores para consumir estridencias.

La violencia vende y muchos autores esperan que la violencia siga dando de sí.

Narrativas de las posverdad

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 657, del Diario de Querétaro del 7 de mayo del 2017.

El concepto de verdad se puede definir desde distintas perspectivas, considerando el carácter amplio y extensivo desde el punto de vista filosófico, y su naturaleza estricta y exacta, desde la noción lógica y lingüística.
No obstante, para definir la verdad podemos acudir a la fórmula clásica: Verdad es la adecuación del entendimiento con la cosa”. Suena bien, ¿verdad? No obstante, esta definición es determinista, irrenunciable, pero insatisfactoria por su flagrante pretensión de validez: “x es verdadero”.

Por muy determinante o contundente que parezca, el concepto no puede conformarse solamente con una definición pragmática y externa. Debemos de hacer un esfuerzo por extender el conocimiento de “x” y del por qué “x” es verdadero. No basta con decir que “x” es verdadero porque acierta o designa a la cosa. Es necesario mostrar que en lo verdadero radica aquello que se conoce y cómo se conoce de “x”: cómo se hace patente “x” objetivamente.

En contraste, el concepto de posverdad, también conocido como mentira emotiva, es un neologismo que se utiliza para referirse a la poca importancia que tienen los hechos objetivos frente a la influencia que las apelaciones emocionales y creencias personales tienen en la opinión pública. En esta semana, en los medios de comunicación conductores y autores de sus respectivos espacios se han decantado hacia la posverdad.

El pasado 29 de abril, El periódico El País publicó su titular “Explíquese, señor Rajoy”, en donde se cuestiona al presidente español por escándalos de corrupción al interior de su partido. El pasado lunes 1 de mayo, en su columna del miércoles del periódico Reforma, Denise Dresser plagió desde la cabeza, “Explíquese, Sr. Peña”, hasta la estructura argumentativa del editorial del medio español, de acuerdo a información de Angélica Recillas en su colaboración para el portal de la revista Étcetera[1]. El plagio, manifiesto en los ejemplos que presenta Recillas, y aceptado fugazmente por Dresser en su Twitter, no fue evidencia objetiva para quienes son seguidores de la politóloga egresada y docente del ITAM. Una voluntad acrítica que antepone las creencias, los actos de fe por encima de un plagio flagrante. Plagio y posverdad.

En su edición impresa del 4 de mayo, el periódico La Jornada de Oriente utiliza una fotografía para la nota de la reunión de gobernadores: “Antonio Gali firma compromisos en la Conago”. Para ilustrar la nota pone una fotografía de Gali Fayad, gobernador de Puebla, con el presidente Enrique Peña Nieto. Todo bien hasta allí. Pero hay un detalle: la foto fue recortada y editada. La original es una selfie tomada por Javier Lozano Alarcón, funcionario y conocido panista. El medio se tomó la libertad de bajar la foto del Twitter de Lozano, quitar al funcionario de su propia foto (ferviente usuario de esta red social) y otorgarse el crédito por la misma: Foto La Jornada de Oriente. Plagio y posverdad.

La madrugada de este miércoles, Leslie Berlín Osorio Martínez apareció ahorcada con un cable junto a una caseta telefónica, frente al edificio 4 de la Facultad de Ingeniería, al interior de Ciudad Universitaria de la UNAM. Sí, el cadáver de una mujer de 22 años aparentemente asesinada al interior de un lugar que se supone debería de ser seguro.

Tras esparcirse la noticia, desde el miércoles, y hasta el término de este texto, el #SiMeMatan seguía siendo tendencia en Twitter como una forma de manifestar protesta por los frecuentes feminicidios y desapariciones de mujeres en la capital del país. Pascal Beltrán del Río, director editorial del periódico Excelsior, publicó en TW “#SiMeMatan Revivo”, un ardid con el tono de burla similar al que había manifestado en otra publicación a propósito del caso de acoso a la comunicadora Támara de Anda.

Paralelamente, otra vez en redes sociales, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México publicó información preliminar a pesar de que aún no había iniciado la investigación: “El día de los hechos, la pareja se reunió con varios amigos en CU, donde estuvieron alcoholizándose y drogándose”. “Su madre y su novio aseguraron que ella no estudiaba desde 2014, y dejó sus clases en CCH sur, donde debía materias”. Revictimización, regaño, estigmatización y banalización. Como si esa información aportara datos para la investigación. Posverdad y cinismo.

“Vamos a analizar un problema muy actual que por circunstancias especiales están en boca de todos” (sic). Así iniciaba Angélica Ángel Arvizu su programa de radio por internet. Karime, la adolescente que el pasado 2 de mayo fue reportada como desaparecida y al padre de la adolescente, fueron sus invitados. “El caso de una chica adolescente que ya es famosa porque ya se ha realizado un gran conflicto esto, que vamos a analizar desde varias perspectivas el asunto de Karime”, remataba Ángel Arvizu, que además se ostenta como terapeuta con el seudónimo de Angelpanther.

Además de Karime y su padre, previamente como invitada estuvo Aleida Quintana, antropóloga y activista social en el tema de feminicidios y desapariciones. “Admiro mucho porque es una de mis guerreras de la luz”, dijo de ella Angelpanther. Y continuó: “Bienvenida, corazón, porque sé que tú nos vas a iluminar el camino. Yo sé que esta situación que está pasando pues ha demeritado el movimiento, ¿verdad? Esta situación con Karime, ¿cómo la ves?”.

Desde un enfoque prudencial, Quintana advirtió que más que demeritar el movimiento se trataba de abordar el problema desde una perspectiva compleja, en donde intervienen los protocolos de las autoridades, el tratamiento del tema en los medios de comunicación proclives a la revictimización, la estigmatización y el linchamiento mediático, y tratar casa asunto en específico. No fue escuchada.

“¿Y nunca empatizaste con el dolor de tus padres, corazón?”, dijo Ángel Arvizu elevando la voz en flagrante regaño a Karime quien, tras ser evidenciada y señalada en redes sociales, tiene que confrontar ahora la ausencia deontológica de ciertos medios clickbait.

Parte de la versión de Aleida Quintana es la siguiente: “cuando entre la conductora Angélica Ángel Arvizu le decía a la niña alzándole la voz que necesitaba que contara las cosas y se disculpara con la sociedad por lo que había “ocasionado” y mientras ella haría quedar como mártires a los padres. Después le pidió narrar situaciones personales frente a quienes estaban presentes amenazándola con sacarle los trapitos al sol en vivo si no le contaba la “verdad”. Intervine en varias ocasiones; eso lo sabe la familia, la niña y el equipo de producción que estaban presentes. Le dije que no era adecuada la manera en que se dirigía a ella, que lo que hacía era revictimizante, que la cuestionaba peor que la Fiscalía, que teníamos que pensar en la vida de la joven y cuidar el proceso de la familia y que eso era poco ético ya que podía ocasional un conflicto mayor con la familia, pregunte si se haría responsable de las consecuencias”.

Dos horas después de su programa, en su muro de FB, Angélica Ángel Arvizu, pone lo siguiente: “Aviso: La botella y la piedra se te va a regresar desde arriba y por abajo. Chipotle con sangre…”.

[1] Ángelica Recillas, “El plagio y las paradojas perversas de Denise Dresser”, 3 de mayo del 2017. Revista Étcetera. Disponible en http://www.etcetera.com.mx/articulo/ElplagioylasparadojasperversasdeDeniseDresser/55231

#LordPrepa10

 

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 649, del Diario de Querétaro del 12 de marzo del 2017.

“Oye, ya llegué. Ah, pues bienvenido, pásale. Oye, ¿y ya está la cena? Ah, ahorita sale. Con una chingada, vengo cansado, vengo estresado. ¡Qué puta madre! ¿Qué no te doy dinero para que tengas todo hecho aquí, que esté en orden? Ah, no te apures, gordito. Ahorita te preparo esto y lo otro. Pero rápido, porque tengo ganas de coger y la chingada, así que te quiero ya” (sic).

La anterior transcripción es un fragmento de un video difundido en redes sociales el pasado 7 de marzo del 2017, en el cual se exhibe a Ramón Bernal Urrea, profesor de Preparatoria 10 de la Universidad de Guadalajara, supuestamente contando un chiste. Ante sus estudiantes, con el donaire que otorga la ignorancia temeraria, dijo que a veces las mujeres se niegan a tener sexo “porque les duele la cabeza”: “¿Te duele la cabeza, hija de tu puta madre?, ¿te duele la cabeza, pendeja? Miren, yo no sé ustedes, pero si yo trabajo todo el día, si me maté estudiando para ganar mi dinero, a mí me dicen eso, la agarro de las greñas, le pongo una pinche zarandeada, hija de la chingada…” ilustró el profesor como ejemplo.

Un día después el video se tornó viral con el #LordPrepa10 Ese mismo día, el profesor difundió en redes sociales una carta en donde justificaba su actuar, el cual tuvo la intención de “retratar de la forma más fiel posible una situación de violencia familiar durante la clase a la que pertenece el video, dicha clase fue de una hora de duración, por lo cual no se puede contemplar que la intención, el objetivo de la clase, es evitar que los alumnos lleguen a ser agresores o agredidos, que conozcan una realidad latente” (sic).

Nuevamente, con las redes sociales como escenario, se vertieron comentarios respecto a la aclaración del profesor, quien ya es sujeto a una investigación por parte de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco. “Tonny Puga”, usuaria de Facebook, publicó lo siguiente:

“No critiquen al profesor es muy muy buen profe a mi me dio clases y sabe mucho, lo que pasa aqui esque este comosito que subio el.video solo lo recorto a su antojo para ganar sus putos votos quemando gente!Es una explicacion que da para ambos sexos de como superarte estudiando para que no te pase lo que el esta narrando” (sic).

Ignorancia y donaire. Es como si la estudiante justificara que, para comprobar el comportamiento fisioquímico del fuego, el profesor debiera quemar en una pira a sus estudiantes.

A la ignominiosa e inútil lista de lords y ladys que siguen emergiendo de nuestra cotidianidad, habrá que agregarle nuestra irredenta doble moral potenciada por la fascinación del linchamiento mediático, esgrimida con facilidad anónima a través de las redes sociales.

Con las evidencias que se pueden advertir en los videos (el editado, que solamente presenta el discurso soez del profesor; y la versión íntegra que presenta el encuadre) se constata el paupérrimo y anquilosado recurso didáctico de la clase expositiva, en donde el profesor, con donaire e ignorancia, es el medio y el mensaje: el transmisor falaz de lo que a su juicio es conocimiento.

De acuerdo a investigaciones de Lorin W. Anderson, profesor de la Universidad de Carolina del Sur, autor de A Taxonomy for Learning, Teaching, and Assessing: A Revision of Bloom’s Taxonomy of Educational Objectives (Pearson, 2013) el 87.3% de las clases se enfocan en su totalidad a recursos expositivos, redundando solamente en los tres primeros niveles cognitivos:

  • Recordar: reconocer y traer a la memoria información relevante de la memoria a largo plazo.
  • Comprender: habilidad de construir significado a partir de material educativo como la lectura o explicaciones del docente.
  • Aplicar: aplicación de un proceso aprendido, ya sea en una situación familiar o en una nueva.

Con su exposición, el docente del video apela en su totalidad a la construcción unidireccional de significados desde un propio arbitrio. No hay puntos de referencia ni de comparación, no hay posibilidad de que el estudiante confronte los contenidos presentados por el profesor con otros de índole académica, no hay posibilidad es establecer un debate o diálogo en donde el estudiante exponga su experiencia u opinión al respecto. Hay posibilidad para la conflagración, pero no para la educación. Se privilegian los contenidos, se sacrifican los conceptos.

Siguiendo a Anderson, solamente el 12.7% restante apunta a los niveles cognitivos altos. Estos son:

  • Analizar: descomponer el conocimiento en sus partes y pensar en cómo estas se relacionan con su estructura global.
  • Evaluar: proceso racional de comprobación y crítica.
  • Crear: involucra y reúne los recursos que se implican en la creación de algo nuevo. Para llevar a cabo tareas creadoras, los estudiantes generan ideas, planifican y gestionan sus procesos, y producen contenidos a partir de conceptos.

En los niveles cognitivos bajos, el docente pudo haber solicitado a sus estudiantes lo siguiente:

  1. Recordar: con base en lectura documental, Identificar los distintos tipos de violencia a los que es sometida la mujer mexicana.
  2. Comprender: a partir de la investigación documental del Código Civil del Estado de Querétaro y de algunos artículos de la Constitución Mexicana, explicar por qué siguen existiendo inequidades en el trato de las mujeres respecto a los hombres.
  3. Aplicar: mediante la observación participante, diseñar un experimento para determinar el discurso sexista, tanto masculino como femenino, que se establece en la interacción social cotidiana del centro escolar.

En los niveles cognitivos altos, el docente pudo haber aspirado a que a sus estudiantes desarrollaran lo siguiente:

  1. Analizar: dibujar un diagrama que presente las condiciones laborales de la mujer en México.
  2. Evaluar: mediante la elaboración de un texto argumentativo, determinar la validez de los argumentos a favor y en contra del llamado Nuevo Feminismo.
  3. Crear: en donde el abanico se abre en una serie interesante de opciones.
    1. Con base en una lista de criterios, escribe algunas opciones para mejorar las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres al interior del grupo, de la escuela, de la familia y del trabajo.
    2. A partir de tu experiencia, escribe un relato en donde des cuenta de tu situación personal a partir de la siguiente idea detonadora: “Mujer”.

Desde un convencionalismo más o menos específico, podemos decir que el tejido social lo conforma un grupo de personas que se unen para satisfacer necesidades humanas elementales o superiores, tales como: alimento, salud, educación seguridad social, cultura, deporte, servicios públicos, transporte y todo lo que represente mejor calidad de vida.

La reconstitución del tejido social comienza en las familias generando estudiantes conscientes, capaces de revelarse a su realidad y cuestionar su sistema educativo; y se fortalece en las escuelas, en donde los estudiantes adquieren, construyen y desarrollan los conceptos, habilidades y valores mínimos para abrirse paso a costa de sus padres y profesores.

La honestidad tragicómica*

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 648, del Diario de Querétaro del 5 de marzo del 2017.

Lunes por la mañana. Juan decide salir al trabajo con una profunda prerrogativa: dejar de ser corrupto. Epopeya pírrica considerando el modelo heredado por sus padres, por sus abuelos, por sus conocidos: la cultura de todo un país.

Sube a su auto. En el noticiero matutino escucha que Hilario Valeriano Mendoza, exedil de San Javier, Sonora, fue puesto en libertad tras no encontrarse pruebas suficientes para procesarlo por delitos de peculado y ejercicio abusivo de funciones. El 8 de junio, tras dejar la presidencia municipal, Valeriano Mendoza fue detenido por intentar autocomprarse el palacio municipal a precio ridículo. Al menos San Javier recuperó su recinto, pensó Juan.

Tras recorrer apenas un kilómetro sobre Constituyentes un policía municipal lo conmina a detenerse. De las series gringas Juan aprendió que el conductor debe permanecer en el auto hasta que el agente inicie su procedimiento. Pero estamos en México.

–Ese permiso ya está vencido, joven– dijo el oficial mirando a Juan de reojo, preparando la boleta de infracción.

–Sí, oficial. Verá, tuve un problema con el nombre de la carta factura original del vehículo. No era el mío. Hasta el día martes me entregan la carta corregida.

–Sí, pero mientras usted no traiga un documento oficial avalado por el gobierno usted no podrá circular.

Tras entregar la licencia, Juan escucha las voces que emite el radio del oficial. Sin éxito, trata de descifrar los mensajes en clave. Han pasado solamente cinco minutos.

–Estamos en operativo especial para combatir el robo de vehículos, voy a tener que lleverme su coche al corralón hasta que presente sus documentos originales, joven– arguyó el oficial. Su rostro articuló una sonrisa forzada.

–Estoy comprobando la propiedad del vehículo con la copia de mi carta factura, le acabo de explicar que…

–Mire, joven. Mejor nos arreglamos aquí. Si me lo llevo allá lo van a traer vuelta y vuelta.

–¿Arreglarnos?

–Ora’ sí que usted calcúlele: el tiempo que llevamos aquí, lo que vale su coche, la bronca del corralón… Está cabrón, ¿verdad?

–No, señor. Ya no soy corrupto. Haga lo que tenga que hacer.

Dos horas después Juan llegó a su trabajo. Trató de estacionarse en un cajón cercano a la oficina que en ese momento estaba vacío.

–No, mi amigo, no puede estacionarse aquí. Ese lugar ya está apartado– dijo un chico imberbe al que Juan había visto lavando coches anteriormente.

–Todos los lugares son para los empleados, además a ti no te pagan por eso– alegó Juan.

–La señorita de recursos humanos es la que me encargó su lugar. Aliviáneme para el chesco y ya mañana le guardo su lugar…

–No soy corrupto, mi amigo. En cuanto entre te voy a denunciar con el jefe…

–¿El ingeniero Gómez? Ese güey fue quien me trajo a chambear aquí. Ése, el que está allá en la sombrita, es el coche del inge.

Juan ingresó a la oficina. Al mediodía recibió una llamada. Era Estela, su esposa:

–¿Qué pasó, mi amor?

–Soy Socorro, Juan.

–¿Todo bien con Estela, suegra?

–Cálmate, todo está bien. Te llamo para avisarte que la trajimos a Urgencias pero como no la atendían rápido le hablamos a Ulises para que…

–No, suegra. Es muy amable de tu parte pero ya te había dicho que preferimos hacer las cosas sin el apoyo de Ulises.

–Escúchame bien, Juan. Estela ya está siendo atendida. Ulises se encargó personalmente de subirla a piso.

–Gracias, pero no quiero abusar de sus influencias, no quiero que…

–No seas idiota, Juan. Ulises es el director del área de Urgencias, él se está encargando de todo. ¿Qué quieres?, ¿qué se mueran Estela y tu hijo?

Saliendo del trabajo llegó al café en donde se había quedado de ver con Fernando, su compañero de la universidad, quien le quería presentar una propuesta.

–Si te unes a la campaña, igual y te presentó con el licenciado para que te vayamos colocando en una regiduría o algo. El chiste es entrarle, ya adentro nos movemos por más cosas, güey. ¿Cómo ves?, ¿jalas?

–Me late, pero no me convence que sea así, ni siquiera leíste las propuestas que te envié.

–Esto es de conectes, Juan. ¿Por qué crees que no avanza lo del Sistema Estatal de Corrupción? En cuanto se pongan de acuerdo para elegir al fiscal, verás que todo va a seguir igual.

–No le entro, gracias, Fer.

–Pues eres un pendejo, querido amigo.

Casi las seis de la tarde. Juan va a la universidad donde estudió para ver si ahora sí lo habían aceptado en el doctorado. Tanto el anteproyecto como la solicitud los había presentado nuevamente en tiempo y forma, solo faltaba el visto bueno de la directora de posgrado.

–¿Rechazado? Pero si presenté todos los documentos que me solicitaron. Incluso hice la adecuación de mi marco teórico y de mi…

–Mira, mi trabajo solamente consiste en entregar los resultados. Si quieres saca una cita con la directora de posgrado para que…

–¿Con quién saco la cita?– dijo Juan.

–Conmigo– espetó la secretaria con gesto irónico –pero tendrá que ser la siguiente semana, ya que la maestra Lety Dorantes está de viaje.

–¿Leticia Dorantes es la directora de posgrado? Pero ella es la esposa del director de la Facultad, el mismo que rechazó mi solicitud el año pasado– dijo Juan con escozor.

–Ahí sí ya no me meto. ¿Te saco la cita?

Caminando por la calle 5 de Mayo, Juan se preguntaba por qué Estela había llamado primero a sus padres y no a él. No sentía deseos de llegar a casa. Además de la alta probabilidad de que lo infraccionaran por el permiso vehicular vencido, en realidad no tenía motivos suficientes para estar ahí. Decidió ir a tomar algo al café que se encuentra dos cuadras adelante. En una de las primeras mesas estaba Cynthia, su antigua novia con quien había estado a punto de casarse.

–Hola, Juan. ¿Qué milagro?– dijo Cynthia. Lucía muy distinta respecto a la última vez que se habían visto.

–Hola, Cyn. ¡Qué gusto encontrarte aquí! ¿Qué estás haciendo?

–Siéntate, Juan, ayúdame. Mira, acabo de entrar a la secretaría, me pidieron una presentación para mañana pero no tengo idea de qué les voy a hablar.

–¿En la secretaría?– Juan recordaba que Cynthia había terminado su tesis con un trabajo plagiado.

–Sí, entré la semana pasada, luego te cuento. ¡Ayúdame, ándale!

Juan se sentó al lado de Cynthia y comenzó a esbozar algo. Mientras le explicaba el concepto de política pública un sujeto interrumpió su charla.

–¡Hola, mi amor! Mira, te presento a Juan. Te he platicado mucho de él.

–Buenas noches, Juan, No, no levantes, hombre, mucho gusto.

–Te conozco. Andrés, ¿verdad? Entraste a trabajar como coordinador cuando tu primo fue nombrado secretario.

–¡Claro, ya me acordé de ti! Tú eras del equipo del anterior gobernador.

–Andrés es mi esposo, Juan. Él me recomendó para trabajar en la secretaría, ¿verdad mi amor?

Juan salió del café con la boca seca. Cuando estaba a punto de encender el auto, una brizna zumbó por la ventanilla del costado derecho. Le habían dado un cristalazo.

*Inspirado en el texto titulado “La propiedad privada de las funciones públicas” de Gabriel Zaid.

Esto no es una elegía

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 647, del Diario de Querétaro del 29 de febrero del 2017.

La muerte es ante todo un fenómeno. Por eso parece absurdo que surjan religiones en su nombre. Básicamente se trata de un fenómeno biológico y fisiológico, de allí que se deduzca que sea propia de seres vivientes y corpóreos.

La muerte es la contundente evidencia de que la vida ha cesado, la implacable extinción de las actividades vitales: dejamos de crecer, de asimilar, de reproducir. La conciencia, el apetito y el asombro de los sentidos llega a su fin. El movimiento del cuerpo y su vocación sensitiva se han terminado.

Tras la muerte se da paso al protocolo del rigor mortis. A temperatura normal, este signo aparece después de tres o cuatro horas de que se ha declarado la muerte clínica. Entonces comienza el proceso de rampante rigidez que concluirá tras doce horas continuas. El camino a la descomposición, la resolución de las materias inorgánicas de lo que alguna vez estuvo vivo.

En ese momento nos encontramos ante la esencia de la muerte: el principio vital que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida se ha separado del cuerpo. Por la edad, la enfermedad, las lesiones, o la combinación de éstas, el cuerpo ya no es capaz de sostenerse en vida. Con esta separación, las almas de las plantas, de los animales y de las personas fenecen, porque para dichas almas es imposible sobrevivir sin el cuerpo.

La muerte es la máxima certeza a priori con la que contamos los seres humanos al nacer, pero su sola presencia es funesta. A pesar de que es el primer paso de la supervivencia supracorporal, inmortal, su insurrección sigue siendo inefable.

El pensar y el querer ya no aparecen ligados al cuerpo. Si ayer tenía ganas de ir a tomar un café, o estaba pensando en desarrollar aquella idea de cuento en donde hablaba de un muchacho sentado frente a una libreta en blanco y una taza de café, ahora no es más que una ausencia de corporeidad. ¿Acaso la muerte nos desliga de toda corporalidad en un decreto de finitud? ¿O nos conduce a una relación abierta con el mundo?

Lo peor de morir es morirse en domingo. No hay doctores, enfermeros, camilleros, trabajadores sociales, bancos, oficinas abiertas… no hay ánimos ni el carácter cotidiano para procesar la defunción.

A pesar de nuestra torpe obstinación, la muerte avisa. Al menos en el Tibet, ésta usa como medio al cuerpo. De acuerdo a Guillermo Sheridan, “su vademécum, titulado Bar-do thos-grol chen-mo, explica que se puede ingresar a los “estados intermedios” (o sea: morirse) ya por vejez y agotamiento del karma, ya por golpe cruel y a destiempo. Mezcla de básica psicología, observación pragmática y lo que en Occidente llamamos “pensamiento mágico”, ese manual arcaico registra las señales que deben atenderse para tomar providencias”. Algunos otros simplemente decidimos ignorar la información del cuerpo y nos entregamos en exceso al placer de comer y beber.

La muerte corona a la vida al redondearla en su totalidad. De esta manera, con la muerte, la vida manifiesta su sentido último. La muerte significa un movimiento dual para el hombre: es regresar a la unidad interiorizada del espíritu, pero lo hace desde la multiplicidad exterior del mundo espacio-temporal. El ciclo se ha cumplido.

Para efectos de gestión, el nombre del difunto pasa a ser un número de expediente, de cuarto o de cama. Algunas enfermeras recordarán su nombre o se referirán a él recurriendo a eufemismos: “Se murió el abuelito de la D6”. Es momento de la anécdota.

Entre el espacio de la parada de camiones y la entrada a Urgencias, sobre la acera de avenida Zaragoza que circunda al Hospital Regional número 1 del IMSS, hay un espacio que desde hace por lo menos treinta años me ha llamado la atención. Se trata de unos cuartos que permanecen con las puertas abiertas día y noche. Los pocos vehículos que se estacionan (estos cuartos cuentan con su propio espacio de estacionamiento) lo hacen por lapsos no mayores a una hora, recurrentemente camionetas. Ahora comprendo por qué se encuentran preferentemente con las puertas abiertas: allí se ubican los racks con cuatro charolas cada uno, sobre las que se depositan los cadáveres embolsados de quienes acaban de fallecer; necesariamente ese lugar se tiene que mantener ventilado. En ese espacio vulgarmente diáfano se hace la identificación de los cadáveres, no de la manera dramática en la que se nos ha infundido desde el cine o la televisión. Es como si te preguntaran si ése par de zapatos es tuyo. La posibilidad a responder no es raquítica.

Entre 10 y 20 mil pesos en promedio es la cantidad mínima que los familiares del difundo deberán de gastar para sepultarlo o cremarlo. Y como ni la muerte es igualador de clase social, en el servicio de velatorios del IMSS se pueden elegir urnas para cenizas desde 275 hasta con valor superior a los 2500 pesos. Si por las características del cadáver se requiere embalsamar, se cobrará un costo adicional de 1200 pesos. No es mala idea tener lista una muda de ropa para el difunto, si se sigue el procedimiento tradicional del velorio, los dolientes deseasrán verlo por última vez.

¿Alguien piensa en los vecinos de los velatorios de la calle Guerrero? Además de los gritos, llantos, cánticos de plañideras y problemas de estacionamiento, deben de sortear a personas recargadas en las paredes, recoger la basura de los dolientes y resignarse a esperar con paciencia a que se estacione la carroza.

Kierkegaard, Sartre, Rilke y Heidegger coincidían en ver al hombre como un preso en el mundo. Por sus vanidades, el hombre corre el riesgo de perderse a sí mismo, porque se le ha desfigurado la totalidad de su existencia. Solamente, a través de experimentar su ser-para-la-muerte y abrazándolo con resolución, asciende al carácter holístico de su existir y a la plenitud de su humanidad, desde la cual domina lo intramundano. Por lo tanto, solamente se encuentra el sentido justo de la vida si el ser para la muerte significa en definitiva la unión más íntima del hombre con Dios y la muerte, su abismarse en él, de acuerdo a Kierkegaard.

No obstante, todo se tornea incierto cuando la muerte se traduce en un volcarse irrefrenable hacia la nada, de acuerdo a Sarte. Por su parte, Heidegger afirma que no queda tampoco en la muerte más que la nada, pero esta nada es el velo del ser y no permite de ningún modo una interpretación nihilista.

La cremación de un cuerpo tarda entre una hora y media y dos horas. Para solicitar el permiso de cremación uno deberá de acudir a las oficinas del registro civil en el antiguo palacio de gobierno municipal, en el Jardín Guerrero. Hasta las 22:30 horas una señora, con la amabilidad de una taza de café frío, se encargará de expedir los permisos necesarios para la cremación. Tenga cuidado, caro lector, de que no confunda el nombre de usted con el de su difunto. Todavía no.

Evan y las hipótesis (II)

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 643, del Diario de Querétaro del 29 de enero del 2017.

Adam Lanza, un chico de 20 años que solo había tenido oportunidad de terminar su secundaria, vivía en casa con su madre quien, al verse imposibilitada para trabajar, tenía que estar permanentemente bajo los cuidados de Adam. Para sobrevivir, la familia recibía un apoyo económico anual de 240 mil dólares, aportados por el padre de Adam, de quien su madre se había divorciado.

En la tarde del 12 de diciembre, Adam acudió a una tienda de deportes ubicada en Danbury, Connecticut. Quería comprar un rifle. El vendedor del local se opuso a la venta porque Adam no accedió a que su nombre fuera cotejado en la base de datos de personas con antecedentes penales; tampoco accedió a cumplir con el periodo de espera que establecen las autoridades para la venta de armas.

Durante los últimos tres meses, Lanza ha mantenido comunicación constante con su madre a través de correos electrónicos, a pesar de que viven en la misma casa. El mismo tipo de conversación epistolar la mantiene con su padre.

Ni su madre ni mucho menos su padre ha reparado en una obsesión de Adam: las matanzas masivas. En su habitación, Lanza atesora una notable colección de información acerca de masacres, especialmente del tiroteo escolar de 1999, acaecido en Columbine, Colorado.

Quizás ni su padre ni su madre quisieron seguir teniendo el mismo interés de cuando Adam Lanza fue diagnosticado con el síndrome de Asperger, en 2005, un trastorno mental variante del autismo que causa discapacidades sociales y ansiedad extrema.

Lanza, sin embargo, no fumaba, no ingería alcohol ni consumía mariguana ni otras drogas.

Recostado en su cama, Adam realiza recorridos virtuales utilizando un dispositivo GPS. La ruta es de su casa a la zona de la escuela primaria Sandy Hook, ubicada en Newton, Connecticut, Estados Unidos. Adam ha planeado el recorrido.

Eran las 9:30 de la mañana del viernes 14 de diciembre del 2012. Tras haber hecho una revisión minuciosa del plan, Adam llega a bordo de un automóvil, armado con un fusil de asalto Bushmaster y dos pistolas, todos semiautomáticos.

Por procedimiento, la escuela Sandy Hook mantenía los accesos cerrados. Para poder ingresar, Adam hizo varios disparos cuyo sonido llamó la atención de Dawn Hoschprung y de Mary Scherlach, directora de la escuela y psicóloga, respectivamente. Ambas cayeron fulminadas en el pasillo. Adam siguió caminando hasta encontrarse con dos miembros del colegio quienes resultaron heridos por Lanza.

En azar violento, Lanza ingresó al salón 8, asesinó a la maestra, a la asistente y a 14 estudiantes de primer grado. Solamente una niña resultó ilesa. En el salón 10, con perturbadora calma, mató a la maestra titular, a su asistente y a cuatro niños. Uno, que había resultado herido, moriría posteriormente en el hospital.

Nueve niños lograron huir, otros dos fueron encontrados escondidos debajo de los lavabos. La edad de los estudiantes asesinados rondaba entre los 6 y 7 años. El cadáver de Lanza fue encontrado en el salón 10 tras haberse disparado en la boca.

El registro de la primera llamada al 911 fue a las 9.35 hrs. Para las 9.39 hrs. el primer agente policiaco ya estaba a las afueras del colegio, de hecho, alcanzó a escuchar todavía disparos. A las 9.40 se escuchó la detonación que el mismo Lanza se hubo asestado.

Los asesinatos se habían cometido en un lapso no mayor de 5 minutos.

La habitación de Adam tenías las ventanas tapadas con bolsas negras de basura. Poseía una gran colección de videojuegos de contenido violento, así como numerosas copias de asesinatos masivos, su reciente obsesión. Previsor, Adam había dañado intencionalmente el disco duro de su computadora. Entre los videojuegos que Lanza jugaba durante prolongadas jornadas estaba “School Shooting”, en el cual el jugador controla a un pistolero que ataca a una escuela y dispara a los estudiantes.

¿Cómo obtuvo Adam Lanza sus armas? En su habitación se encontró además un arsenal y accesorios para armas de fuego, así como una pequeña colección de espadas, cuchillos y lanzas. Todas las armas habían sido compradas por su madre, Nancy Lanza, quien también había sido asesinada por Adam horas antes de Sandy Hook.

¿Por qué Adam Lanza cometió esa masacre? Si bien se sabe que fue planeado, los motivos del tiroteo podrían no llegar a conocerse nunca.

A la distancia, los padres de los niños y maestros asesinados crearon la fundación Sandy Hook Promise, cuya misión es “evitar muertes relacionadas con armas de fuego debido a crimen, suicidio y descarga accidental para que ningún otro padre experimente la pérdida sin sentido y horrible de su hijo”, de acuerdo a información disponible en sandyhookpromise.org Actualmente la fundación tiene 1 millón 70 mil trescientas personas agregadas a la misión de la fundación. Su lema es: “Prometo hacer todo lo que pueda para proteger a los niños de la violencia armada, alentando y apoyando soluciones que creen hogares, escuelas y comunidades más seguras y saludables”. La fundación fue quien creó la idea del video “Evan”.

Las hipótesis han sido múltiples, no necesariamente acertadas. En el concepto de la adolescencia sigue perviviendo el estigma de conflicto, de incertidumbre, de batallas perdidas. Pero el concepto de la adolescencia es un microuniverso en el cual los problemas de los adolescentes podrían considerarse una galaxia.

¿Cuáles son los factores que pueden intervenir en la aparición de problemas adolescentes? Esbocemos algunos:

Factores biológicos: se le atribuyen al funcionamiento inadecuado del cuerpo del adolescente, centrado principalmente en el cerebro y factores genéticos, lo cual se trata desde intervenciones farmacológicas.

Factores psicológicos: tales como pensamientos distorsionados, confusión emocional, aprendizaje inadecuado y dificultades para interactuar con los otros. Esto puede ser atribuible a experiencias tempranas estresantes que tienen los niños con las figuras paternas. Desde el enfoque del conductismo y la teoría sociocognitiva los problemas de los adolescentes son consecuencia de las experiencias sociales que se tienen en su núcleo familiar y grupos de amigos.

Factores socioculturales: donde intervienen variaciones en aspectos sociales, económicos, tecnológicos y religiosos, existentes en cada familia. Entre los factores que intervienen de modo determinante se incluye el nivel socioeconómico y la calidad de la colonia en donde se vive.

Los tres tipos de problemas se deben abordar desde una propuesta transdisciplinaria, denominada Enfoque Biopsicosocial. Asimismo, el enfoque de la Psicopatología del Desarrollo contribuye a un seguimiento del proceso entre los precursores del problema (factores de riesgo y experiencias tempranas), y consecuencias (delincuencia o depresión).

La educación y la cultura contribuyen a matizar los factores de riesgo. Pero, en un país en donde un gran porcentaje de familias debe de buscar el ingreso familiar hasta en dos o tres empleos, ¿qué podemos esperar del rol determinante del núcleo familiar?