Concurso de Oposición

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 658, del Diario de Querétaro del 14 de mayo del 2017.

“Péreme tantito, es que esta cosa de que quiere abre y de que no nomás no”, dice un hombre septuagenario con uniforme de guardia de seguridad. Su trabajo consiste en pasar sensores para que las personas puedan entrar o salir de las oficinas de la Unidad de Servicios de Educación Básica del Estado de Querétaro, mejor conocida como USEBEQ. El día de hoy hay más gente que de costumbre. En esta semana se está llevando a cabo el registro de los candidatos para participar en el Concurso de Oposición para el ciclo escolar 2017-2018.

En la recepción entran y salen personas con fólderes bajo el brazo, algunas –mujeres, principalmente– visten uniforme de docente. Se arremolinan en la oficina de vigilancia para registrarse. “No importa, ponga su firma, yo pongo la hora de la salida”, dice otro septuagenario, pareja del primero. El uniforme de guardia de seguridad le queda algo grande. “Ya déjalos pasar así, son muchos” revira su pareja notoriamente exasperado.

–¿Aquí va la fila?– pregunta Alicia de 25 años. Para ser un trámite de alta demanda le parece que hay muy poca gente.

–No, maestra. Esta es la última parte. La fila da la vuelta. Mire, comienza hasta allá, pero primero tiene que pasar a aquella oficina para que le den unos formatos.

En la oficina donde se entregan los formatos, cuatro mujeres se encargan de la recepción de los documentos:

–Buenos días, me dijeron que aquí me entregan unos documentos para…

–Le mandaron un correo electrónico, ¿no recibió los documentos en su correo?– dice una mujer de lentes sin mirar a Alicia al tiempo que organiza unas copias en un fólder.

–Sí recibí el correo, pero no sé a qué…

–Tenga, maestra. Lléneme todos los documentos con pluma azul, no puede dejar ninguna hoja en blanco. Organice sus documentos en el orden que dice la hojita. Luego se forma, cuando le toque su turno le recibo sus documentos– dice la mujer de lentes con tono pedagógico. Antes de continuar organizando las copias en el fólder da una mordida fugaz a un sándwich de pollo que esconde bajo su mesa.

El periodo de registro para el concurso de oposición para ocupar una plaza docente fue del 2 al 11 de mayo, la fecha de evaluación se hará pública a más tardar el 30 de mayo. Los días 5, 6 y 7 de mayo alrededor de 37 mil maestros participaron en el Concurso de Oposición para la Promoción a cargos con funciones de Dirección, Supervisión y Asesoría Técnica Pedagógica en Educación Básica. De acuerdo a la Secretaría de Educación Pública (SEP), los estados de Campeche, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo y San Luis Potosí tuvieron una participación igual o mayor al 90 por ciento. Se contó con la participación de 20 mil 620 aspirantes a categorías con funciones de Dirección de los 23 mil 974 programados; mientras que para Supervisión se programaron 13 mil 479, y se evaluaron 11 mil 590. Además, fueron evaluados cuatro mil 143 aspirantes a cargos con funciones de Asesoría Técnica Pedagógica de los cuatro mil 952 previstos.

–¿Y qué dicen de mí?– pregunta una maestra con blusa estampada atigrada a otra que porta el uniforme del Colegio Finlandés.

–Nada, haz de cuenta que nunca trabajaste allí.

–¡Ay!, me acuerdo y me da coraje. Acá tengo cuarenta muchachos, pero mejor eso que andar aguantando a esa vieja.

–Bueno, pues la directora nos dijo que si alguien se iba a anotar para el examen que le avisáramos para que fueran buscando gente.

En esta etapa de la consolidación de la Reforma Educativa la convocatoria se ha extendido a profesionistas egresados de universidades públicas o privadas. Es decir, ya no es exclusivo para normalistas.

–Esta semana la escuela es un desmadre, güey– dice Juan, maestro de secundaria.

–¿Por qué, güey? Si casi no va a haber clases– pregunta Fernando. Este es su tercer intento en el examen. En sus dos oportunidades anteriores resultó ser “no idóneo”.

–Por eso, güey. Estas dos semanas tenemos nuestras comidas. Hoy nomás tuvimos la primera clase. Mañana tenemos el día de las madres. El viernes y el lunes tampoco habrá clases– explica con alegría Juan.

–Dicen que la comida de ayer se puso bien chida– dice Fernando.

–Sí, güey. El director andaba bien pedo. Hoy ni fue, yo creo que amaneció bien crudo.

El concurso de oposición se conforma de etapas:  1. Examen de Conocimientos y Habilidades para la práctica docente integrado por 80 reactivos; 2. Examen de Habilidades Intelectuales y Responsabilidades Ético-Profesionales integrado por 100 reactivos.

–Maestros, les vuelvo a repetir. Los formatos que les entregamos deben de llenarlos todos con pluma azul, no pueden dejar ninguno en blanco. Deben de traer todos sus documentos completos. Son cuatro fotos a blanco y negro con su nombre en la parte de atrás.

–¿Bueno? Hola, maestro Vicente. Soy yo, Enrique. Sigo aquí en el banco. Me dicen que me van a tardar con lo de mi tarjeta. Ya le pedí a miss Rosy que me cubra. Sí, maestro, solamente tienen que poner la imagen a la dispositiva– miente nerviosamente Enrique, maestro de computación de una secundaria particular en la que gana $75 por hora.

“Una vez adentro no es tan fácil. Salí “idóneo” para ocupar una plaza pero me mandaron a cubrir un interinato. Tuve que andar buscando unas horas aquí y otras allá. Yo no quería, pero me tuve que meter al sindicato. Si no, no estaría trabajando”, explica Carmen, maestra de inglés para nivel Secundaria. “Es bueno lo de la reforma, le permite a mucha gente poder concursar para una plaza. Pero no hay tantas plazas libres. Además, si no te actualizas, andan detrás de ti”, concluye.

–Pero ahí estudié la licenciatura, ahí mismo estoy estudiando la maestría los sábados– reclama Martha, recién egresada de la Licenciatura en Pedagogía. Su universidad ofrece ingeniería civil e industrial sin contar con laboratorios. Antes era una plaza comercial, ahora, tras constantes modificaciones, los locales se adecuaron como salones.

–Sí, maestra. Pero su universidad no tiene REVOE.

–¿Qué es eso?

–Sus estudios no tienen validez oficial, maestra. Discúlpeme. ¿Quién sigue? Pásele, maestro.

Tan solo en Querétaro, el año pasado, la SEP y la Dirección de Educación del Estado de Querétaro detectaron escuelas sin Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (REVOE) todas ellas del sector privado. En Querétaro, la presencia de universidades privadas que ofrecen estudios ejecutivos, semipresenciales, con enfoque cuatrimestral y titulación inmediata sin tesis, se ha multiplicado.

–¿Es usted egresada de la Licenciatura en Psicología Educativa? Necesito su título, cédula o constancia– dice una mujer con tacones altísimos, ya en la oficina de entrega de fichas de registro para aplicar el examen.

–Sí, soy licenciada, pero no tengo título ni cédula– dice Leticia, egresada de una universidad particular que abrió sus puertas en Querétaro hace un año y medio.

–¿Y la constancia, maestra?

–Me dijeron en la escuela que los de la SEP perdieron mis documentos, pero que haremos nuevamente la solicitud.

–¿Segura, maestra? Ay, no…No, no puede ser…

–¿Pasa algo, señorita?

–Maestra, ¡su universidad no tiene REVOE! Además, me llenó mal sus formatos. Puso la CURP en el RFC… ¡Y su CURP está mal escrita!

 

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Sala de urgencias

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 617, del Diario de Querétaro del 17 de julio del 2016.

“Ya llevo 16 operaciones. Pero además estuve un mes en coma después de que, a bordo de mi motocicleta, me estampé en avenida Constituyentes a la altura del puente del camino a Candiles”. Se trata de Guillermo, un paciente nada impaciente (de acuerdo a la versión que él da de sí mismo) que permanece sentado en el área llamada “Primer contacto”. Viste un bermudas gris, camiseta negra sin mangas y una pequeña mochila donde guarda religiosamente sus cantidades ingentes de medicamento. Llega a Urgencias por presentar un intenso dolor en su pierna derecha a consecuencia de una descalcificación: “Yo creo que sí se puede salvar mi pierna”, dice con una sonrisa impertérrita quien a sus 36 años está obligado a usar hemodiálisis.

Como Guillermo cerca de treinta personas permanecen en la zona de Primer Contacto: Felipa, una mujer quincuagenaria de mirada profunda y amable que presentó complicaciones intestinales a consecuencia de su diabetes descontrolada; José Hernández, un hombre de inmensidad espiritual y física, dializado, cuyas extremidades están siendo atacadas por un dolor inédito en su historial clínico; Gaby, una estudiante de preparatoria que, no obstante su edad, presenta un fuerte dolor de riñón: “Ya vez por estar poniéndole tanta San Luis”, le reclama cariñosamente su madre; Guadalupe, una mujer afanosa y muchas ganas de ir a la playa, pero que reporta intensos dolores en la espalda baja: “Yo creo que es del riñón. Es que no me gusta tomar agua”, dice mientras confronta la molestia con una sonrisa diáfana y contagiosa.

A pesar de su innegable pertinencia, el servicio de Urgencias del Hospital General Regional Número 1 del IMSS (HGR No. 1) reportó 2040 quejas en el periodo de 2013 al 2015, de acuerdo a registros de la Coordinación de Atención y Orientación al Derechohabiente. Las otras dos áreas que reportan el mayor número de reclamos son afiliación y cobranza.

“No, no voy a borrar el video. Y los voy a denunciar. Ya basta de que nos estén tratando con este pésimo servicio: ¡Ustedes son unos carniceros!”. Tras los gritos, la señora Magdalena amaga con denunciar a la enfermera que atendió a su madre, ya que “lleva más de cuatro horas en esa camilla y no la pasan a piso. ¿Qué esperan?, ¿qué se esté muriendo para que la puedan atender? O ya, de plano, que me digan que la van a dejar morir para llevármela”. La madre de doña Magdalena presenta complicaciones cardiacas por diabetes. El argumento de la enfermera es que “en el área de Triage nos dijeron que no era una urgencia, el padecimiento de la señora se puede controlar en la clínica familiar”. El Triage (por su forma francesa) o Triaje (en su forma castellana) es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles, evitando en la medida de lo posible que se retrase la atención del paciente que empeoraría su pronóstico por la demora en su atención. Por tanto, evalúa el riesgo inmediato de muerte y las posibles complicaciones derivadas de la espera. En situaciones de demanda masiva, atención de múltiples víctimas o desastre, se privilegia a la víctima con mayores posibilidades de supervivencia según gravedad y la disponibilidad de recurso. Quizás a ello se deba que la enfermera le haya dicho a un paciente con dolencia abdominal: “Si llega un infartado le voy a dar prioridad a él”.

“No te preocupes, yo estoy aquí contigo. Háblame, no pienses en el dolor. Solamente debemos esperar a que te haga efecto el analgésico”, decía Marijó, una enfermera del turno matutino, a su paciente que permanecía en pasillo antes de ser evaluado por el cirujano de guardia para una eventual intervención quirúrgica. Los pacientes saben que se acerca Marijó porque su presencia es antecedida por un olor a flores que contrasta violentamente con la apabullante manifestación de gritos, dolores, llantos, padecimientos y muertes. “Trato a mis pacientes como me gustaría ser tratada a mí. Trato de comprender su dolor, y me angustia no poder hacer lo suficiente para aliviarlos. ¡Imagínate! Tarde o temprano me va a tocar estar a mí del otro lado”, dice mientras administra una fuerte dosis de Naproxeno vía intravenosa.

A pesar de la reciente inversión de 2.8 millones de pesos que se utilizaron para el mejoramiento del área de Urgencias, se siguen utilizando los pasillos para la atención a pacientes, las camillas son insuficientes, no se cuenta con espacios adecuados para Primer Contacto, solamente se cuenta con un cirujano para el turno matutino y otro para el turno vespertino, la atención a Especialidades (por ejemplo, Proctología) está limitada a un solo médico en turno vespertino, por lo que si se presentara un caso de real urgencia para esta especialidad, el paciente tendría que esperar a ser atendido hasta después de las 15:00 hrs. El tiempo promedio en el que un paciente espera en la zona de Primer Contacto (en la mayoría de los casos lo hace sentado en una silla no acondicionada para fines clínicos) ronda entre una y dos horas, aunque, como en el caso de Guadalupe, puede convertirse en calvario: “¡Llevo aquí desde las 11:00 hrs. y ya van a dar las seis de la tarde!”, espetó con un grito hilarante que despertó a algunos de los pacientes que dormitaban en Primer Contacto a consecuencia del medicamento.

De las 23 Unidades de Medicina Familiar, siete se encuentran en el municipio de Querétaro, incluyendo al HGR No. 1. En la sala de Urgencias las barreras de las clases sociales se difuminan al tenor del padecimiento, lo único que cambia es la gravedad del mal. Una familia se abraza en la puerta principal de Urgencias: “Mi padre acaba de morir a consecuencia de un infarto”, dijo una mujer cuyo sofisticado smartphone delataba su estrato socioeconómico. Enseguida, una anciana ataviada de una bolsa para el mandado y un chal se acercó ofreció para rezarle un padrenuestro y un avemaría al nuevo “invitado a la fiesta del señor”, como la misma anciana diría.

Intempestivamente, en el intenso bullicio de la sala (un ir y venir casi infinito de enfermeras, camilleros y enfermos famélicos) irrumpió desde el Pediluvio el grito de dolor de un paciente. Aquello hizo pensar que en la sala de Urgencias se había implementado ya el servicio de exorcismos. “Nos va a odiar por esto, pero le juro que se va a sentir mejor”, dijo Abraham. “Grite, no se preocupe, nosotros estamos aquí para apoyarlo. ¿Listo? Va a doler mucho, uno…, dos…, ¡Tres!”, dijo Juan Malagón tras lo cual vinieron nuevamente los alaridos de aquel infortunado paciente. Pero, allende los gritos, Abraham y Malagón, dos recién egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Querétaro, dieron férrea muestra de lo que es el servicio de urgencia desde la perspectiva del médico practicante: serenidad, atención, humanidad, confianza, apoyo y sentido del humor. “No nos vaya a golpear por esto, señor” dijo Malagón a su paciente mientras se preparaba una nueva maniobra de curación: “Uno…, dos…, ¡Tres!”