Mujer de barro de Joyce Carol Oates.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 595, del Diario de Querétaro del 14 de febrero del 2016.

Joyce Carol Oates es una prolífica escritora estadunidense nacida en Lockport, Nueva York, un 16 de junio de 1938. Entre sus obras podemos encontrar novelas, novelas cortas, libros de relatos y textos dramatúrgicos. El nombre de Joyce Carol Oates es recurrente en la lista de candidatos a obtener el premio Nobel de Literatura lo cual, al conocer su obra, uno puede deducir que es un hecho inminente que la autora de Blonde (publicada originalmente en 2000, la edición al español es de Alfaguara, 2012) se alzará con el galardón.

Mujer de barro (Alfaguara, 2013) es una narración intensa, pero a la vez intimista, que relata la historia de Meredith Neukirchen, que inicialmente se presenta como una niña abandonada por su propia madre en las orillas lodosas que conforman la rivera del río Black Snake, un río ficcional cuyo nombre recuerda a Black Snake Moan, canción interpretada por Blind Lemon Jefferson en 1927.

Corre el mes de abril del año 1965. Acaso por el destino o quizás por una circunstancia azarosa, aquella niña abandonada logra sobrevivir. Más con afán, pero sin negar las buenas intenciones, el matrimonio que adopta a la niña de barro (llamada así por las condiciones en que fue su hallazgo en la rivera del río) trata de sacarla de aquella experiencia traumática para dotarla de una nueva vida, de una nueva historia que le permitiera a Merry (apócope y juego de palabras de Meredith) forjarse un pasado y futuro distintos.

A partir de este hecho la narración se alterna dialécticamente entre el pasado y el presente de Meredith. Un pasado miserable que regresa a la memoria de manera fluctuante, que le recuerda a la protagonista aquello que casi le cuesta la vida, y que la sublima de modo permanente en la mujer de barro; un presente en apariencia próspero y en la práctica perverso, que le asegurará condiciones de vida decorosa como académica universitaria egresada de la Universidad Cornell, pero patológica como mujer de mediana edad.

Meredith Neukirchen es designada rectora de una prestigiosa universidad de la Ivy League, lo que la convierte en la primera rectora mujer, lo cual, a pesar del contexto sociocultural de la época, parecería ser un acto de sublevación, con mayor razón tratándose de una universidad del norte de los EEUU. Sin embargo, el contexto sociocultural está enmarcado por una ferviente crisis política, mientras que a nivel de la subjetividad, Merry está inmersa en una crisis emocional derivada de una relación secreta que ha mantenido desde hace tiempo con un colega académico.

El liderazgo de la rectora Neukirchen será objeto de afrentas y amenazas por vicisitudes propias de la vida universitaria, pero sorpresivamente ajenas a la cotidianidad de la vida académica. Pero el mayor desafío tal vez sea el enfrentarse a la presencia sedente y persistente de la mujer de barro, aquel ente que subyace en la memoria a pesar de que el presente quiera mantenerlo hundido en el barro de forma definitiva.

“Debes estar preparada, dijo la mujer.

Preparada no era una palabra que la niña comprendiera. En la voz de la mujer, preparada era una palabra de calma y quietud, como agua reluciente en las marismas junto al río Black Snake que la niña pensaba que parecían las escamas de una serpiente gigante cuando una estaba tan cerca de la serpiente que no podía verla entera”.

El subrayado de la palabra preparada, en los dos primeros párrafos con los que abre la narración, no es gratuito. Profiere una ironía fundamental que funcionará como el centro simbólico del encuentro entre la niña y mujer de barro. Desnuda bajo un camisón de papel, la niña de barro se apea de la razón y de su último reducto de inteligencia para sobrevivir a su condición de casi asesinada.

“¡Mamá! ¡Mamá! La mujer soltó los dedos de la niña y empujó y pateó a la niña por la pronunciada pendiente hasta el barro reluciente de más abajo”. La niña es lanzada por su propia madre para caer junto a una muñeca de goma lanzada previamente por la misma persona. Ahogada en el barro, con movimientos que se deprimen ante la presión del esfuerzo y el peso del abandono, la misma razón e impulso de vivir colocarán a Meredith en una situación conflictiva. Lo que la salvó de morir sepultada bajo el barro, lo que la impulsó a abandonar su sino filicida, con el tiempo la colocaría en una situación de conflicto, una conflagración para acabar con su gestión.

En este momento, caro lector, una obstinada pregunta resuella en el aire: ¿cuál es el precio que una mujer o un hombre tiene qué pagar para tener éxito en pleno siglo XXI? Desde la visión intimista de Meredith Neukirchen, encontramos en la narración distintos elementos característicos de una contemporaneidad compartida: la complejidad de las relaciones interpersonales, la infravaloración de la mujer en puestos directivos a nivel institucional (tanto en el sector público como en el privado), la impronta de la soledad voluntaria, aquella que se confunde en el más abyecto de los prejuicios moralistas con el más frívolo de los estigmas sociales anacrónicos.

Es entonces cuando los discursos de libertad, igualdad, derechos humanos, diversidad, excelencia académica, equidad, democracia, libertad de cátedra, pensamiento crítico y lo que resulte, se confunde en el marisma político y mezquino característico de los entornos del poder. Quizás el barro de 1965 haya sido transferido a la arcilla quimérica del siglo XXI donde, a pesar de tener nueva vida y nuevo nombre, la mujer de barro se ve impelida a afrontar la declinación de su propio ser.

Si como dice Freud, “la meta del tratamiento psicoanalítico es convertir la miseria histérica en una infelicidad humana corriente”, podríamos afirmar que lo que realmente importa no es tener una parte esquizofrénica determinada, una mujer de barro propia, sin importar nuestro sexo, sino lo que hacemos con nuestra mujer de barro, con o a costa de los demás.

El destino manifiesto de los libros de superación personal radica en su obsolescencia para las circunstancias actuales: el concepto de superación personal ya fue superado. Ya hicimos el pack de metafísica 4 en 1, ya fuimos alquimistas, ya se llevaron nuestro queso, ya fuimos perfectas cabronas, ya le dimos caldo de pollo al alma, ya buscamos el secreto y hasta, en plena yuxtaposición genérica, contamos cincuenta sombras en una sodomización masiva inconsolable. La superación personal ha dejado de usarse porque quizás aquello que nos llevó a superarnos retrotraerá con toda la fuerza del destino (o como usted quiera llamarle a ese discurrir circunstancial casuístico implacable, caro lector) a nuestra verdadera condición errante. Si como afirma Joyce Carol Oates, “la pobreza se ha convertido en un recurso natural”, no nos queda más que dialogar con nosotros mismos porque quizás sabernos anormales no es lo peor de todo. Lo verdaderamente relevante será qué rarezas nos acompañan como seres de barro, y cómo nos relacionamos con dichas rarezas: ¿una mujer de barro genial o una rectora patológica?

Joyce Carol Oates encabezó la lista de escritores invitados a la edición 11 del Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende, que se llevó a cabo del 10 al 14 de febrero.

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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