Lo que nunca dijeron los que supuestamente lo dijeron

They never

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 606, del Diario de Querétaro del 17 de abril del 2016.

Hay una frase que un servidor suele utilizar para esgrimir sagacidad retórica cuando la discusión en torno a la libertad de expresión ha llegado a un punto ciego: “detesto lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo”, la cual se atribuye automáticamente a Voltaire.

En el 2012, Jonah Lehrer, periodista de la prestigiosa revista The New Yorker, había obtenido un contrato con la editorial de temas educativos Houghton Miffin, con dos libros: How We Decide (Houghton Miffin Haocourt, 2009) e Imagine: How Creativity Works (Houghton Miffin Harcourt, 2012). El primero era considerado el primer libro que presentaba los más recientes descubrimientos de la neurociencia para ser aplicados en la toma de decisiones de nuestra vida diaria. El segundo era una especie de ensayo en donde Lehrer rompía con el mito de las musas, de los grandes talentos, demostrando que la creatividad no era un regalo divino atribuido a unos cuantos suertudos.

“Es una cosa muy difícil de describir. Se trata solamente de este sentimiento que consiste en tener algo qué decir”, decía Bob Dylan en el primer capítulo de Imagine: How Creativity Works, donde además se abundaba en el proceso creativo del compositor de “Like a rolling stone”.

Suena bien, ¿verdad? Solo que hay un pequeño detalle. Dylan nunca dijo eso.

El 30 de julio del 2012, Michael Moynihan, periodista de la revista Tablet, publicó un reportaje titulado “Jonah Lehrer’s Deceptions” en donde puso de manifiesto el escándalo de plagio en que había incurrido Lehrer: “Le pregunté por siete citas de Bob Dylan, tres de las cuales no aparecían en ningún sitio, al menos en la forma en la que se recogían en el libro; otras tres que incluían partes de citas de Dylan reales, y una que había sido sacada totalmente de contexto”, aseguró Moynihan en una entrevista para la BBC.

Al principio, Lehrer respondió que las citas provenían de una entrevista de archivo suministrada por los representantes de Bob Dylan, algo que nunca ocurrió. Posteriormente, reconoció su mentira: “Fue dicha en un momento de pánico. Las mentiras ahora se terminaron. Entiendo la gravedad de mi postura. Quiero disculparme con todos a los que he decepcionado, especialmente mis editores y lectores”, dijo el periodista. Entre las citas puestas en duda por Moynihan, hay una que apareció en los setenta en un documental. Cuando a Dylan le preguntan sobre sus canciones, responde: “Tan sólo las escribo. No hay un gran mensaje”. En Imagine… , Lehrer añade una tercera oración: “Deja de pedirme que lo explique”, que en realidad nunca aparece en la película.

No bastó su disculpa pública. Además de perder su trabajo en The New Yorker, los libros de Lehrer fueron retirados del mercado a pesar de que Imagine… ya había vendido 200 mil copias. Houghton Mifflin consideró los actos de Lehrer como un abuso grave en contra de la editorial y, sobre todo, en contra de los lectores.

Tanto mi estupenda sagacidad para blofear con Voltaire, como el acto oportunista de Lehrer, caro lector, ambos actos provienen de la arraigadísima costumbre de citar erróneamente o fuera de contexto. El libro titulado They never said it. A book of fake quotes, misquotes and misleading attributions (Oxford University Press, 1990) de Paul F. Boller y John George quizás pueda arrojar algo de luz al respecto. Veamos algunas de las más célebres.

  1. Neil Armstrong: Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad. El 20 de julio de 1969, a las 10:56, el astronauta Neil Armstrong salió del módulo lunar que le había llevado a través de miles de millas de espacio para convertirse en el primer ser humano en pisar la luna. Su sentencia sobre aquel hecho histórico se transmitió en todo el mundo. Pero cuando volvió a la Tierra descubrió que había sido malinterpretado: “Este es un pequeño paso para un hombre,” que había anunciado, “un gran salto para la humanidad”. Pero debido a la estática, la preposición en inglés “a“, había quedado fuera de su discurso, arruinando así el contraste que había hecho entre un hombre (a man) y toda la humanidad. Los periódicos y las agencias de noticias informaron de inmediato la corrección de Armstrong, pero la versión defectuosa sigue circulando.
  2. Galileo: Eppur si muove, traducido del italiando como Y sin embargo se mueve. En realidad no hay evidencia de que Galileo haya susurrado obstinadamente estas desafiantes palabras tras ser obligado por la Inquisición en 1633 a abjurar de su creencia de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Fue un escritor francés, en un libro publicado más de un siglo después de la muerte de Galileo, el que puso las palabras en la boca del gran científico. Pero, sin duda, la anécdota es reconfortante.
  3. Voltaire: No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. Como señalábamos al principio, esta cita atribuida obstinadamente a Voltaire, es una de las más populares entre los defensores acérrimos de la libertad de expresión. Pero Voltaire nunca pronunció estas palabras; y no hay ninguna razón para suponer que alguna vez trató de luchar hasta la muerte de Claude Adrien Helvetius, el filósofo francés en cuyo nombre se supone que han hecho su célebre declaración. La cita original proviene de un libro publicado en 1906 titulado Los Amigos de Voltaire, escrito por S. G. Tallentyre, el seudónimo de Evelyn Beatrice Hall.

De acuerdo con Evelyn Hall, en 1758 Helvetius publicó De L’Esprit (En la Mente), exponiendo la idea de que el egoísmo y las pasiones son los únicos resortes de las acciones humanas y que no hay tales cosas como las virtudes y los vicios. Si bien Voltaire no se impresionó con el libro, las autoridades civiles y eclesiásticas interpretaron la publicación con un agravio, por lo que el libro fue condenado por el Parlamento de París, atacado por el Papa, censurado por la Sorbona, condenado a la quema pública a cargo del verdugo, y su privilegio de publicación revocada.

Con gran angustia, Helvetius insistió en que había escrito De L’Esprit en estado de perfecta inocencia y que no había tenido la más mínima idea del efecto que produciría su publicación. El Parlamento finalmente aceptó su argumento, y tras imponerle una ejemplar multa, le fue retirada la mayordomía que tenía desde hacía años y fue conminado a exiliarse durante dos años en Vorë.

“¡Vaya alboroto por una tortilla!” Voltaire exclamó al oír acerca de la quema de libros. Tomando en cuenta lo anterior, Evelyn Hall optó por adoptarlo en su novela de la siguiente manera: “–No estoy de acuerdo con lo que dices, pero yo defiendo hasta la muerte tu derecho a decirlo– era su actitud ahora. ” De ninguna manera la autora afirma que Voltaire se haya pronunciado de manera oral o por escrito al respecto, simplemente trató de narrar la actitud general de Voltaire, de ahí la explicación que dicha cita la haya puesto entre comillas. Cuestionada al respecto en 1935, explicó: “No tenía intención de dar a entender que Voltaire haya pronunciado al pie de la letra estas palabras”.

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Autor: doctorsimulacro

Periodista, docente e Investigador en Ciencias Sociales y Humanidades

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