Escribe de lo que sabes, decían

LA ESFERA DE RIEMANN

Por Luis Felipe Lomelí

¿Por qué hay tan pocas novelas proletarias en un país tercermundista como éste? Debería de haber, supongo. No como un dogma impuesto a la sazón del realismo comunista, sino como un mero reflejo. ¿No parte la literatura de la realidad? Eso dicen. ¿Cuál es la realidad de México con sus millones de pobres posrevolucionarios?

Imagine que usted es uno de esos profesores de historia –casi de película- apasionado por la literatura y que quisiera compartir a sus alumnos algunas novelas que resumieran la sociedad de cada país en sus principales momentos históricos. Si le tocara hablar del siglo XX colombiano sería sencillo. Más bien, el problema radicaría en escoger sólo unas cuantas de las muchísimas que hay (y donde seguro estarían La vorágine, de José Eustacio Rivera, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez y El olvido que seremos, de Héctor Abad…

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“Luna líquida” de Marta García Renart

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 656, del Diario de Querétaro del 30 de abril del 2017.

Hace once años tuve la oportunidad de entrevistar a la pianista y compositora Marta García Renart (Ciudad de México, 1942), a propósito del estreno de su ópera “Una olla de once orejas” la cual se presentó aquel martes 27 de noviembre del aún cercano 2006. Aquella obra fue posible gracias a que la autora se hizo acreedora al Programa de Apoyo a la Creación Artística en su edición 2006, estímulo otorgado por el desaparecido Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

La ópera se presentó en el Centro Expositor del Hotel Juriquilla, en el marco del Festival Cultural del 300 aniversario de la Hacienda Juriquilla. La dirección, composición musical y los textos corrieron por cuenta de la propia García Renart; la dirección escénica estuvo a cargo de Ana Bertha Cruces. En la ejecución musical estuvieron Mara Tillet en la flauta, José Luis Bautista en el trombón y en la guitarra, Fausto Castelo en el piano, Laura García Renart en las ilustraciones y Fernando Flores en la iluminación.

El jueves 3 de marzo del 2016, bajo los lacónicamente denominados Encuentros Queretanos, se llevó a cabo la presentación de la colección Literatura Portátil que, con el ambicioso e inmediato título Letras de Querétaro, presentó la obra literaria de varios escritores: Baltazar Reséndiz Espíndola, José Luis de la Vega, Andrés Garrido del Toral, José Rafael Blengio Pinto, José Martín Hurtado Gálvez, Tadeus Argüello y Marta García Renart.

En el título de la serie, además de ambicioso e inmediato, se infiere imprecisión y arbitrio porque aborda solamente algunas letras de Querétaro, en su mayoría de la capital queretana, reunidas bajo con la consigna de “ofrecer la posibilidad de nuevos enfoques que ayuden a pensar y analizar nuestra realidad cultural, política y social” según se lee en la nota editorial que abre cada uno de los volúmenes compactos que conforman la colección. Se dice además que la serie “ordena y registra la labor literaria de autores contemporáneos”. Como propósito, en la misma nota del editor, se afirma que “tiene el propósito de abrir a los queretanos otros vínculos culturales con sociedades de diversas latitudes, ampliando su conocimiento mediante el canal de comunicación por excelencia que es la palabra”.

En la misma nota, el editor le otorga a la colección el carácter de coadyuvante para “registrar los aspectos sociales en los que hoy nos desenvolvemos, además de construir elementos que conforman una tradición y una identidad cultural, a través del conocimiento y el goce estético”. Solo al final de la nota, el editor hace referencia a la posibilidad de “ofrecer una muestra representativa de la literatura queretana […] brinda un material de lectura al alcance de las personas, para que ocupe un espacio en sus vidas y hogares”.

El volumen No. 31 de dicha serie corresponde a Luna Líquida de Marta García Renart. Un conjunto de textos que saltan del relato breve (como en el caso de “Caseta telefónica”) a textos con vocación dramatúrgica (“Diego y Angelina”) o poética (“Lunas”, texto que abre el libro). En todos se congrega una intención un tanto azarosa por integrar lirismo, narrativa matizados con esbozos autobiográficos. En algunos casos, como se manifiesta tajantemente en el relato “Dos maneras o la disyuntiva “Y””, se esgrimen postulados ideológicos y políticos que dan cuenta de manera inmediata del perfil político de la autora.

No obstante, aunque la versatilidad de temas, contenidos, referentes y vertientes que se pretenden conjugar en tan pequeño volumen, este trabajo es un intento fallido que antepone una apurada publicación a costa de la imaginación de la autora.

Lo apresurado de la publicación, quizás por descuido o por las prisas, se denota en errores básicos de escritura, como en “Esa primera vez decidiste acurrucarte en la cama, llenando todos los espacio” (sic); en pasajes donde no se sabe si el narrador habla de “media noche” o “medianoche”, para que en líneas adelante, y sin explicación alguna, nos encontremos de pronto en “las primeras luces del día”; o en casos de anfibología, como en “Me tomaste de la mano con una fuerza que sólo te había intuido…”, ¿quién había intuido a la fuerza?, ¿o fue la fuerza misma que había intuido al personaje? Esto ejemplos pertenecen al relato titulado “RG:”.

En el texto titulado “La escuela o el síndrome de Aura”, se advierte desde el mismo título una férrea crítica al sistema educativo de alguna escuela, no es claro si se refiera a una institución en nuestro país. No obstante, desde el párrafo de entrada, por una desafortunada vendetta irónica, la defectiva sintaxis y un error de imprecisión en la información (había sido una alumna brillante durante sus seis años de preparatoria) convierten al texto en un discurso militante que desvía la atención hacia el pretexto o contexto de lo narrativo. La adjetivación con el donaire de la militancia sacrifica lo que bien podría haberse colocado en el ámbito del ensayo narrativo, un tanto al estilo de Vila-Matas, Bolaño o Piglia. El determinismo, la generalización una insistencia aguda por la dicotomía (todo-nada, siempre-jamás) se decantan con suma relatividad desde una efímera intención de señalar, desde un tono cercano al discurso de la palestra ideológico-política: “la sublimación de los poderes del dinero”, por ejemplo.

Si en el texto titulado “El abejorro libando la miel de mis labios o el balbuceo frenético en los pies” la voz narrativa se autoconfiere la virtud de “hacer un texto dentro del realismo mágico (sic), el poderoso y carismático estilo de expresión que tanto he disfrutado en García Márquez o Isabel Allende, en Juan Vicente Melo (que por cierto amé como sólo se puede amar cuando una tiene 14 años y el otro 25) o Alejo Carpentier, José Saramago…”, en menos de tres párrafos la misma voz hace un viraje semántico y cultural: “¿Cómo puedo fantasear cuando yo misma vivo en el surrealismo mágico y en el absurdo más complicado y enredado dentro de lo cotidiano y lo heroico?”.

Esta discrepancia, a veces cultural, semántica, y por momentos moral, cobra mayor fuerza cuando la voz narrativa “exige libertades sin fronteras y que al mismo tiempo anhela solidez ética a prueba de balas”. ¿A prueba de balas? En un país violento, donde la cultura de la muerte ha permeado implacablemente al discurso creativo, uno esperaría algún tipo de desarrollo o epifanía balística. “¿Balas, digo?” ¿Por qué decir balas cuando todo lo bélico me eriza el cuerpo?”. Tras un vericueto moral otras vez militante, la voz narrativa se reserva la respuesta a su propia pregunta.

Con una carga simbólica rica en referencias, afortunadas en las descripciones, pero defectivas por su militancia, la mayoría de los textos de García Renart se extravían en su propio maremágnum de ideas e ideologías. Aunque la voz narrativa es notoria, se delata la grave la presencia de revisión, de una guía, de una edición que oriente hacia una unidad poliédrica, que es acaso lo que demandan los textos.

Por su constitución frágil, este texto delata la vocación de un proyecto editorial de corto alcance, emanado de un proyecto personal más por logros profesionales y de vínculos institucionales que por una convicción honesta por sentar un hito en la producción editorial local, en la Literatura Queretana. Lástima.

 

13 reasons why.

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Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 655, del Diario de Querétaro del 23 de abril del 2017.

13 reasons why (2017) es una serie de Netflix que se estrenó desde el 13 de marzo. Clay Jensen, un estudiante de High School algo tímido, llega de la escuela y se encuentra con un paquete anónimo en la entrada de su casa. Al abrirlo, descubre que se trata de una caja de zapatos en cuyo interior se encuentran siete casetes grabados por Hannah Baker, su compañera de clase que recientemente se suicidó. Las cintas fueron enviadas inicialmente a Tony, un compañero de escuela, con las instrucciones para pasar de un estudiante a otro, en el estilo de una carta en cadena. En las cintas, Hannah acusa a cada una de las doce personas (Clay solo es aludido, no acusado) la forma en que cada una jugó un papel determinante en su suicidio, dando trece razones para explicar por qué se quitó la vida.

Desde su transmisión, las posturas en torno a la serie se han polarizado: desde quienes la consideran una serie que refleja desde una perspectiva distinta el fenómeno del bullying, hasta quienes la toman como un drama adolescente sobrevalorado plagiado de estereotipos. No obstante, las posturas, se observa una tendencia por asociar la ficción con la realidad no como una discusión crítica del programa, sino como una falaz y riesgosa interpretación de la realidad. Veamos.

En la serie las amplias y equipadas instalaciones, la importancia del deporte y las actividades artísticas, el ambiente de porristas, el estrato socioeconómico medio-alto, el tipo de convivencia, la búsqueda del ser popular… discrepan profundamente con la mayoría de las escuelas de nuestro país. En nuestras escuelas tenemos graves deficiencias de convivencias escolar, oferta y rendimiento académicos, deserción, adicciones y violencia. De acuerdo a información del INEE, cerca de 600 mil estudiantes de bachillerato abandonan la escuela cada año. Es decir, en nuestro país cada hora 68 estudiantes abandonan la preparatoria[i].

Hanna Baker, el debut protagónico de Katherine Langford, es un personaje predecible, centrado en clichés de adolescentes norteamericanos, errático y frívolo. Es adolescente común, hija única con padres cariñosos y presentes, que no presenta evidencias de manifestar algún tipo de trastorno de personalidad, susceptible a situaciones a las que cualquier chico de la escuela podría estar expuesto. No obstante, decide suicidarse cortándose las venas en la tina de baño de su casa. ¿Por qué asiste a la fiesta en la casa de Bryce, su compañero traficante y adicto que días antes le había agarrado el trasero? ¿Por qué no denunció la violación con el mismo tesón con el que denunció la caída de la señal de Alto?

En nuestro país, las mujeres adolescentes de 15 a 21 años enfrentan situaciones un tanto divergentes a Hanna, tales como acoso, violencia física y verbal, desaparición, abuso sexual y psicológico y feminicidio, y tal parece que no hay interés ni capacidad institucional para detener esto. Por ejemplo, la desaparición de mujeres adolescentes en México está relacionada con grupos criminales vinculados a la trata de personas con fines de explotación sexual comercial; y va en aumento, reporta la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim). Las zonas más afectadas por estas desapariciones son la frontera norte y el centro del país. Tan sólo en cuatro años, de los 57 casos registrados en 2010 se pasó a 612 casos para 2014, lo que representa un aumento de 974 por ciento, informó el director de la Redim, Juan Martín Pérez García[ii].

Asimismo, en México, cada año nacen 397 mil 428 bebés cuyas madres son menores de edad, de acuerdo al Instituto Nacional de Perinatología. La causa, en la mayoría de los casos, es por falta de acceso a anticonceptivos y violaciones[iii].

En secundarias y preparatorias mexicanas el 20% de los estudiantes reconoce varias veces al mes haber sido víctima de abuso, burlas, rumores desagradables, empujones, golpes, de manera sistemática. No recurriré al eufemismo anglosajón bullying para referirme a la violencia de la que muchos fuimos víctimas. Ésta afecta directamente a las calificaciones: los que lo sufren obtienen peores notas, concluye un informe elaborado por la OCDE. México se encuentra entre los países donde la violencia escolar es más frecuente. Y sus resultados académicos en el estudio PISA no mejoran desde hace 15 años. ¿A quién le importa?

Un día, la actriz y cantante Selena Gómez terminó de leer 13 reasons why de Jay Asher (Editorial Ámbar, 2007). Desde entonces se mostró interesada en llevar el libro a la televisión. Por cuestiones de agenda y edad, Gómez no pudo ser la protagonista por lo que puso en manos de Netflix la idea, siendo ella la productora ejecutiva. El negocio resultó un éxito porque el público adolescente generalmente suele ser una gran inversión: 3 millones de espectadores en la primera semana. Ya se especula acerca de la segunda temporada.

Es abyecto pensar que la serie es “buena” por los dos últimos capítulos. Se argumenta que la serie aborda temas intocados. Twin Peaks (David Lynch, 1990) o Irreversible (Gaspar Noé, 2002) que, por cierto, solamente se exhibió un miércoles en Querétaro, ya que fue censurada de inmediato, son ejemplos en donde ya se han tratado los temas de suicidio adolescente y violación. Más abyecto aún afirmar que es “buena” por las escenas de violación y suicidio, colocando a la ficción en función del morbo.

Es lamentable que el tema del suicido se relativice a partir de una serie de ficción. He leído opiniones, alentadas por el donaire de las redes sociales, que suscriben los argumentos de Hanna para cometer suicidio acusando a sus compañeros y maestros en trece grabaciones, rayando incluso en la apología del suicidio.

El efecto Werther toma su nombre de la novela Las penas del joven Werther (Austral, 2010) de Johann Wolfgang von Goethe, publicada originalmente en 1774. En la novela, el protagonista sufre por amor hasta tal punto que acaba por quitarse la vida. Fue muy popular entre los jóvenes de la época, muchos de ellos llegaron incluso a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista. David Phillips, sociólogo que acuñó el término en 1974, elaboró un estudio entre 1947 y 1968 que demostró que el número de suicidios se incrementaba en todo Estados Unidos al mes siguiente de que el New York Times publicara en portada alguna noticia relacionada con un suicidio.

Realidad mata ficción y es imperativo no confundirlas. Varias asociaciones especializadas en salud mental han denunciado acerca de que la serie podría promover el suicidio entre los adolescentes. Kristen Douglas, responsable de la asociación australiana Headspace, considera que la ficción basada en la novela de Jay Ashe expone a los espectadores al riesgo de suicidio. La exposición al suicidio conduce al contagio de este tipo de actitudes[iv].

Por cierto, ¿A quién le importa el suicidio adolescente en Querétaro?

[i] Moreno, T. “INEE: 68 estudiantes dejan la prepa cada hora”. El Universal, 20 de abril del 2017.

[ii] “Aumenta desaparición de mujeres adolescentes en México”. Los Angeles Press, 2 de marzo del 2017.

[iii] Valadez, B. “En México cada día se embarazan 24 niñas”. Milenio Diario, 2 de junio del 2016.

[iv] “Denuncian que Por 13 razones puede incitar al suicidio adolescente”. ABC España, 19 de abril del 2017.

13 reasons why: la música

“Love will tear us apart” de Joy Division.

“Young & Unafraid” de The Moth & The Flame.

“Run Boy Run” de Woodkid.

“The only boy awake” de Meadows.

“Cowards Starve” de Protomartyr.

“Into the black” de Chromatics.

Pero, la versión original es “Hey Hey, My My” de Neil Young & Crazy Horse.

“Fascination Street” de The Cure.

“Skeletons” de Jr Jr.

“Everything always” de Ctznshp.

Una de mis favoritas: “The night we met” de Lord Huron.

“Living in fiction” de Icky Blossoms.

“Amused” de HUNGER.

“Hollow visions” de Eagulls.

“Cinnamon” de Cullen Omori.

“Thirteen” de Elliot Smith.

“It all feels right” de Washed Out.

“The great longing” de LUH.

“In a black out” de Hamilton Leithauser.

“Homestory” de Jenny Zylka (no disponible).

“The Strangers” de la maravillosa St. Vincent.

“The walls came down” de The Call.

“Darklands” de The Jesus and Mary Chain. ¡Estupendo grupo!

“Bye, bye, bye” de School of Seven Bells.

“My life in rewind” de Eagulls.

“24” de Sleigh Bells.

“Elegy to the void” de Beach House.

“Atmosphere” de Codeine.

“The stand” de The Alarm.

“Red song” de Suuns.

“A 1000 times” Hamilton Leithauser.

“Talking with strangers” de Miya Folick.

Continuará…

¿Influencia o plagio? Ha*Ash y Heart

Ha*Ash. Grupo musical conformado por las hermanas Hanna Nicole y Ashley Grace Pérez Mosa que, aunque nacieron en Lousiana, han hecho su carrera en México.

Heart. Grupo musical conformado por las hermanas Ann y Nancy Wilson, nacidas en Seattle, y que hicieron su carrera en Estados Unidos.

Ambas bandas tienen nombres son monosilábicos que inician con “H”. El primero es un acrónimo; el segundo un sustantivo. Ambas están conformadas por hermanas. Ha*Ash antepone su imagen a la música, basta ver la transformación de la imagen a lo largo de su trayectoria. Heart ponen a la música antes y después de ellas mismas. Las Heart tienen talento; las Ha*Ash no.

La memoria de las cosas.

Publicado originalmente en el suplemento cultural Barroco número 654, del Diario de Querétaro del 16 de abril del 2017.

Los gabinetes de curiosidades, también conocidos como cuartos de maravillas, eran espacios en los que durante la época de las grandes exploraciones y descubrimientos del siglo XVI y XVII, se coleccionaban y exponían gran cantidad de objetos raros y extraños que representan todos o alguno de los tres reinos de la naturaleza de acuerdo a como se entendían y acuñaban en la época: animalia, vegetalia y mineralia, además de las realizaciones humanas. Los cuartos de maravillas son los antecesores directos de los museos modernos.

Es precisamente bajo la premisa de los gabinetes de curiosidades que la poeta Gabriela Jáuregui (Ciudad de México, 1979) construye su primer libro de relatos: La memoria de las cosas (Sexto Piso, 2015), un conjunto de 19 cuentos cortos diseminados en cuatro apartados: Vegetalia, Mineralia, Animalia y Artificialia.

A lo largo de la narrativa, se puede advertir la recurrencia a distintos tonos y voces narrativas que se adhieren a una innegable vocación poética, tanto por la proclividad a la creación de imágenes como en la manera en la que las palabras se van estructurando.

Es precisamente en la construcción de la estructura del lenguaje a través de la cual Jáuregui se permite establecer juegos de palabras que para algunos resultará en guiño poético, mientras que para otros se reducirá a imágenes cacofónicas. Por ejemplo, en el cuento “Pera cocodrilo”: “Huevo, esfera, pera. Fruto mantequilla. Maravilla. Oro verde. Cojones huevos testículos. Fruto afrodisiaco de semilla única” (página 15). O en “Esferas a la esfera, peras esperando, dejan de soñar”, (página 19).

Pero ese juego de palabras incita a la especulación del lenguaje, puesto en perspectiva con nuestras lenguas prehispánicas, no con afán de reconquistar el lenguaje, sino con la intención de que las palabras cobren un sentido y un significado cosmogónico. De esta manera, los aguacates formados y emparentados metafóricamente con los testículos, tienen su punto de encuentro en la palabra nahua ahuacatl o auacatl: especie de drupa llamada aguacate, fruto del árbol del mismo nombre. Testículo. En nuestra antigüedad, a los testículos se les llamaba aguacate, la prueba que da testimonio de la sexualidad del niño. Esa misma raíz (test-) la aportan las palabras testimonio, testigo, testamento…

En este sentido, Jáuregui coloca sus relatos en un epígono literario que encuentra la narrativa cosmogónica, la vocación poética y el estructuralismo lingüística, a veces demasiado academicista, lo cual puede significar un desafío para el lector o un goce estético para el autor.

“Estrategia de supervivencia” y “Follaje” se presentan intercalados como dos ejercicios de microficción contundentes y elocuentes que acaso salieron por algún reducto olvidado del gabinete.

La redundancia es un recurso al que la autora se acerca con insistencia que, si bien fortalece a la imagen de la curiosidad que está siendo construida, no aporta lo suficiente al retrato o relato que se está narrando:

“Sus interacciones eran codependientes. Siempre fueron codependientes. Por eso era adaptable. Se adaptaba fácilmente […] Hermoseaba. Era hermosa, bella. Su belleza era perenne y algunos la llamaban exótica. Era tan exótica, pero tan local a la vez. Dulce, fragante, elegante. Sí, elegante sería lo más preciso”.

Por momentos, esta redundancia sorprende al lector implicado en reiteraciones sensoriales en pleno afán de exploración: “Y verde. Sí: púrpura y verde, sobre todo. Y los volantes. Volantes y más volantes, velos, velamen, holanes”.

El cuento “Citlalli” es en el que Jáuregui coloca todos sus recursos narrativos en una especie de constelación simbólica, un universo inacabado que funge como punto de encuentro para la cosmogonía del gabinete.

Citlalli es un nombre personal femenino de origen náhuatl cuyo significado es “estrella”. También se suele escribir como Citlalí o Citlalin. Su forma reverencial es Citlaltzin. Etimológicamente significa estrella del amanecer, estrella nueva y venus como estrella que marca el amanecer. Citlaltépetl (cerro de la estrella) puede referirse al volcán Pico de Orizaba, en Veracruz, o al propio Cerro de la Estrella de Iztapalapa.

Es desde la relación de estos referentes simbólicos y semióticos que la autora construye el relato de una mujer cosmogónica, un arquetipo que se debate en el choque cultural que representa el presente y el pasado, la noción de universo y el erotismo de Venus: “El silencio. Es como si esta masa mojada que soy se extendiera, se esparciera hasta volverse nada. Inútil. Cuando la ciudad duerme, cuando todo está en silencio, me siento inútil. Sólo me queda esta idea, este silencio que es amar al hombre que duerme profundamente al lado mío. Su calor. Sus manos anchas”.

En “Diamante recuerdo”, Jáuregui juega con los recursos y cuenta seis historias distintas a partir de los servicios que ofrece la empresa DeBeers: transformar las cenizas del difunto en diamante. La mujer besando a su hombre a través del anillo. Los tres amigos geeks que deciden hacer un diamante con los restos de Daniela, una especie de ritual en torno al mundo de los cómics. La mujer que hace un diamante con los restos de Fifi, su perra fiel por más de quince años. El diamante hecho con el reticente profesor de Ciencias Políticas.

Y el diamante hecho con los restos de Tiffany, a son de “Diamonds are Forever” de Shirley Bassey, canción utilizada en una de las películas más emblemáticas de James Bond.

Interesante resulta también “Autobiografía”, más por su vinculación con significados (el lector deberá de investigar un poco) que por su postulación política que al final redunda en cliché cursi. En este cuento donde la imagen de Dimitri Beliáyev (escrito en el libro como Dmitri Belyaev), de Friedrich Nietzsche y de Grayatri Chakravorty Spivak (insisto, si quiere enterarse de qué va el cuento el lector deberá de investigar un poco) desvelan más quien está antes de la pluma que lo está escrito por esa pluma. Este cuento, ergo, se pierde en un halo academicista.

Extraña que, al ser escrito por alguien que se ostenta como obsesionada por el lenguaje, La memoria de las cosas presente errores de sintaxis por triste omisión o negligente descuido, al menos en el uso de vocativos: “Todo tuyo Iñaki, ¡a trabajar!” o “Pero sin embargo”, entre varios que se filtraron por el mismo reducto de donde salieron los dos microrrelatos citados supra.

Pudo haber sido un cuarto de maravillas. Jáuregui, fundadora de la editorial Sur+ con sede en Oaxaca, ha decidido que su primer libro de relatos sea solo un gabinete curioso de curiosidades.